El Tiempo De La Rabia, de Mati Morata.

Algunas vidas militan en la rebeldía, otras en la conformidad y la mayoría en la indiferencia de quienes las rodean. Cecilia, la protagonista de El tiempo de la rabia, es una mujer como cualquiera, que nunca fue importante para nadie; con una madre de quien solo recuerda su ausencia, un padre que apenas la advertía y un marido centrado en su propia ambición profesional. Un día, camino a su casa, tropieza en la calle y cae al suelo. Cuando se levanta, siente una leve presencia sobre su hombro: una hormiga que, a partir de ese momento, será una especie de interlocutora crítica que la acompañará a través de toda la historia.

Así arranca esta novela, un relato introspectivo e intimista, en el que se entreteje magistralmente una trama no carente de intriga y suspense, que enlaza dos épocas: los primeros años de la posguerra española, cuando Lisardo, el abuelo de Cecilia, sobrevive a la masacre de la carretera Málaga-Almería en la llamada Desbandá y se refugia en las montañas, y la época actual, en la que ella, una trabajadora social de cincuenta y dos años, desarrolla su tesis sobre el abuso sexual a mujeres con discapacidad, mientras lidia con las ruinas de su matrimonio.

La escritura de Mati Morata tiene el don de la sutileza; logra mover a sus personajes con leves y casi imperceptibles desplazamientos hasta situarlos en los límites de un abismo intencionado. Y es también capaz de crear la imagen plástica de las situaciones en las que se recrea, del enfrentamiento con el pasado turbio de los otros y de ese rasgo de escepticismo ante las situaciones de la vida. Con una fluida narrativa de connotaciones subjetivas consigue consolidar un estilo y una personalidad literaria que nos descubren a una gran escritora moderna y culta.

Mati Morata. Andaluza de nacimiento, ha vivido en varias ciudades y reside actualmente en Madrid. Ha estudiado Magisterio en Málaga y realizado estudios incompletos tan diversos como Historia del Arte, Periodismo o Medio Ambiente.

Compagina su trabajo como funcionaria de la Administración Pública con la escritura de relatos, poesía, guiones y artículos de prensa.

Su primera novela, La seducción de la sal, publicada en 2011, narra la huida de una protagonista sin nombre.

La actividad creativa la ha llevado a la realización de dos documentales: Lo que tus ojos no ven y Down on me, ambos de temática social.

Prólogo a una
novela esperada

 

Mati quería vivir en Madrid para escribir una novela. Cerca del Retiro, por Doctor Esquerdo, imaginando cuál sería la casa donde vivía el autor de la segunda muerte de Ramón Mercader, aquel que visitaría a los Ferlosio y se citaría con la militancia clandestina por los bares de la plaza Manuel Becerra, antes plaza de Roma. Vivir en Madrid para luchar contra Franco en los cincuenta habría tenido el vértigo de las reuniones clandestinas de la calle Castelló o de las terrazas de los bares cercanos, en las que se alargaban las tardes. Todo hasta el 64, año en el que las propuestas de Claudín fracasaron en el Comité Central y ya no hubo más reuniones, ni tanto miedo a las «caídas».

En ese Madrid pálido y pajizo de ideología abultada, ella no estuvo, pero sí en los ochenta, cuando se matriculó en Periodismo y pasaba las noches en Malasaña o en los locales de culto del movimiento punk. Con seguridad coincidió con Almodóvar, con Alaska o con Moncho Alpuente, a quien conoció mucho después, cuando ya había pasado toda la movida y las vidas en Madrid eran como son ahora, como la de Cecilia, su protagonista.

Algunas vidas militan en la rebeldía, otras en la conformidad y la mayoría en la indiferencia de quienes las rodean. La protagonista de El tiempo de la rabia es una mujer como cualquiera, que nunca fue importante para nadie. Con una madre de quien no recuerda otra cosa que su ausencia, un padre que apenas la advertía y un marido centrado en su propia ambición profesional.

La mentira nunca es intencional, se hace inevitable frente al miedo, a la cobardía para confesar o a la escasez de comprensión. Pero tiene el efecto de la podredumbre y corroe los sentimientos hasta dejarlos desnudos. Y no hay reparación a la decepción de la mentira, no pasa el estupor de la noticia ni cabe resignificación cuando se intenta la justificación o el convencimiento. El «acontecimiento» de la mentira forma una fina tela de opacidad que ni siquiera el arrepentimiento sincero desvelaría. ¿Cómo llegar a confiar después de la decepción? Una hormiga posmoderna y estrafalaria no le recomendaría el perdón, sino la venganza, una traición tejida y estudiada en los márgenes a los que la protagonista se ve abocada.

Pero la hormiga no es la que sufre, su posmodernidad la deja moverse en la líquida gravidez de la indecisión, siempre aventajada en las respuestas, porque nunca pone su vida en ellas. La protagonista de este libro, sin embargo, siente haber sabido la verdad a través de la escritura de una madrastra que desempolva escopetas escondidas en los pozos hondos de Guazamara, después de la muerte y el expolio. Una guerra como todas las guerras, con final de sangre seca y desaliento.

La literatura de Mati Morata recuerda a Soledad Puértolas por la sutileza, la manera en que mueve a sus personajes con leves y casi imperceptibles desplazamientos hasta situarlos en los límites de un abismo intencionado. Pero también a las grandes como Marguerite Duras en lo que tiene de visual, de crear la imagen plástica de las situaciones en las que se recrea, del enfrentamiento con el pasado turbio de los otros y de ese rasgo de escepticismo ante las situaciones de la vida.

Destaco esa potencia visual que sobresale de su escritura: «Las naranjas corren y saltan a trompicones por las escaleras de la estación de metro de la Latina». O la fuerza de su poesía por lo general despiadada: «Hay versos que resbalan como vestidos desabrochados en la soledad de Hooper». Una poesía que la autora entrelaza en los textos con la dosis justa y con indudable oficio.

En La seducción de la sal, primera obra de Mati Morata, su literatura adelantaba a una escritora posmoderna, urbanista y de estructura narrativa flexible. Ahora, en El tiempo de la rabia, la escritora nos muestra una obra de madurez intelectual, con una fluida narrativa de connotaciones subjetivas, personajes intencionadamente mediocres que reflejan una sociedad carente de significantes, que se mueve en el vacío y las corrupciones. Y consolida un estilo y personalidad literaria propios que nos descubren a una gran escritora moderna y culta.

 

María Luisa Balaguer

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