El 31 de octubre se cumple un año del fallecimiento de Javier Reverte, uno de los escritores españoles más queridos y admirados.

Queridos camaradas, sus memorias, es una carta de despedida emocionante y lúcida, crítica y jocosa que nos acerca al Reverte más íntimo. Un libro imprescindible para recordar a un escritor inolvidable.

Cuando se cumple un año del fallecimiento de uno de los escritores españoles más queridos y admirados, no hay mejor forma de volver a disfrutarle y de recordarle que recurriendo a sus propias palabras.

Queridos camaradas es a un tiempo un libro de memorias lleno de sagacidad y calidez, un testimonio de los profundos cambios históricos políticos, sociales y culturales que ha atravesado España desde los años 40 hasta el presente, una declaración de amor al periodismo, la escritura y los viajes, y un ajuste de cuentas, siempre elegante y socarrón, con individuos carentes de estatura moral.

Tan solo unos días antes de poner rumbo a su última travesía el 31 de octubre de 2020, Javier Reverte entregaba a sus editores estas páginas en las que había trabajado los últimos quince años, reuniendo en ellas recuerdos y reflexiones sobre sus grandes pasiones, resumibles en exprimir al máximo la existencia acumulando kilómetros en las suelas y escribiendo sin descanso para explicar el mundo y entenderse mejor a sí mismo.

Estamos ante una memoria feliz y luminosa que arranca en la infancia, «verdadera patria del hombre» en palabras de su idolatrado Rilke; recorre sus años de juventud, en los que nació su compromiso con la política y el periodismo; su etapa como corresponsal, en la que cubrió conflictos como el irlandés o la guerra de Bosnia y su descubrimiento de África, el continente que le abrió para siempre el camino de la literatura y la aventura.

Sin duda, un testimonio imprescindible de un escritor inolvidable como era Javier Reverte.

Escrito a lo largo de un amplio período de tiempo –entre 2005 y 2020–, ajeno pues a las prisas y a la inmediatez, impelido por la necesi-dad de echar la vista atrás con serenidad y profundidad, Queridos camaradas consta de cuatro bloques –Infancia, Adolescencia, Juventud, Madurez y Vejez– pero lo que lo hace tan especial es que su autor conserva en todo momento la mirada de asombro, la ternura y la inocencia del niño. Preservando los valores puros de la infancia, aquellos condenados a diluirse en la acritud y el descreimiento que trae el paso de los años, Reverte mantiene una larga conversación consigo mismo en las que su yo anciano revisa su vida con la frescura, los intereses y los códigos del chaval que un día fue. A diferencia de tantos otros textos memorialísticos que recapitulan desde la mirada adulta o incluso senil, el escritor lo aborda a la inversa: es el niño quien examina las acciones y elecciones del adulto. Si la vida no es ilusión, ganas de aventura, sed de conocimiento, fidelidad a los amigos, lealtad a unos principios, risas… todos esos vectores que nos impulsan en nuestros primeros pasos por este mundo, ¿qué sentido tiene nada?

 

CLAVES

Con su estilo tan meticuloso como cercano, su alergia a cualquier muestra de solemnidad y esa ironía tan sutil que lo caracterizaba, el autor de El sueño de África consigue que su apasionante biografía trascienda lo meramente personal para radiografiar a todo un país, desde la posguerra hasta la pandemia, con frecuencia rescatando del olvido a figuras claves de nuestra historia política, social y cultural, otras desvelando facetas nada complacientes de grandes nombres («Es probable que esta suerte de autobiografía se publique cuando yo ya haya dejado este mundo. Pero no he querido aprovechar la ocasión para hacer daño a quien no lo merezca sobradamente»).

Al cerrar el libro, los que tuvieron la fortuna de conocerlo y los miles de lectores que disfrutaron de su obra habrán tenido la sensación de contar con una última, gozosa e inmejorable oportunidad de (re)confirmar que Javier Reverte fue un tipo extraordinario, capaz de vivir conforme a lo que imaginó de niño y que, incluso en los peores momentos de su vida personal y profesional, se negó a bajar la cabeza y encontró el modo de seguir fiel a sus ideas, de luchar por lo que creía justo, de perseguir sus sueños y de comerse la vida a bocados.

 

GRANDES TEMAS

Magia en la España triste

La infancia y la adolescencia del escritor transcurren en los deprimentes años de la posguerra y del afianzamiento de la dictadura franquista pero, en medio de la miseria y la grisura generalizadas, también son tiempos de descubrimientos infinitos, de las primeras amistades, de los veranos eternos, de jugar en la calle, del interés por el otro sexo… Una etapa llena de obstáculos –cambios de colegio frecuentes, aversión a la religión por los curas dados a castigos físicos, rechazo a cualquier forma de disciplina…– pero a un tiempo mágica que moldea a la persona en los valores e intereses que lo acompañarán a lo largo de toda su existencia.

Periodismo

Junto con la escritura y los viajes, no cabe duda de que el periodismo fue el tercer gran amor de Javier Reverte. Perteneciente a una saga de periodistas, él mismo tuvo una dilatada y riquísima trayectoria en diversos medios –ejerció nada menos que de redactor, columnista, editorialista, cronista, entrevistador, reportero, corresponsal en el extranjero, enviado especial, redactor-jefe de mesa y subdirector–, una faceta que quedó algo eclipsada, en las últimas décadas, por su enorme éxito como escritor. Más allá de su sobrada valía para la profesión, formó parte de una generación que se enfrentó a retos y cambios mayúsculos al vivir la Transición: de la censura franquista a la libertad de prensa, la eclosión de un nuevo paradigma informativo, el nacimiento de un nuevo establishment periodístico y el contacto personal con los grandes personajes y acontecimientos de su época: Suárez, Carrillo, Juan Carlos I…

Política

Impulsado por sus firmes convicciones izquierdistas, Reverte se afilió al Partido Comunista a mediados de los 70, aunque, si lo pienso bien ahora, yo me sentía más socialdemócrata que otra cosa; pero el PCE tenía mucho de aventura, de romanticismo.» Con todo, la política fue siempre una fuente de frustración y desengaño, que tuvo su colofón en un tan breve como amargo paso por el PAD (Partido de Acción Democrática) que presidió Fernández Ordoñez. No era el lugar idóneo desde el que cambiar el mundo ni para alguien que se identificaba con el personaje cinematográfico del indio loco y solitario de las praderas.

Viajes, literatura y madurez

En el último bloque del libro encontramos a un Javier Reverte que, tras las inevitables decepciones personales y profesionales, se aparta de aquellos círculos y ambientes que le han hecho sentir que perdía el tiempo para arrojarse por completo en brazos de sus mayores fuentes de placer y felicidad, léase los viajes y la escritura. Las dudas de si proseguir con su carrera literaria al sentir que no puede conectar con el gran público y desagradarle las capillitas que vertebran el ecosistema literario español, quedan disipadas con El sueño de África –que a día de hoy acumula más de un cuarto de millón de ejemplares vendidos pese a que sufrió el rechazo inicial de hasta seis editoriales–, título que supone un gran éxito de ventas y crítica, marcando el despegue definitivo de su trayectoria. En paralelo, continúa viajando sin descanso –y reflejándolo a posteriori sobre el papel– bajo el influjo del mandato de Charles Baudelaire, «Vámonos a alguna parte, con tal de que sea lejos de aquí», lo que le permite mantener en renovación perpetua una de las emociones más intensas y gratificantes que he experimentado en mi existencia es sentirme extranjero.» Y así desembocamos en una vejez inquieta y sabia (aunque él, en su humildad, no habría acepta-do este último término), hambrienta de vivencias hasta el último suspiro y capaz de dejarnos consejos impagables.

 

AUTORRETRATO EN DIEZ MÁXIMAS

«Yo soy, en una parte de mí, hijo de los mitos griegos y del wéstern, que no es más que la forma de expresión de la última de las grandes mitologías.»

«De modo que tengo ancestros castellanos, levantinos, bretones y genoveses, además de algunas gotas de sangre andaluza y riojana. Soy, pues, un «mil leches» madrileño; en suma, una especie de perro callejero. Eso significa que poseo sobradas razones para sentirme indiferente ante el nacionalismo.»

«Hace poco, en una entrevista de esas que están de moda, con cuestiones a quemarropa que debes contestar a bocajarro, me preguntaron qué era yo antes de viajar. Y de inmediato respondí: “Un idiota”.»

«El periodismo me interesaba muy poco. Yo lo que quería era cambiar el mundo…, aunque el mundo no quisiera que lo cambiaran. Y así me fue.»

«Sé bien que someterse a la pasión suele ser una equivocación que, a menudo, te lleva al desastre. Pero negarse a ella es un error irremediable, porque envilece el alma.»

«Siempre me ha caído bien la gente algo disparatada y, desde luego, la que se sale de lo común. Y siempre he admirado a los inteligentes que no eran soberbios ni petulantes, pues estos últimos desperdician su talento.»

«Comparto la definición que sobre la Iglesia hizo Stanislaus Joyce, el hermano del autor del Ulises, James Joyce: «Una confederación de solteros libidinosos.»

«Quienes afirman que Messi es el mejor jugador de la historia es que no vieron a Di Stéfano.»

«La Odisea ha sido casi una guía intelectual en mi vida.»

«Yo no era ni soy monárquico. Si no creo en Dios, ¿cómo ser vasallo de un monarca? Pero de haberlo sido, conocer de cerca a Juan Carlos I me hubiera quitado la fe en la institución para siempre.»

Javier Reverte. Autor de una extensa obra, Javier Reverte (Madrid, 1944-2020) cultivó la poesía, la biografía, la novela y, en especial, la literatura de viajes, de la que sin duda fue el autor más destacado de las letras españolas. Entre sus obras de este último género, hay que resaltar las que tratan de sus periplos africanos, que comenzaron con El sueño de África (1996), un texto que no ha cesado de reeditarse desde entonces y que ha vendido más de un cuarto de millón de ejemplares. Otras narraciones viajeras incluyen sus navegaciones por tierras y mares polares, por ríos como el Amazonas y el Yukón, por países como Irlanda, China, Argelia y Grecia, así como diarios de sus largas estancias en Roma y Nueva York. En su narrativa, destaca la Trilogía Trágica de España (Banderas en la niebla, El tiempo de los héroes y Venga a nosotros tu reino), novelas centradas en la guerra civil y en los primeros años del franquismo. Su último poemario lleva por título Hablo de amor entre fantasmas.

*Contenido original proporcionado por la editorial Plaza & Janés 

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