Cómo hemos cambiado: La transformación de España a través de la cultura pop
de Juan Sanguino

Publicación: 6 octubre 2020
Editorial: PENINSULA
Páginas: 320
ISBN: 978-8499429434

Biografía del autor

Juan Sanguino es periodista, conocido sobre todo por sus artículos sobre cultura popular en el diario El País, donde ha abordado desde el #Metoo hasta el festival de Eurovisión, pasando por el mundo del cine y Operación Triunfo. Colabora también con Vanity Fair y Icon, y es autor del libro Generación Titanic.

Sinopsis:

Si en algún momento de tu infancia viste a Sabrina salírsele un pezón en la televisión pública, tu adolescencia quedó atravesada por el crimen de Alcàsser, creaste tu primer alias para abrir una cuenta en el Messenger y recuerdas que Shakira una vez fue morena, necesitas leer este libro. Aunque también deberías leerlo si no recuerdas nada de todo eso. Porque en él, y a partir de algunos de los hitos de la cultura pop de las últimas décadas en España —de Ally McBeal a Operación Triunfo, pasando por la historia de Ricky Martin, el perro y la mermelada—, Juan Sanguino disecciona el aterrizaje forzoso en el primer mundo de un país que hace treinta años aún no había perdido del todo la inocencia. Kim Kardashian y su revolucionaria concepción de la fama como fin en sí misma, el auge de lo friki que representan éxitos como Harry Potter o la irrupción en la vida pública de la clase media —con fenómenos como Gran Hermano, Belén Esteban o incluso Letizia Ortiz— son algunos de los temas que aborda esta crónica, en ocasiones nostálgica y a menudo descacharrante, de la inserción de España en la cultura popular contemporánea, y de cómo ese proceso ha llevado a este país a la modernidad y nos ha convertido, a todos, en lo que hoy somos.

EXTRACTOS DE LA OBRA

«Si le preguntas a tus padres por historias de su pasado, su relato no tendrá una banda sonora tan extensa como el tuyo. Es probable que recuerden personas, objetos, lugares y olores. Sin embargo, si le preguntas por sus recuerdos a cualquiera nacido después de 1960, su descripción estará completamente mediatizada: cada persona importante está vinculada a una canción, cada etapa de su maduración está subrayada por una película, cada revelación acerca del mundo le asaltó mientras miraba la televisión. Las personas menores de sesenta años han consumido mucha más cultura pop que sus padres (tanto por el aumento en el volumen de producción como por los avances de la tecnología y la situación socioeconómica de la clase media), pero además la han consumido con una actitud más sentimental, hasta el punto de que a veces piensas en tu infancia y parece que lo único que recuerdas de ella son tus referentes de la cultura pop.»

DAVID BECKHAM REEMPLAZÓ A DIOS

«[…] Beckham estaba viendo la tele con su compañero Gary Neville y, cuando pusieron el videoclip de Say You’ll Be There, de las Spice Girls, señaló a Victoria Adams y exclamó: «¡Voy a casarme con esa chica!». En 1999 cumplió su profecía, mientras atravesaba el punto más bajo de su carrera […]. Así que necesitaba reinventar su imagen: en su boda David y Victoria vistieron trajes morados a juego, se sentaron en tronos dorados y así, con Lady Di muerta, los Beckham se autocoronaron como los nuevos herederos del título de príncipes del pueblo.»

«David y Victoria eran embajadores de los dos últimos bastiones culturales que le quedaban al Imperio británico: el fútbol y la música pop. Juntos valían más que la suma de sus partes por separado, y las cualidades de uno sobrecompensaban las carencias del otro. Él era, según la siempre clasista prensa inglesa, un paleto sin estudios del barrio más pobre del este de Londres. Ella era literalmente la Spice pija. Pero el público la percibía como una gárgola estirada y antipática, de modo que su anexión a David Beckham (un chaval de sencillez bonachona, sonrisa afable y nobles valores deportivos) aportaba carisma a Victoria.»

«Beckham inauguró un espacio común entre hombres y mujeres, entre heteros y gays, y animó a todo el mundo a acompañarlo. Su heterosexualidad estaba fuera de toda duda (Victoria y él nunca parecían dejar de tener hijos) y precisamente por eso presumía de que podía permitirse ponerse las bragas de su mujer y pintarse las uñas. Era uno de los hombres más ricos del mundo, pero no por eso iba a renunciar a tatuarse la mitad superior del cuerpo entera y con una imaginería que, hasta que Beckham la puso de moda, solo se tatuaban los macarras: llevaba los nombres de sus hijos tatuados con letras góticas; el de su mujer, en sánscrito porque a ella le parecía una horterada (con tan mala suerte que se lo deletrearon mal y pone “Vihctoria”), y en la espalda, un enorme ángel con abdominales, que quizá fuese como David Beckham se veía a sí mismo. Él se convirtió en un anuncio andante de que los hombres no tenían por qué limitarse a ser una sola cosa definida por su clase o su orientación sexual: ni llevar tatuajes era solo algo de delincuentes ni llevar ropa bonita era solo algo de gays. Cada uno era libre de decorar su cuerpo como le apeteciera. Hasta Harrison Ford se puso un pendiente.»

«Cuando uno piensa en David Beckham, se agolparán en su cerebro docenas de imágenes, pero ninguna frase. Ni siquiera el sonido de su voz. Beckham es solo imagen y, en una nueva realidad obsesionada con esta, ese mundo es suyo. La aparente ausencia de vida interior de Beckham, su actitud sumisa deseosa de agradar y su físico producido al gusto del consumidor lo convirtieron en un lienzo en blanco en el cual la sociedad pudo proyectar sus deseos colectivos y sus aspiraciones. A efectos prácticos, David Beckham reemplazó a Dios.»

«La metrosexualidad no fue solo ponerse mechas en el pelo y marcar culo con los vaqueros, la metrosexualidad levantó la losa de la virilidad que llevaba siglos reprimiendo a los hombres y les permitió mostrar su sensibilidad sin ser acusados de nenazas, flojos o mariquitas. Y que los hombres heterosexuales empezasen a sentirse cómodos pareciendo remotamente gays significaba que la cultura gay estaba siendo aceptada e integrada de manera progresiva en la sociedad, aunque solo fuese, al principio, por su rentabilidad consumista. La ropa bonita solo fue la decoración de esta liberación masculina.»

«Lo que a principios de la década de los años 2000 se llamaba narcisismo, vanidad o porno gay, ahora se llama selfi. Nadie se inmuta cuando un ciudadano anónimo posa con el ceño fruncido, la boca entreabierta y el pantalón bajado hasta los abductores a pesar de que hace tan solo dos décadas esa estampa era cosa de un tipo muy concreto de hombre. Uno que cobraba por ello. Pero hoy lo visual ha reemplazado a lo carnal: muchas personas (hombres y mujeres) dedican más tiempo, más esfuerzo y más creatividad a hacerse fotos sexis que a los propios coitos. Porque despertar ganas de follar es el nuevo follar. ¿Alguien se ha planteado alguna vez si David Beckham es o no bueno en la cama? No. Porque da igual. Siempre dio absolutamente igual.»

LAS CHICAS PICANTES

«Nunca unas estrellas del pop tan inmensas como las Spice Girls fueron a la vez tan malas estrellas del pop.»

«En sus shows parecían cinco adolescentes que se habían reunido en la habitación de una de ellas para maquillarse con tonos que no les favorecían, ponerse mechas las unas a las otras y practicar coreografías destartaladas haciendo playback. Y esa fue precisamente la clave de su fenómeno: las fans de las Spice Girls podían imitarlas no para parecerse a ellas, sino para conseguir montar de manera literal el mismo espectáculo que ellas. Por eso en las funciones de fin de curso de todos los colegios españoles en 1997 hubo un grupo de niñas haciendo un playback de las Chicas Picantes.»

«A la discográfica le horrorizaba Wannabe como primer single. […] En vez de enviar sus maquetas a las radios, las Spice se presentaban por sorpresa en las oficinas de las revistas y se ponían a actuar encima de las mesas. Si no las dejaban entrar, esperaban en la puerta y abordaban a periodistas musicales por la calle para cantarles, darles besos y metérselos en el bolsillo […].»

LA OLVIDADA ALLY MCBEAL

«Ally McBeal fue la serie más comentada del mundo de la que menos gente habla hoy.

Llegó a las pantallas unos meses después del superventas El diario de Bridget Jones y unos meses antes de Sexo en Nueva York. Esta nueva ficción femenina retrataba las ansiedades de la primera generación de mujeres auspiciadas por el posfeminismo: habían vivido su adolescencia en los ochenta, la década en la que las mujeres descubrieron que podían tenerlo todo (un puestazo de trabajo, un marido de ensueño, una casa siempre limpia, unos hijos adorables, una vida sexual ardiente, un armario envidiable) y ahora se incorporaban al mundo laboral en los noventa, la década en la que la cultura de consumo había transformado el eslogan aspiracional “Puedes tenerlo todo” en el mandamiento “Debes tenerlo todo”. Cualquier mujer que careciese de alguno de esos elementos del éxito sería considerada una mujer defectuosa.»

«Ally McBeal vivía en un estrés constante por la tensión que surgía entre lo que le habían educado para ser, lo que ahora le imponían que debía tener y lo que realmente deseaba: no dejes que nadie te diga que no puedes llevar una falda corta y hacerte respetar a la vez, pero hazte respetar dejando claro que no eres ninguna golfa por llevar minifalda. Ahora las mujeres podían ser hiperfemeninas y además alcanzar los mismos éxitos que los hombres. O, mejor dicho, debían ser hiperfemeninas y alcanzar los mismos éxitos que los hombres.»

LA TETA DE SABRINA

«Hasta el 31 de diciembre de 1987, el nombre Sabrina evocaba la elegancia, la sensibilidad y la delicadeza de Audrey Hepburn en la película de Billy Wilder. Pero a otra Sabrina, una italiana de diecinueve años, le bastaron 3 minutos y 32 segundos para derrumbar el mito de Audrey en España y construir uno completamente nuevo en torno a sí misma. El pecho furtivo que se le escapó durante su actuación en el especial de Nochevieja de TVE la convirtió en una estrella, reescribió el canon de belleza femenino y obligó a todo un país a enfrentarse a su propia mojigatería.»

CRISTINA ORTIZ, LA VENENO

«En ese mismo contexto hay que comprender y apreciar a Cristina Ortiz, la Veneno. El éxito de sus intervenciones en el programa nocturno Esta noche cruzamos el Mississippi radicaba en la chabacanería, el erotismo y el morbo de ver a una transexual que parecía una estrella de Hollywood. Pero su legado sociocultural fue conseguir que nadie cambiase de canal cuando salía. En aquella época las mujeres transgénero provocaban un rechazo atado a los miedos masculinos más íntimos: gran parte de la sociedad las veía como aberraciones, casi no humanas, que no eran ni hombres ni mujeres sino criaturas híbridas creadas por la ciencia, como el monstruo de Frankenstein; por otra parte, algunos hombres se sentían atraídos sexualmente por ellas y eso alimentaba el odio; y desde un punto de vista patriarcal, las trans eran ciudadanos que habían renunciado de manera voluntaria a los privilegios conferidos por su cuerpo de nacimiento para vivir sus vidas como marginadas.»

«Era una persona del mundo real y, a la vez, se construyó una fantasía en torno a sí misma. Evocaba a la vez a Lola Flores y a Pamela Anderson. España pasó de sentir curiosidad por la Veneno a escandalizarse con su discurso y a aplaudirla hasta convertirla en una estrella. Puede que el público tolerase a la Veneno porque era sexualmente atractiva (y, por tanto, aceptable como mujer) y la aceptase porque era una cómica arrolladora, pero al final terminó cogiéndole cariño porque se notaba que era una buena persona. La Veneno, con toda su in- cultura y su soberbia, fue la primera mujer transgénero a la que España miró como a un ser humano.»

EL TINTE RUBIO DE SHAKIRA

«De entre todos los acontecimientos de la cultura pop reciente, el tinte rubio de Shakira es uno de los más emblemáticos: cualquier persona nacida antes de 1990 entiende perfectamente a qué te refieres cuando mencionas a la “Shakira morena”. […] Simbólicamente, para el gran público el cambio de color de pelo de Shakira es el punto de inflexión que separa a la rockera auténtica de la pachanguera vendida.»

«Al fin y al cabo, Shakira era una cantautora que tocaba la guitarra, actuaba con los pies descalzos e incluía referencias a filósofos en sus canciones de amor (“No creo en Jean-Paul Sartre, no creo en Brian Weiss”). “Servicio de lavandería” todavía sonaba a la Shakira antigua y, en realidad, el único cambio había sido cosmético: sus canciones incorporaron cierto erotismo a su léxico, pero era sarcástico (“Suerte que mis pechos sean pequeños y no los confundas con montañas”), y sus características rimas extravagantes seguían ahí (“Por ti me quedé como Mona Lisa, sin llanto y sin sonrisa”). Esos dos versos pertenecían, respectivamente, a Suerte (en la que sonaban instrumentos del folclore latinoamericano, como el charango o la flauta quena) y a Te aviso, te anuncio (un tango), que secuenciadas entre el resto de canciones rock del disco contribuían al plan de Shakira de postularse como la mayor embajadora de las músicas del mundo. Su discografía es la adaptación musical de las Naciones Unidas.»

LA PRINCESA DEL POP

«Cada persona que estuviera viva en 1998 descubrió a Britney Spears de forma distinta. En España, por ejemplo, muchos la vieron por primera vez en un videoclip, otros en su miniconcierto del programa musical Música sí y algunos en su cameo en la serie de televisión Médico de familia. Pero si hoy se efectuara una encuesta a pie de calle, la inmensa mayoría respondería que su primer recuerdo de Britney Spears es vestida de colegiala: la memoria es un estadio emocional y Spears entró en el imaginario colectivo a través del vídeo de… Baby One More Time. Así de poderosa fue su campaña de marketing, que quería que la descubriésemos representando una fantasía sexual en absoluto sutil: su atuendo, su sensualidad y sus expresiones (mirando a la cámara, no por casualidad, desde abajo) son tan explícitas que por momentos bordean la parodia. Si el lector no cae en ella es porque los tres productos que el vídeo promocionaba funcionaron explosivamente. Britney era una superestrella, su erotismo era excitante y la canción era un temazo.»

LOS JUEGOS OLÍMPICOS DE BARCELONA 92

«El 25 de julio de 1992, 3.500 millones de personas estaban mirando hacia Barcelona. A las 22:40 h el arquero paralímpico Antonio Rebollo recibió la llama olímpica del baloncestista Juan Antonio San Epifanio “Epi”, se giró hacia el pebetero situado a 86 metros, en lo más alto del estadio de Montjuic, y disparó la flecha para dar por inaugurados los Juegos Olímpicos. Aquel fuego conmemoró también la entrada oficial de España en el primer mundo. Aquellos doce segundos de vuelo de la flecha capturaron la imaginación de toda la nación y la proyectaron al resto del planeta.»

¿Y QUÉ PASÓ CON LA MÚSICA?

«En algún momento de los años noventa, el pop español dejó de contar historias. Poco a poco, las radios fueron dejando de pinchar canciones con su planteamiento, su nudo y su desenlace para decantarse por canciones sentimentales sobre amor abstracto. El antes y el después lo marca, simbólicamente, Más, de Alejandro Sanz.»

MI MÚSICA ES TU VOZ ES EL VERDADERO HIMNO DE ESPAÑA

«Operación Triunfo puso banda sonora a la sociedad del “España va bien”: apelaba al trabajo duro como único motor posible para prosperar, defendía el éxito del individuo como un elemento esencial para el progreso colectivo y, lo más importante, creía ciegamente que cualquier chaval de clase media podía, mediante el esfuerzo, conseguir acceso a recompensas directas.»

«OT fue, por encima de todo, la celebración de un país eufórico con su propio bienestar. Sus números no hacen justicia a la dimensión real de su impacto. Su audiencia llegó a rozar los trece millones de espectadores, casi un tercio de la población total, pero la filosofía de OT afectó a todos los ciudadanos españoles porque caló en el tejido sociocultural del país.»

«La música era un envoltorio vistoso que permitía que cualquier espectador pudiera valorar la evolución de los participantes, pero lo que apasionó a las masas fue algo que muy pocos programas de televisión tienen: espíritu.»

 

Contenido original proporcionado por la editorial Ediciones Península

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