La chica a la que no supiste amar
de Marta Robles

Publicación: 9 de enero de 2020
Editorial: Espasa
Páginas: 336
ISBN: 978-8467057713

Nota de prensa:

Marta Robles reivindica la esencia del género negro con una novela absorbente, dura y apasionante.
Un paseo por la cara oculta de nuestra sociedad.

CONVOCADO POR LA DIPUTACIÓN DE CASTELLÓN

Marta Robles recibe el premio Letras del Mediterráneo 2019 por La chica a la que no supiste amar.
El pasado 26 de septiembre, Marta Robles recibió en Benicàssim el premio Letras del Mediterráneo 2019 en la categoría de Narrativa, otorgado por la Diputación de Castellón.

Los premios Letras del Mediterráneo fueron instituidos en 2016 «como herramienta de promoción de Castellón a través de la literatura». De esta manera, señalan los convocantes, «el galardón promueve el descubrimiento de nuestra provincia al gran público a través de novelas de reconocidos escritores que desarrollan sus tramas, en todo o en parte, en poblaciones y/o parajes castellonenses».
Este es el caso de La chica a la que supiste amar, cuya acción transcurre, en casi su totalidad, entre Benicàssim y Castellón. Sin embargo, la descripción de Marta Robles no se corresponde, ni mucho menos, con una postal turística; está llena de matices, de claroscuros, de zonas paradisiacas y de otras que se parecen más bien al infierno. Lo ampliamos en la sección correspondiente a los escenarios.

La chica a la que no supiste amar

SOBRE EL ARGUMENTO
El antiguo reportero de guerra y ahora detective Tony Roures, cínico y sentimental, recibe la inesperada visita de un viejo compañero, Alberto Llorens, a quien creía felizmente casado con una rica empresaria de Castellón. La realidad es que tiene problemas en su matrimonio y lleva tiempo frecuentando el club de alterne más famoso de todo Levante. Allí conoció a Blessing, una joven nigeriana prostituida por una red de trata de mujeres, a la que se encuentra atada no solo por la deuda del viaje sino, además, por un ritual de vudú.
Tras serle detectado un cáncer de mamá del que es operada chapucera y clandestinamente, la joven se convierte en «mercancía estropeada» y es asesinada. Será entonces cuando Llorens comience a recibir terribles amenazas con distintos elementos de vudú y, asustado, recurra a su amigo.
Roures inicia una peligrosa investigación, en la que poco a poco irá saliendo a la luz una trama criminal de una inusitada crueldad.
Con el detective Tony Roures,
Marta Robles recupera la figura del héroe descreído y con una ética propia.

SOBRE LA ESCRITURA DE MARTA ROBLES
Tras los éxitos cosechados con A menos de cinco centímetros y La mala suerte, la autora da de nuevo en la diana al tratar un tema de tanto impacto social como la esclavitud sufrida por infinidad de mujeres, en su mayoría inmigrantes ilegales, atrapadas en las redes mafiosas de trata que operan en nuestro país.
La novela, con un texto de una espléndida calidad, incluye varios niveles de lectura: desde una superficie donde se desarrolla una trama endiablada, hasta un fondo que, como es característico en la autora, interpela al lector a través de unos personajes dotados de una ambigüedad moral irresistible.

Reivindicando la esencia de la novela negra

ATADA A LA REALIDAD
Ya en la primera novela de la serie sobre Tony Roures, A menos de cinco centímetros (2017), Marta Robles mostró su interés en reivindicar la esencia de la novela negra clásica, alejándola de tópicos sobre improbables asesinos en serie y crímenes sin sentido en los que la forma —cuanto más gore, mejor— se impone al fondo. Las tres novelas de la serie están íntima y dolorosamente atadas a la realidad. A nuestra realidad.

UNA DOBLE FUNCIÓN: ATRAPAR Y ESTREMECER
En las tres historias de la serie, la ficción cumple una doble función: por un lado, su trama es capaz de atraparnos y de no dejarnos escapar hasta el final; por otro, la autora realiza una precisa disección de nuestra sociedad, mostrándonos su cara más oculta, más sucia, más inquietante. En este sentido, La chica a la que no supiste amar es una novela negra sólida, absorbente y dura. Desde sus primeras páginas nos coge por la pechera y sacude nuestra conciencia.

El inicio de La chica a la que no supiste amar es de los más sugerentes y duros del género en España en los últimos años.

LAS MÚLTIPLES CARAS DEL MAL
Tony Roures se enfrenta en la novela a dos criminales sin escrúpulos, el Mula, un proxeneta brutal, y Mazinger, su hombre de confianza, un asesino que controla a las chicas y ajusta cuentas con rivales y moscones. Ellos son el mal más evidente, el que aparece en la prensa tras alguna operación policial.
El mal tiene, sin embargo, muchas más caras. Y algunas no parecen lo que son. Tenemos a gente de bien, profesionales sin cuyo asesoramiento los puticlubs lo tendrían mucho más difícil y los mercaderes de carne no evitarían la ley ni podrían blanquear sus beneficios con tanta facilidad; sus despachos están en todas nuestras ciudades, con placas doradas a la puerta. Y luego están los puteros, desde ejecutivos supuestamente estresados que van a relajarse a los clubs, hasta jóvenes que, en manada, humillan a las prostitutas. El dinero —piensan— les da carta blanca para abusar de mujeres explotadas e indefensas.

SIN CONCESIONES
En la novela, la violencia es explícita aunque no morbosa. Marta Robles relata los detalles escabrosos, pero no se recrea en ellos. La muerte tiene una función narrativa, es sucia, desprovista de cualquier artificio literario. Sin concesiones. Nos estremece porque sabemos que es real. Las relaciones entre los personajes sigue ese mismo patrón. Hay víctimas y verdugos. Y traiciones cuando menos lo espera el lector. Porque, y ese es otro de los aciertos de la autora, todos —¡todos!— los personajes tienen rincones oscuros en su interior a los que es muy peligroso asomarse.

PERSONAJES DE CARNE Y HUESO
No hay malos, malos ni buenos, buenos en las novelas de Marta Robles. Todos los personajes tienen un pasado que ha moldeado su presente. No son de una pieza.
Tienen matices. Aunque el narrador en tercera persona está focalizado, casi siempre, en Roures, la autora inserta capítulos breves en los que el punto de vista se centra en esos otros personajes. En La chica a la que no supiste amar hay, eso sí, mucha empatía con las prostitutas explotadas y maltratadas desde la infancia, carne para alimentar una maquinaria infame. Ellas son las víctimas inocentes en esta historia, aunque, por un mecanismo perverso, algunas de ellas acaben convirtiéndose en cómplices de los explotadores.

«Eso de jactarse de que pueden hacer lo que les dé la gana con la vida y la muerte les proporciona un extraño poder que, con mucha probabilidad, les reporta más satisfacción que un orgas- mo, que para ellos no suele ser más que la consecuencia de un puro ejercicio físico».

DEL ARTE DE ENLAZAR TRAMAS Y SUBTRAMAS
La chica a la que no supiste amar cuenta con una trama principal que atraviesa la novela de principio a fin: la muerte de la prostituta nigeriana Blessing, de la que un amigo de Roures se ha enamorado, poniendo su vida en peligro a causa de ello. El detective debe averiguar qué le pasó a la chica y quién está tras las amenazas a su antiguo colega Alberto Llorens. Esta historia principal discurre unas veces en paralelo y otras se cruza con distintas subtramas policiales y sentimentales. El despacho de Roures lleva otros dos asuntos: el de un seguimiento por infidelidad y el de una joven que se ha enamorado de un hombre que está en caída libre por culpa de las drogas. Contamos, también, con una subtrama sentimental centrada en la relación entre Tony Roures y la jueza Carlota Aguado.

Una nota de Marta Robles sobre la novela

El mismo día que entregué el manuscrito de La chica a la que no supiste amar, recibí una llamada de una de las personas que me puso en contacto con dos de las cinco chicas nigerianas con las que conversé —o, mejor dicho, a las que escuché con atención— antes de escribirla. Una de ellas, maravillosa y llena de luz, había sido vendida por su madre y recorrido el infierno desde su país hasta España, después de habérsele practicado el correspondiente y traumático ritual de vudú.
Gracias a su valentía y arrojo y también a una fe de la que presumía, estaba fuera del mundo de la trata, aunque aún viviera con cierto miedo, sabiendo que seguían buscándola para que pagara su deuda. Tenía un niño precioso, muchas ganas de encontrar el camino y unos enormes deseos de volver a casa algún día –aunque fuera de visita–, para ver a sus padres y hermanos y más aún a sus hermanas.
Hablaba de su madre con dificultad, desde el amor que no se desvanece ni con la traición. Y presumía de su padre, en quien parecía confiar mucho más. En esa llamada me comunicaron que él, su padre, acababa de matar a su hermana embarazada, no sabían si por el embarazo o porque pensaba casarse con alguien que el progenitor no había elegido. Colgué estupefacta una vez más. Y volví a pensar en lo poco que vale la vida en tantos lugares del mundo.
En la Nigeria de los pobres, por ejemplo. Y más aún, si eres mujer. Y desde luego, en todos los burdeles de la tierra, donde la miseria lo rodea todo. Además de con esta chica, hablé, como digo, con otras cuatro nigerianas cuyos testimonios tengo esculpidos en el corazón. Alguno de los episodios que me relataron, aún me sobresaltan por la noche.
Con todo lo que me contaron, varios informes policiales, una tesis sobre el itinerario de la trata en África, varios libros y documentales, mi imaginación y mi deseo de contribuir a dar a conocer un poco más lo que sucede en el escalafón más bajo del mundo de la venta de carne humana, escribí esta historia de amor, desamor y traiciones. Una historia que no es real en absoluto, pero que, por desgracia, podría serlo.
Marta Robles

Los personajes. Quién es quién en la novela

TONY ROURES
Detective privado. Sesentón. Antiguo reportero de guerra. En los conflictos civiles
de África perdió su fe en el ser humano y cambió la investigación periodística por
la privada, centrándose en infidelidades. La resolución de un crimen en Mallorca — narrado en La mala suerte— le proporcionó una buena cartera de clientes que le ha obligado a abrir un despacho en el mismo edificio en el que vive, en el barrio de Malasaña, en Madrid. Estuvo casado con BELINDA, pero los desencuentros a causa de una paternidad no deseada por Roures,
primero, y la infidelidad de ella, después, rompieron el matrimonio. De vez en cuando él echa de menos aquella rutina emocional. Su relación con la jueza Carlota Aguado le ha servido para acallar algunos fantasmas interiores.

CARLOTA AGUADO
Jueza de Manacor. Acaba de cruzar la frontera de los cuarenta, aunque nadie lo diría dado su físico cuidado y, a ojos de Roures, espectacular. Ambos mantienen una relación —¿abierta?, ¿libre?— cimentada en una innegable atracción física y en la complicidad intelectual. La jueza Aguado es, en lo profesional, inteligente, íntegra y efectiva; en lo personal, sorprende descubrir en ella una pulsión transgresora, algo muy peligroso para una persona de su posición. ¿O hay algo más?

ALBERTO LLORENS
Antiguo fotógrafo de guerra y colega de Roures. Tras dejar el reporterismo, se casó con Ana Beltrán, hija de un empresario de Castellón. Reparte su tiempo entre un cargo en la empresa familiar y exposiciones de fotografía. Tiene dinero y se le nota en el vestuario y en sus hábitos. Acude a Roures cuando descubre que la prostituta de la que se enamoró había sido asesinada y sus explotadores le exigen dinero. Los cree capaces de todo.

ANA BELTRÁN
Esposa de Alberto Llorens. Durante un tiempo, Ana, Alberto, Belinda y Tony salieron juntos. Según Alberto, Ana dejó de interesarse por el sexo cuando supo que no podría ser madre. También se descuidó en lo físico. Eso fue lo que llevó al fotógrafo a recurrir a las profesionales. O eso dice él. Ya les hemos advertido que todos los personajes de la novela tienen cicatrices y rincones oscuros. Por cierto, el padre de Ana, VICENTE BERTRÁN, propietario de Cerámicas Garza, fue abogado de gentes poco recomendables antes de cambiar de vida.

PRIETO
Mando de la Unidad Central de Redes de Inmigración Ilegal y Falsedades Documentales de la Policía—. Es amigo de Roures y un policía íntegro. Fue uno de los responsables de la captura de Cabeza de Cerdo, uno de los mayores y más crueles tratantes de mujeres que ha actuado en nuestro país. ¿Se acuerdan del caso?

ANTONIO EXPÓSITO MARTÍNEZ
EL MULA. Proxeneta y tratante de mujeres. Dueño del Club Cocoa, en Castellón. Con su brutalidad compensa la falta de inteligencia, suficiente, eso sí, para rodearse de abogados, contables, asesores, etc. que llegan a donde él no alcanza. Sufrió las palizas de su padre antes de empezar a darlas. Ha ido escalando poco a poco desde la base de las organizaciones que se dedican a la explotación de mujeres. Su mano derecha es un guaperas que controla a las chicas y a los clientes del club. Lo llaman MAZINGER y no tiene escrúpulo alguno. Las putas son carne y como carne las trata.

BLESSING Y CHARITY
Prostitutas nigerianas. Ejercieron juntas en el Caminás castellonense hasta que la primera fue trasladada al Club Cocoa; su belleza espectacular convenció al Mula, al que no le gustan las chicas negras. Ambas fueron reclutadas y ejercen la prostitución coaccionadas por el vudú y por las amenazas contra sus familias.

OTROS PERSONAJES (NO POR SECUNDARIOS, MENOS IMPORTANTES)
EL MANOS es un colaborador de Tony y un experto en hackear dispositivos electrónicos. En la novela, se encarga de seguir los pasos de la esposa de un cliente, un tal MIRALLES, para saber si le es infiel. Su primo GABRIEL les proporciona otro caso, el de una compañera de universidad cuyo novio anda liado con drogas. Un viejo amigo y colega de Roures, JOSÉ MANUEL NOVOA, les echa una mano en todo lo relacionado con el vudú. De la hermosa, enigmática y triste NAT HILL, con la que el detective coincide en el tren de Castellón a Madrid, solo les diremos el nombre.

Los escenarios de la novela

MADRID
Ciudad en la que vive y tiene su despacho Tony Roures. Su pequeño piso en Malasaña «ya se ha
convertido en su refugio, su guarida, su fortaleza». Hay referencias a los garitos de siempre, como la Vía Láctea, el Penta, el Siroco, o el Free Way, de los bares de tapas como El Maño, la Bodega de la Ardosa o Casa Camacho.
También del after del Válgame, en el que Tony y Carlota no ven el momento de ponerle fin a la noche. Con Prieto quedan para comer en Casa Fidel o Casa Lucio —«el único hombre que no necesita apellidos para presentarse»—, lugares con tradición.

BENICÀSSIM Y CASTELLÓN
«Carlota mira al horizonte. Desde la terraza del hotel se divisa toda la bahía. El azul del agua refulge bajo los rayos de un sol amansado por la cercanía del otoño», escribe Marta Robles.
Por la novela desfilan escenarios reales: restaurantes, hoteles, playas y calles por las que Tony y Carlota pasean su amor. Llorens y su esposa reparten el verano y el invierno entre Benicàssim y Castellón, como tantos otros paisanos. Todavía quedan allí lugares en los que parece que el tiempo se ha detenido, como las playas del Grao de Castellón.

LA CARA B DEL PARAÍSO
A través de los ojos de Tony Roures y de otros personajes, como Blessing, conocemos la cara B de aquel paraíso. Marta Robles nos describe los descampados con esqueletos de edificios sin acabar, restos de la burbuja inmobiliaria que se cebó con la costa mediterránea. Y de los puticlubs que jalonan las carreteras de la provincia. Nos habla del Caminás —«que funciona a tope los domingos»— un lugar en el que chicas medio desnudas venden su cuerpo por un puñado de euros y se calientan como pueden alrededor de hogueras improvisadas. Entramos también en el Club Cocoa y vivimos el contraste entre el oropel de la gran sala y la suciedad y la miseria de los reservados en los que trabajan las prostitutas.

La trata y la banalización de la prostitución
En España hay tres burdeles por cada hospital público y solo el año pasado, Interior «censó» catorce mil mujeres dedicadas a la prostitución, aunque es más que probable que el número real triplique esta cifra. Hay informes que incluso hablan de cien mil. Y, según los cálculos de la policía, el ochenta por ciento de ellas son víctimas de trata. Mujeres que ejercen forzadas la prostitución. Esclavas que apenas perciben ingresos por tan ingrata tarea. Jóvenes —a veces niñas— rodeadas de precariedad y engaño, empujadas por malvados dedicados al negocio o incluso por sus familias, a las que la necesidad les roba los remordimientos.

Este es un tema que preocupa a Marta Robles y que ya reflejó en A menos de cinco centímetros, la primera entrega de la serie protagonizada por Tony Roures. En aquella novela y en La chica a la que no supiste amar denuncia las fortunas erigidas sobre ese comercio infame y cómo se han construido un aura de honorabilidad comprando voluntades y actuando a través de testaferros que mantienen a salvo el buen nombre de esos malvados ocultos.

«¿No sabes que los proxenetas exprimen todo lo que pueden a los coños de su propiedad,
con la mínima inversión posible? Por eso pasaron de la prostitución de toda la vida a la trata, de ser chulos y macarras aprovechados a compradores de esclavas a granel, que se forran a costa de la tragedia de esas pobres mujeres», le dice Roures a Llorens.

A través de las historias de Blessing y Charity conocemos la violencia y las humillaciones que sufren esas modernas esclavas que viven a pocos metros de nosotros. Marta Robles se une a voces, como la de Mabel Lozano, que denuncian la banalización de la prostitución. «Piden todo y no quieren pagar casi nada. Sobre todo jóvenes. Esos gustar más cosas feas. De películas sucias. Y si dices “no”, puedes tener navaja en tripa», le explica Charity a Roures.

«Una vida monótona no justifica comprar a nadie». Tony Roures a Alberto Llorens

Del vudú y la ruta del infierno
«Blessing llora al recordar cuando iba con su madre y sus hermanos a la Iglesia Cristiana Redimida de Dios y cantaban todos juntos. Todos, menos su padre, que solo creía en el vudú. Los demás creían en Jesucristo. Y también en el vudú. ¿Cómo podía alguien no creer en el vudú con todas las cosas que se veían?», escribe Marta Robles antes de describirnos algunos de los rituales con los que las redes de trata utilizan la magia para convertir en esclavas a las jóvenes a las que, casi siempre, compran a sus familias. (En la fotografía, fetiches en un mercado africano para rituales vudú).
Una mami —una antigua prostituta que trabajaba para las redes— fue quien llevó a Blessing ante un pastor nigeriano, de su Iglesia y su fe, la misma de la que eran devotos su madre y sus hermanos. El hombre le aseguró que la redimiría de su pecado de venta de carne. «No te preocupes —le dijo—, yo te quito el pecado para que tú puedas trabajar». Pero Blessing se negó. Una y otra vez, pese a que se sucedían las palizas. Hasta que sufrió un nuevo yuyu. Otro ritual con su sangre y su vello y sus bragas y su pánico. «Tienes que obedecer, tienes que obedecer», le decían. Y hubo más cortes, un pollo destripado, whisky… y la rendición: «Haré lo que queráis».
Una vez captadas, las muchachas se enfrentan a la «ruta del infierno»: el camino a través del continente africano con destino a Europa. En un desvencijado autobús se apiñan junto a hombres jóvenes que han pagado una fortuna por el viaje. Les acompaña un guide man que les indica qué han de hacer a cada paso. Dormir. Caminar. Esconderse. Pasan calor. Pasan frío. Pasan hambre. Pasan sed. Grupos de africanos esperan por la noche a los viajeros durante todo el camino. Quieren quitarles cualquier cosa que tengan. A otros los secuestran para extraerles los órganos y venderlos en el mercado negro.

Cruzan a Argelia, donde comienzan a aparecer los conection man, que facilitan los traslados. Llegan también hombres árabes que les piden dinero. Son contrabandistas. Las chicas son violadas en grupo sin piedad. Algunas se quedan por el camino, en manos de los matuteros. Permanecerán con ellos hasta que mueran. O hasta que las abandonen. O las asesinen. Algunas tienen boyfriends que las violan una y otra vez.
Al final de la ruta cruzan hacia Marruecos y, si hay suerte, llegan a Melilla, donde acaban en un CETI (Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes) antes de ser trasladadas a la Península con una identidad inventada.

Así arranca La chica a la que no supiste amar

Marta Robles ha escrito un principio de novela muy impactante:

¡BANG! En mucho menos de un segundo, la bala que sale de la pistola que el tipo desenfunda por sorpresa atraviesa el cráneo de la chica y provoca su muerte instantánea.
Minutos antes del disparo, ella se ha levantado de la cama y despojado de la ropa —un camisón muy corto, rojo, de nailon brillante, y unas bragas del mismo color y material—, y permanece desnuda y en silencio, mirando al hombre y esperando sus instrucciones. Él inspecciona su cuerpo mutilado, con el rostro impasible, antes de pronunciar palabra.
—Vuélvete —ordena por fin.
Ella, obediente, se gira y se coloca contra la pared, pero se queda a unos centímetros del muro. No quiere tocarlo: está sucio de miseria y mil veces salpicado de semen. «Está asqueroso —piensa—, tendré que limpiarlo uno de estos días».
Entonces el tipo saca la pistola de su cinto, con asombrosa rapidez y dispara sin dudar. ¡BANG! La bala se estrella contra la cabeza de la chica, que rebota en esa pared sucia y mil veces salpicada de semen, que ya jamás limpiará, dejando una casi imperceptible huella roja. Ella se desploma como una marioneta a la que le hubieran cortado los hilos y se queda boca arriba, con los ojos abiertos.
El cuerpo de la chica, con visibles cicatrices por una doble mastectomía chapucera, es abandonado en la acequia del Motor, en Castellón. El descubrimiento del cadáver de una prostituta africana pronto se queda en el olvido. La policía poco puede hacer: no sabe quién era ni de dónde procedía la mujer.
Días después, el teléfono despierta de madrugada a Tony Roures. Es Alberto Llorens, un fotógrafo con el que coincidió́ en varias guerras. Mantuvieron la relación —incluso con sus parejas— tras haber abandonado ambos sus trabajos como reporteros. Llorens se casó con una mujer de posibles y vive en Castellón. Ahora está en el portal y necesita hablar con Roures.
Llorens conocía a la prostituta asesinada. De hecho estaba dispuesto a dejarlo todo por ella. Quiso pagar la deuda con los proxenetas, pero le exigieron un dinero del que no disponía. Luego la mataron. Un matón negro apareció en su casa dispuesto a cobrarse la supuesta deuda, amenazándolo con el vudú. Alberto quiere que Tony averigüe quién mató a Blessing y que para los pies a los tipos que le chantajean.
Roures, por fidelidad al amigo, acepta el encargo. Irá a Castellón. Aunque tendrá que convencer a Carlota para que lo acompañe, habían quedado en compartir unos días. Nada —ni en lo personal— volverá a ser lo mismo para él tras aquel viaje.

Marta Robles, nota biográfica
Marta Robles, periodista y escritora, comenzó su carrera profesional en la revista Tiempo y desde entonces nunca ha dejado de trabajar en las publicaciones y cadenas de radio y televisión más importantes de España. Actualmente colabora en La Razón, La Gaceta de Salamanca, Espejo Público (Antena 3) y Está Pasando (Telemadrid). Además participa
regularmente en mesas redondas, charlas y coloquios, así como imparte conferencias y realiza presentaciones por toda España.
Entre sus numerosos premios cabe destacar el TP de Oro, dos Antenas de Oro, dos de Plata, el Woman de Oro, el Premio Nacional de Comunicación o el Premio PR a la periodista más querida de Madrid.
Ha publicado siete libros de no ficción y nueve de ficción, entre los que destacan Luisa y los espejos (Premio Fernando Lara de Novela, 2013), A menos de cinco centímetros (finalista en el Premio Silverio Cañada de Novela Negra de Gijón, 2017) y La mala suerte (Premio especial de Aragón Negro y finalista de Cartagena Negra 2019). Vive en Madrid, está casada y es madre de tres hijos.

La banda sonora de la novela

Callaíta, Bud Bunny
Cartinha da Saudade, Jacinto Tchipa Mi vida en rosa, Los Romeos
A Devil in Her Heart, Los Beatles
That World Outside, Willy DeVille Fade Into You, Mazzy Star
Only the Lonely, Roy Orbison
Pretty Woman, Roy Orbison
Corazón partío, Alejandro Sanz Stranded in the Jungle, New York Dolls Bad Detective, New York Dolls
Horsin’ Around, Prefab Sprout
Desire As, Prefab Sprout
Blueberry Pies, Prefab Sprout
When the Angels, Prefab Sprout
Last Goodbye, Jeff Buckley
Kiss and Say Goodbye, The Manhattans Holocene, Bon Iver.
Born to be Wild (Easy rider), Steppenwolf Harvest, Neil Young
I Know It’s Over, The Smiths
Just Like Honey,(Lost in Translation), Jesus and the Mary
Chain
More than this, (Lost in Translation), Roxy Music
No One’s Easy to Love, Sharon Van Etten

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