No hay gacelas en Finlandia
de Dimas Prychyslyy

Publicación: 7 abril 2021
Editorial: Espasa
Páginas: 392
ISBN: 978-8467060874

Biografía del autor

Dimas Prychyslyy (Elisavetgrado, 1992) es graduado en Filología Hispánica por la Universidad de Salamanca y Máster en Escritura Creativa por la Universidad Complutense de Madrid. Ha publicado el poemario Mudocinética (Ediciones Idea, 2010) y ha sido galardonado con el Premio València Nova en su categoría de poesía en castellano por Molly House (Hiperión, 2017). Ha participado en las antologías Piel Fina, poesía joven española (Maremagnum, 2019) y De la intimidad (Renacimiento, 2019). En 2019 fue galardonado con el V Premio Logroño de Narrativa para Jóvenes Escritores por su libro de relatos titulado Tres en raya. En 2020 publicó Con la frente marchita en la editorial Dos Bigotes. Durante el curso 2016-2017 recibió una beca en la Fundación Antonio Gala. Escribe tanto poesía como prosa, que considera distintas caras de la misma moneda, para acercarse a temas como la identidad, la marginalidad o el homoerotismo.

Sinopsis

PREMIO 25 PRIMAVERAS DE NOVELA

Mario, dependiente de una librería y recién despedido, pasa las ocho horas de su jornada no laboral en el metro. Ha encontrado en el suelo de un vagón un papel con algo escrito: la lista de la última compra que uno hace en la vida. Tiene que verlo Damián, aspirante a escritor en los ochenta, que decide solicitar la ayuda de Claudia, cuyo trabajo es suplantar a algunos autores en sus redes sociales. Hay una marca en el papel que le resulta familiar y… Aquí empieza la búsqueda que los llevará hasta Olvido, bibliotecaria cómplice; a Aurelio, comisario de policía letraherido, y a Ástrid Lehrer, personaje en busca de autor.

Y mientras estos personajes «que no son capaces de separar el disfrute que les da la ficción del disfrute que les da hurgar en las vidas ajenas» se dedican a hacer de detectives salvajes, Misha batalla con su identidad sexual; su M., Isolina, con el abandono a través de una malsana relación con la comida que comparte con Antonio y Bea, y Zhora, encerrado en su casa, se ha bajado del mundo. Muy cerca de él vive Mar, una anciana de 99 años, contrapunto de paz y comprensión en el que encuentran consuelo los perdidos. Incluido el lector.

No hay gacelas en Finlandia es más que una novela: es, además, un puzle con toques de Valle pero a lo Burroughs pasado por Bolaño, que el lector ha de construir con la convicción de que la lectura es una sutil forma de violencia y de que todos, personajes, autor y lectores, somos trozos de papel en recipientes de vidrio.

Nota de prensa

La extravagancia es una virtud.
El retrato fragmentado de una sociedad hiperconectada,
pero terriblemente sumida en la soledad.

EL PREMIO Este año, con motivo del 25.º aniversario del Premio Primavera de Novela, editorial Espasa y Ámbito Cultural de El Corte Inglés convocaron, con carácter excepcional y único, el premio «25 Primaveras» para novelas escritas por autores menores de treinta años, con una dotación de 20.000 euros. Se recibieron 104 originales, de los que España aportó 55, seguida de Argentina (14) y México (9). Las Comunidades Autónomas con más novelas presentadas fueron Madrid (15), Andalucía (12) y Cataluña (7).

EL FALLO DEL JURADO El viernes 19 de febrero se dio a conocer el fallo del Premio 25 Primaveras de Novela. El jurado, compuesto por Alba Carballal, Javier Aznar, Andrea Abreu, Jerónimo Carmona y Luisa Paunero, falló por unanimidad que la obra ganadora sea No hay gacelas en Finlandia, de Dimas Prychyslyy.

LOS MÉRITOS DE LA NOVELA El jurado destacó de la obra su destreza narrativa, la profundidad de sus personajes y voces y la originalidad de su estructura.

 

¿HAY UCRANIANOS ANDALUCES Y GACELAS EN FINLANDIA?
Unas notas previas de Dimas Prychyslyy
El título de la novela parte de una discusión con mi pareja. Hablábamos de conceptos
contrapuestos y de combinaciones imposibles.
—No hay ucranianos andaluces —me dijo para provocarme.
—¡Venga ya! —le respondí.
Y soltó:
—No hay gacelas en Finlandia.
—¡Titulazo! —el tiempo se detuvo. Y se acabó la discusión.
Cuando escuchas «no hay gacelas en Finlandia» te imaginas gacelas corriendo por
Helsinki. Es lo que sucede con ese ejercicio que nos proponían en Lingüística: «¿Te imaginas
un elefante amarillo?» Y lo primero que te venía a la cabeza era eso. El título no deja de
ser una metáfora un poco graciosa que pretende simbolizar la búsqueda de la libertad.
La escritura de novela, en mi caso, creo que ha sido fruto de una evolución orgánica,
si se quiere. Se parte del pronto emocional y la brevedad que hay en la poesía. Luego
trampeas con el relato. Y lo natural es acabar en la novela. De acuerdo, hay autores que
no lo han hecho así, pero abundan los ejemplos en sentido contrario. Desde luego, no soy
una excepción.
No hay gacelas en Finlandia es un retrato de una sociedad hiperconectada, pero
terriblemente sumida en la soledad. Personas solas que viven con pantallas, que se
comunican a través de las pantallas, que se abrazan a las pantallas… y que les lloran a las
pantallas. No solo jóvenes, como asegura el tópico, también gente mayor que combate así
la soledad y el aburrimiento.
Hubo una suma de chispazos, en momentos puntuales, que impulsaron la novela.
Uno fue el descubrimiento de una mujer mayor que arrancaba páginas de las revistas, las
rompía, convertía cada trozo de papel en una bolita y clasificaba aquellas bolitas por
colores. Otro chispazo fue el ver a una persona que no había salido de su casa durante tres
años, teniendo veinte. ¿Por qué?
Hay gente que te cuenta su vida en las redes y luego te dice «no, yo la autoficción no
la practico». Señora o señor, usted la practica a diario y compulsivamente. Son
contradicciones que caracterizan a mi generación.
Respecto a si en la novela reflejo la realidad nacida del confinamiento, debo confesar
que es casual. Una coincidencia a la que no me atrevo a ponerle el adjetivo «feliz» por todo
lo que ha sucedido. Terminé la novela antes del confinamiento. Durante el confinamiento
la pulí y, con la convocatoria del Premio 25 Primaveras en la mano, la dejé volar para
escapar del bucle de la continua reescritura.

 

UN APUNTE ARGUMENTAL Mario, dependiente de una librería y recién despedido, pasa las ocho horas de su jornada no laboral en el metro. Ha encontrado en el suelo de un vagón un papel con algo escrito: la lista de la última compra que uno hace en la vida. Tiene que verlo Damián, aspirante a escritor en los ochenta, que decide solicitar la ayuda de Claudia, cuyo trabajo es suplantar a algunos autores en sus redes sociales. Hay una marca en el papel que le resulta familiar y… Aquí empieza la búsqueda que los llevará hasta Olvido, bibliotecaria cómplice; a Aurelio, comisario de policía letraherido, y a Ástrid Lehrer, personaje en busca de autor. Y mientras estos personajes «que no son capaces de separar el disfrute que les da la ficción del disfrute que les da hurgar en las vidas ajenas» se dedican a hacer de Detectives salvajes, Misha batalla con su identidad sexual; su M., Isolina, con el abandono a través de una malsana relación con la comida que comparte con Antonio y Bea, y Zhora, encerrado en su casa, se ha bajado del mundo. Muy cerca de él vive Mar, una anciana de 99 años, contrapunto de paz y comprensión en el que encuentran consuelo los perdidos. Incluido el lector. No hay gacelas en Finlandia es más que una novela: es, además, un puzle con toques de Valle pero a lo Burroughs pasado por Bolaño, que el lector ha de construir con la convicción de que la lectura es una sutil forma de violencia y de que todos, personajes, autor y lectores, somos trozos de papel en recipientes de vidrio.

SOBRE LA ESTRUCTURA No hay gacelas en Finlandia es una novela perfectamente estructurada como una serie de televisión, con episodios muy cortos y densos, que van saltando de unos personajes y situaciones a otros. Un mosaico que encaja al final, dando forma en la mente del lector a un conjunto de historias/vivencias/vidas que, de entrada, parecen dispersas y sin relación aparente entre ellas. La novela se divide en doce partes formadas por un total de 96 capítulos cortos (algunos de ellos de una sola página) narrados en primera persona por once de los protagonistas, a los que, en las últimas páginas, se suman otros dos personajes muy presentes in absentia durante todo el relato. Se los presentaremos enseguida. Debemos añadir al conjunto un epílogo de los que ponen las cosas en su sitio y trece emails de Aurelio a Olvido (del 17 de junio al 4 de agosto de 2017) en los que se explica la historia de la familia Lehrer en otros veintiséis capítulos cortos de un estilo y una estructura narrativa más clásicos, si se quiere.

UNA NUEVA FORMA DE NARRATIVA Dimas Prychyslyy nos ofrece un magnífico ejemplo de una nueva forma de narrativa, buena conocedora de las nuevas tecnologías y modos de relación a través de las redes, de las nuevas costumbres y de los usos sociales: se busca pareja por aplicaciones de móvil, en Internet se comparten fantasías y también realidades sexuales, los community managers manejan los mensajes y juegan con la reputación de quienes los contratan. También la estructura responde a los modelos de comunicación digital, más fragmentados y que permiten saltar de un personaje a otro y de una situación a otra.

GUIÑOS CULTURALES, IRONÍA Y UNAS GOTAS DE MISTERIO El autor maneja muy bien las referencias (explícitas y no tan explícitas) a libros, películas y alguna canción. Las integra con naturalidad y nos ayudan a definir a los personajes. La novela tiene sentido del humor y está impregnada por la ironía. Se burla de iniciativas culturales de dudoso gusto, como las performances artísticas, nos invita a contemplar nuevas formas de sexualidad llena de extravagancias, desde la pareja que solo logra la erección (de él) y el sexo (compartido) a través de los batidos de fresa, a hombres y mujeres que buscan encuentros sexuales a ciegas en páginas de contactos. Tiene personajes divertidos: la anciana casi centenaria, lúcida y autosuficiente, que bebe como un cosaco, el librero obsesionado con el olor de los calcetines nuevos, la community manager de pelo teñido de verde y aviesas intenciones, el delirio de la secta de los Lehrer… Lo más sorprendente es que Dimas Prychyslyy nos los hace perfectamente creíbles. Hay también un misterio que sirve para que Dimas Prychyslyy dé una vuelta de tuerca a la historia y ponga al día el folletín decimonónico: contamos con un papel olvidado, un libro perdido, un hijo bastardo desaparecido y hasta un psiquiátrico.

DE LA AMBIENTACIÓN Y DE LOS ESCENARIOS Destaca en No hay gacelas en Finlandia la belleza de la ambientación física, que permite al lector conocedor de sus espacios madrileños y tinerfeños mirarlos con los ojos de un extraño y con la atención de quien observa las cosas por primera vez. Emociona también la capacidad del autor, que tiene algo de generacional, de situar en el centro del relato personajes, historias, vidas y realidades usualmente relegadas a los márgenes. Unos márgenes amplios y controvertidos por los que se mueve como pez en el agua.

*Contenido original proporcionado por la editorial Espasa (Grupo Planeta)

Críticas

«Una novela que no es intercambiable por ninguna otra que hayamos leído», Andrea Abreu y Alba Carballal.

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