Sueño de una noche de teatro
de Mónica Gutiérrez

Publicación: 14 octubre 2021
Editorial: Ediciones B
Páginas: 256
ISBN: 978-8466669825

Biografía del autor

MÓNICA GUTIÉRREZ ARTERO nació en Barcelona y es licenciada en Periodismo y en Historia. Ha sido galardonada con varios premios y menciones en concursos de narrativa breve y poesía, y desde hace unos años también escribe ficción.

Es autora de siete novelas: Próxima Estación (2020), El invierno más oscuro (2018), Todos los veranos del mundo (2018), La librería del señor Livingstone (2017), El noviembre de Kate (2016), Un hotel en ninguna parte (2014) y Cuéntame una noctalia (2012). Todas han recibido una calurosa acogida por parte de los lectores y cuentan con más de un centenar de reseñas positivas en la red.

Sinopsis

Las mejores historias son las que comienzan cuando cae el telón.

Tras el éxito internacional de La librería del señor Livingstone, vuelve Mónica Gutiérrez con una novela repleta de magia y amor por la literatura.

Max Borges es un director de teatro barcelonés que conduce una pequeña y excéntrica compañía. El día del estreno de Macbeth, la obra de Shakespeare, Max está al borde del colapso. Todo parece que va a salir mal en la función que debería ser su salto a la fama más sublime: las brujas son demasiado bellas, al rey Duncan se le ha roto la corona y su Macbeth huele sospechosamente a whisky escocés

Sin embargo, como suele recordarle su inteligente asistente de dirección, Elsa Soler, el espectáculo siempre debe continuar. Sorprendentemente, el duende del teatro parece haberles rociado con su suerte y la función es un éxito absoluto, tanto que son invitados a representar la obra en el Festival Fringe de Edimburgo, el más importante del mundo. La divertida compañía pone rumbo a una aventura en una ciudad llena de magia. Será allí donde, al caer el telón, el amor y la amistad se conviertan en los verdaderos protagonistas de esta historia.

Nota de prensa

Al extraordinario éxito internacional de La librería del señor Livingstone, traducida a más de ocho idiomas, de la autora española y referente del feelgood, Mónica Gutiérrez, habrá ahora que añadir esta nueva novela cuya creación hunde sus raíces en la magia y la pasión por la literatura que alumbran el conjunto de su obra.

Mónica Gutiérrez, en Sueño de una noche de verano, no solo nos transporta a las vivencias que acontecen entre bastidores, sino que nos acerca, con mucho sentido del humor, a la experiencia más íntima y personal de todos y cada uno de los que componen el reparto de esta compañía teatral al enfrentarse al reto de tener que representar Macbeth, de William Shakespeare, acaso una de las más cruentas y oscuras obras del bardo de Stratford-Upon-Avon.

Pese a las múltiples vicisitudes a las que se enfrentan actores y director a fin de llevar a escena esta obra, no ceja la autora en su empeño por asegurarse de que el humor acompañe a los protagonistas de este Sueño de una noche de teatro.

Max Borges, tras frotarse los ojos y volverlos a abrir, las tres hadas del bosque de Marbaden continuaban sobre el escenario recitando la primera escena del primer acto. —Antes de que el sol se ponga —decía una de las hermosas ninfas con su voz cristalina. —En el páramo —continuaba su bella compañera. El señor Borges adoptó lo que esperaba fuese su mejor semblante de decepción —aunque podría tomarse por una imitación bastante pasable de un pterodáctilo sufriendo mucho— y se volvió hacia Elsa Soler, su ayudante de dirección, con los labios apretados. Elsa, que conocía a su director y se hacía una idea bastante aproximada de lo que debía de estar pensando sobre las tres brujas, no se arriesgó a mirarle y mantuvo los ojos fijos en el escenario. —Las maquillaremos —susurró Elsa todavía sin mirarle—. Y el vestuario de Aurora disimulará todo lo demás. ¿Has visto los trajes? Son magníficos. —¿Dónde están mis brujas? —preguntó el director en el mismo tono de voz—. Las originales. —Marisa está a punto de dar a luz, Marta se despidió la semana pasada y a Marbelis, pese a estar embarazada, la tienes ahí, haciendo de bruja primera.

Elsa Soler se convirtió en ayudante de dirección de Max Borges su ayudante de dirección tras un encuentro digamos que fortuito en un bar frente a Facultat de Geografia i Història de la Universitat de Barcelona, desesperada tras no conseguir una cita con su profesor de tesis. A Max lo andaban buscando para que impartiera una conferencia. Las buenas artes de Elsa no solo consiguieron que él acudiese al aula, sino que se la contratara para ser su mano derecha, y persona imprescindible para el director.

El proceloso mundo del teatro la había seducido a medida que lo había ido conociendo y trabajar con Max había resultado sorprendentemente sencillo a la vez que abrumador. Elsa había leído sin descanso comedias y dramas, clásicos y contemporáneos, tragicomedias, romances, duelos a muerte, planteamientos morales y filosóficos… Había leído teatro y más teatro. Y mientras seguía las minuciosas instrucciones —y la rigurosa bibliografía recomendada— del taciturno director teatral, un escenario luminoso y cambiante había ido desvelando sus secretos para ella. Se había enamorado de la vida de los escenarios con ese amor inmortal de los besos de la bellísima Helena de Marlowe.

Los personajes secundarios, como en las obras de Shakespeare, confirme se despliega el desenlace de la trama, van adquiriendo mayor presencia y relevancia: El dramaturgo asesor de Max, Enzo Pooh, obsesionado con la obra del bardo y que somete a la compañía a eternas sesiones para que comprendan a qué se enfrentan.

Enzo era tan meticulosamente respetuoso con los textos originales de Will que se negaba a alterarlos en lo más mínimo; odiaba en concreto las adaptaciones modernizadas (el humor isabelino era isabelino) y huía como de la peste de cualquier puesta en escena que implicara un marco histórico y temporal que no fuese el original. Le ponían enfermo los Hamlets desnudos correteando por el escenario, los Romeos y Julietas en vaqueros, las fierecillas domadas en escenarios apocalípticos o los Enriques V en campos de concentración. Cualquier libertad de marco, de interpretación, de desfiguración, le producía náuseas, deseo de apalear a los responsables de semejante aberración y ganas de salir corriendo hacia Stratford-upon-Avon para arrodillarse sobre la humilde tumba de Will y hacer acto de contrición ajeno.

El actor que interpreta a Macbeth, Pere Ricart, cuyo savoir faire interpretativo mejora notablemente con unas cuantas copas de más.

Aunque tenía mal aspecto, esa tarde Pere Ricart interpretaba a Macbeth a la perfección. Se le veía concentrado y las líneas de texto salían de su garganta con la contención precisa que tanto agradaba al director teatral. Hacía un par de años, Borges había asistido a una representación de Pere Ricart donde su Tartufo había sido aclamado por el público por su magnífica interpretación. El director teatral sabía que había actuado completamente borracho desde el primero hasta el último acto, pero se hubiese apostado sus cinco premios Butaca a que nadie más lo había notado.

Y, finalmente, Margot Degard, la diva, que interpreta a Lady Macbeth, y a quien le detectan, a mitad de los ensayos, una diabetes tipo dos.

Margot, que vivía libre de las cadenas de la edad porque las divas podían bordar el papel de Lady Macbeth pese a casi doblar en años al mismísimo rey Duncan, sintió la punzada del temor. Los escenarios eran su vida. Había decidido desde hacía muchísimo tiempo, tanto que ni siquiera lo recordaba, que moriría sobre ellos. Pero no así, enferma, esclava de la medicación y convertida en una sombra de sí misma. Moriría entera, recitando sin pausas el parlamento final de Medea, las desesperadas despedidas de Clitemnestra o los alegres consejos amorosos de Beatriz.

 

Sin ánimo de revelar el desenlace de esta divertida novela, sí podemos adelantarles, a modo de impío spoiler, que Elsa dejará plantado a Max Borges el mismo día del estreno Macbeth en el Festival Fringe y que, para sorpresa de lectores y protagonistas, se reencontrarán en un pequeño hotel de Skye Island, donde aparece hasta el mismísimo David William Donald Cameron, primer ministro de Reino Unido, a quien Mónica Gutiérrez ruega «que—en el muy improbable caso de que tenga a bien leerse esta novela— le perdone cualquier impertinencia que pudiese haber deslizado en ella, pues nunca ha sido intención de la escritora importunarle ni calumniarle».

*Contenido original proporcionado por la editorial Ediciones B

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