Alimentamos una isla: Cómo la cocina puede reconstruir la vida
de José Andrés

Publicación: 8 enero 2019
Editorial: Planeta
Páginas: 328
ISBN: 978-8408202493

Biografía del autor

José Andrés es el fundador y presidente de World Central Kitchen, la ONG detrás de #ChefsForPuertoRico, y cofundador de ThinkFoodGroup, su grupo de más treinta restaurantes alrededor del mundo. Como chef, Andrés ha sido galardonado con el James Beard Award y con una estrella Michelin, y fue nombrado entre las 100 personas más influyentes de la revista Time. Es también autor de dos libros de cocina.

Richard Wolffe es el coescritor de los libros de cocina de Andrés y de sus dos series de PBS sobre la cocina regional de España. Wolffe es también columnista de The Guardian y autor de tres libros bestsellers sobre Barack Obama. Anteriormente, trabajó en el Financial TimesNewsweek y NBC News.

Sinopsis

La historia verdadera de cómo un grupo de chefs alimentó a cientos de miles de estadounidenses hambrientos después del huracán María y conmovió los corazones de muchos más.

El chef José Andrés llegó a Puerto Rico cuatro días después de que el huracán María azotara la isla. La economía quedó destruida y para la mayoría de las personas no había agua limpia, ni alimentos, ni energía, ni gas, ni forma de comunicarse con el mundo exterior.

Andrés abordó la crisis humanitaria de la única manera en que sabía que podía hacerlo: alimentando a las personas, una comida caliente a la vez. Desde servir sancocho con su amigo José Enrique en el devastado restaurante de Enrique en San Juan, hasta cocinar 100,000 comidas al día en más de una docena de cocinas en toda la isla, Andrés y su equipo alimentaron a cientos de miles de personas. Al mismo tiempo, también enfrentaron una crisis con raíces profundas, así como el sistema roto y derrochador que ayuda a mantener económicamente a algunas de las organizaciones benéficas y ONGs más grandes.

Basándose en la perspectiva de Andrés, así como en reuniones, mensajes y conversaciones que tuvo durante su estadía en Puerto Rico, Alimentamos una isla describe de manera conmovedora cómo una red de cocinas comunitarias logró realizar un verdadero cambio, y cuenta una extraordinaria historia de esperanza ante los desastres, tanto los naturales y como aquellos causados por el ser humano.

Nota de prensa

ALIMENTAMOS UNA ISLA

Cómo la cocina puede reconstruir la vida JOSÉ ANDRÉS

 

José Andrés llegó a Puerto Rico cuatro días después de que el huracán María devastase la isla, y abordó la crisis humanitaria de la única manera que sabía: alimentando a las personas más afectadas. Empezó preparando unas pocas comidas al día. Pronto fueron 1.000, más tarde 5.000, luego 10.000… Menos de dos semanas después, él y su equipo estaban elaborando 100.000 comidas diarias en más de una decena de cocinas repartidas por toda la isla. Todo ello en medio del caos generado no ya por el huracán, sino por una suma de factores: una crisis de raíces muy profundas, la ineficacia del gobierno de Donald Trump, el sistema fallido y derrochador de algunas ONG… Un conjunto de circunstancias que impulsó a José Andrés a dar el paso: asumir el liderazgo que no buscaba, denunciar la incompetencia de los llamados a ayudar y sacar a la luz aquello que no funciona de nuestra cultura alimentaria actual.

«Esta es la historia de nuestra lucha para que los hambrientos pudieran comer. No les alimentamos tanto como hubiéramos querido, pero estuvimos ahí, aun cuando nunca debimos estar.»

UNA NECESIDAD MORAL

Cuando el huracán María devastó Puerto Rico la segunda quincena de septiembre de 2017, sentí como si el destino me trajera de vuelta al lugar donde todo empezó para mí. Fue como si dos líneas del tiempo se encontraran en el mismo punto del cálido mar Caribe: mi pasado y mi presente, las raíces españolas de esta isla y su identidad estadounidense. (…) Estas islas no son solo destinos turísticos ni tampoco blancos para huracanes. Fueron los primeros lugares que los colonos explotaron y recrearon a su propia imagen, aunque a día de hoy conservan las cicatrices de su abuso y abandono. No podemos valorar a Puerto Rico por sus cosechas o por las ventajas de seguridad nacional que ofrece, y luego ignorar a sus habitantes cuando necesitan nuestras inversiones para romper un ciclo de pobreza o recuperarse de la furia de la naturaleza. (…) Era claro para todos en Puerto Rico que el presidente no sabía nada de la historia de Estados Unidos en esta isla antes de que golpeara el huracán. Cuando Donald Trump se burló de la pronunciación del nombre de esta isla rememoró un tiempo en que los estadounidenses gobernaban sin considerar su identidad. «Amamos Puerto Rico», le dijo a una multitud de simpatizantes en la Casa Blanca para el Mes Nacional de la Herencia Hispana, casi dos semanas después del huracán. «Puerto Rico», repitió, enfatizando el acento español otra vez. «Y también amamos a Porto Rico», añadió, riéndose de su broma. Nuestra respuesta a un desastre natural nunca ha dependido del acento de una persona o de la política. Podemos ser republicanos o demócratas —hasta apolíticos en todo caso—, pero todos somos fundamentalmente estadounidenses. Este país tiene una larga y digna tradición de cuidar de los suyos, y de quienes no lo son, en sus momentos de necesidad. (…) Un plato de comida es mucho más que solo comida. Envía el mensaje de que alguien en la distancia se preocupa por ti, que no estás solo. Es un faro de esperanza diciendo que quizás, en alguna parte, algo bueno está sucediendo. Es la esperanza de que Estados Unidos se convertirá en Estados Unidos otra vez. Eso es un plato de comida, es un mensaje para cada hombre y cada mujer en mi equipo, diciendo que nos importa, que no hemos olvidado, y eso permite que las personas angustiadas tengan un poco más de paciencia, solo un día más. (…)

Necesitamos construir un nuevo modelo de ayuda en caso de desastre y asistencia alimentaria que comprenda las necesidades y los deseos de quien lo recibe, y necesitamos hacerlo de inmediato. Logramos algo extraordinario en Puerto Rico: mientras que el Gobierno federal y las gigantescas instituciones benéficas luchaban por hacer algo, nosotros preparamos más de tres millones de comidas como una organización pequeña sin ánimo de lucro, sobrepasamos carreteras bloqueadas y puentes derrumbados, resistencia política y trabas burocráticas, los cuellos de botella de las provisiones y la falta de liquidez. Fue un trabajo caluroso, sudoroso y agotador, pero también fue inspirador, cambió nuestras vidas y canalizó nuestro amor para hacer algo tan simple como esto: alimentar a la población. (…) La asistencia alimentaria en los desastres no es solo una cuestión de resultados y de responsabilidad, es una necesidad moral. Como dijo Tom Joad en el clásico de Steinbeck sobre la Gran Depresión, Las uvas de la ira: «Donde haya una pelea para que los hambrientos puedan comer, ahí estaré».

ALIMENTAR AL MUNDO

Siete años antes del huracán María tuve mi primera experiencia con la asistencia alimentaria en otra isla caribeña. Yo no sabía qué encontraría en mi primera visita a Haití, ya que el terremoto del martes 12 enero de 2010 derribó gran parte de su capital, Puerto Príncipe, incluyendo el palacio presidencial y el edificio de la Asamblea Nacional, así como 250.000 hogares. El temblor se cobró 158.000 vidas y generó más de 5.000 millones de dólares en ayuda internacional. Tras el cataclismo el lugar se llenó de voluntarios, médicos y enfermeras. ¿Qué podía lograr un cocinero ahí? (…)

ROJO DE RABIA

Algunas personas empiezan su día planeando cómo van a ayudar al mundo, otras solo se arreglan para ir a la oficina, y luego están las personas que pasan las primeras horas viendo las noticias en televisión por cable y tuitean como respuesta.

Al parecer, esta fue la forma en que Donald Trump despertó el día que me dirigía a un rincón lejano de Puerto Rico: la isla de Vieques. Mientras intentaba descifrar cómo alimentar a la gente, con o sin FEMA [Agencia Federal para la Gestión de Emergencias], el presidente de Estados Unidos amenazaba con cerrar todas las operaciones en Puerto Rico. Primero culpó a los isleños por «un desastre financiero en gran medida provocado por ellos mismos», a continuación, añadió que su infraestructura era un desastre, y, finalmente, amenazó con abandonar la isla, diciendo: «¡No podemos dejar a FEMA, al Ejército y al personal de primeros auxilios, quienes han hecho un gran trabajo (bajo las circunstancias más difíciles) en Puerto Rico para siempre!».

*Contenido original proporcionado por Comunicación Planeta

Críticas

«Lo que está a punto de leer es la historia de alguien que ayudó a la gente en tiempo de crisis. Alguien que no se detuvo en trámites ni permisos mientras la gente pasaba hambre. Alguien que vio que sin alimento, nadie puede sacar las fuerzas para recuperarse y reconstruir [una isla] en los largos días, meses y años por venir». -Luis A. Miranda, Jr. y Lin-Manuel Miranda

«Cuando el Huracán tocó tierra en Puerto Rico, José Andrés no esperó. Simplemente se presentó en la isla y con lo que encontró allí, y lo que pudo conseguir de otras partes, logró alimentar a decenas de miles de personas, llegando a distribuir más comidas que FEMA o la Cruz Roja. Su gran corazón y su energía sin límites no se vieron restringidos por trabas burocráticas. La gente tenía hambre, y José es un chef. Los chefs dan de comer. Él, mejor que nadie, lo entendía. Es un líder, un innovador, y un verdadero héroe». -Anthony Bourdain

Un extraordinario libro de recetas de cocina verde de la mano del chef José Andrés José Andrés se ha propuesto una misión: cambiar la forma en que vemos las verduras. Conocido por su energía inagotable y su salvaje imaginación, el chef asturiano canaliza sus treinta años de cocinar y comer por todo el mundo en Verduras sin límites, una carta de amor apasionada, sorprendente y deliciosa al reino vegetal. El objetivo de este libro es mostrarnos cómo podemos comer más verduras de las formas más diversas y satisfactorias posibles. En Verduras sin límites encontraremos las recetas, los trucos y los consejos que se esconden tras los platos que han hecho de José Andrés uno de los chefs más importantes de América: los intensos gazpachos y sangrías; la imponente hamburguesa de tomate corazón de buey; las creaciones mexicanas, de Oriente Medio y modernas que alimentan sus galardonados restaurantes. Y también tendremos a nuestro alcance ideas atrevidas y explosiones de genialidad que nos ayudarán a ver con otros ojos todo el potencial del mundo de las plantas.
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