Castellano
de Lorenzo Silva

Publicación: 5 mayo 2021
Editorial: Ediciones Destino
Páginas: 368
ISBN: 978-8423359561

Biografía del autor

Lorenzo Silva (Madrid, 1966) es uno de los grandes referentes de la literatura contemporánea y sus novelas policiacas e históricas suman más de dos millones de lectores. Ha escrito, entre otras, las novelas La flaqueza del bolchevique (finalista del Premio Nadal 1997), La sustancia interior, El ángel oculto, El nombre de los nuestros, Carta blanca (Premio Primavera 2004), El blog del inquisidor, Niños feroces, Música para feos, Recordarán tu nombre y la «Trilogía de Getafe». Es autor del libro de viajes Del Rif al Yebala. Viaje al sueño y la pesadilla de Marruecos y de Sereno en el peligro (Premio Algaba de Ensayo). Suya es también la exitosa serie protagonizada por los investigadores Bevilacqua y Chamorro, de la que El mal de Corcira es la última entrega, tras El alquimista impaciente (Premio Nadal 2000) y La marca del meridiano (Premio Planeta 2012), entre otras. Junto con Noemí Trujillo, firma una nueva serie policiaca que han iniciado con Si esto es una mujer.

Sinopsis

La épica revuelta del pueblo de Castilla contra el abuso de poder de Carlos V culminó en la batalla de Villalar, el 23 de abril de 1521. Las tropas imperiales arrollaron a las de las Comunidades de Castilla y decapitaron a sus principales capitanes: Padilla, Bravo y Maldonado. Aquella jornada marcó el declive definitivo de un próspero reino que se extendía a lo largo de tres continentes y cuya disolución dio lugar a un nuevo Imperio que se sirvió de sus gentes y sus recursos. Desde entonces, Castilla y los castellanos han sido vistos como abusivos dominadores, cuando en realidad su alma quedó perdida en aquel campo de batalla y ha languidecido en tierras empobrecidas, ciudades despobladas y pendones descoloridos.

Esta novela es un viaje a aquel fracaso, nacido de un sueño de orgullo y libertad frente a la ambición y la codicia de gobernantes intrusos y, en paralelo, del descubrimiento tardío del autor, a raíz del extrañamiento y el rechazo ajeno, de su filiación castellana y del peso que esta ha tenido en su carácter y en su visión del mundo.

Nota de prensa

1521. La revuelta de los comuneros contra Carlos V.
Un sueño de orgullo y libertad que marcó la identidad española.
El regreso de Lorenzo Silva con la que tal vez sea su novela más personal y comprometida.

«Esto es el relato de un viaje: de cómo, contra todo pronóstico, alguien que nunca tuvo noción de ser nada, en términos de adscripción colectiva, y que podría no ser quien lo narra, acaba siendo y sintiéndose algo.» LORENZO SILVA

«Esto es el relato de un viaje: cómo, contra todo pronóstico, alguien que nunca tuvo noción de ser nada, en términos de adscripción colectiva, y que podría no ser quien lo narra, acaba siendo y sintiéndose algo.»

El narrador de esta historia conduce entre la niebla por una carretera de la Mancha una fría mañana de invierno, cuando unos versos del poema épico Los comuneros de Luis López Álvarez en el estéreo, musicalizados por los integrantes de Nuevo Mester de Juglaría, irrumpen como una epifanía. Esos versos pulsan una cuerda muy íntima y despiertan al castellano dormido en su interior. Algo cuando menos curioso, porque se trata de un madrileño, tan andaluz y mediterráneo por familia paterna como de origen castellano por parte de madre, que además siempre se ha mostrado renuente a cualquier cuestión identitaria o adscripción colectiva. ¿Qué ha ocurrido entonces?

Pues lo mismo que pronto le ocurrirá al lector, interpelado por ese mismo narrador en primera persona, a poco de emprender el viaje junto a él, montado en un relato de una fuerza arrolladora. Un viaje que se desdobla en dos dimensiones, en el espacio y en el tiempo. Por un lado, a través de la meseta castellana: Toledo, Segovia, Valladolid, Burgos… y un puñado de poblados empobrecidos de esa España vaciada que languidece con pendones descoloridos de sus antiguas glorias. Y por el otro, el relato que retrocede cinco siglos, en sutil contrapunto con el presente, para reconstruir con una nitidez casi cinematográfica la rebelión de los comuneros, la épica revuelta de las gentes de Castilla que se alzaron en armas contra la opresión de un monarca absolutista y sus abusivas demandas fiscales.

En los albores del siglo XVI, entre las primaveras de 1520 y 1522, las clases populares y medias y la pequeña nobleza de las ciudades castellanas, capitaneadas por unos pocos valerosos como Juan de Padilla, Francisco Maldonado, Juan Bravo o el obispo Antonio de Acuña se atrevieron a desafiar el inconmensurable poder de Carlos V. Frente a la ambición de intereses espurios y a la codicia sin límites de unos gobernantes intrusos que esquilmaban las Comunidades de Castilla, aquellos orgullosos caballeros se rebelaron en pos de su dignidad tras un sueño de libertad. Y pagaron muy caro la osadía, porque las tropas de Carlos V aplastaron a los revolucionarios en la batalla de Villalar, el 23 de abril de 1521, y los caudillos comuneros fueron pasados a degüello.

Aquella derrota casi definitiva marcó el ocaso de un próspero reino y su lento declive, al tiempo que nacía el Imperio que bajo el poder de su césar victorioso se extendería por cuatro continentes. Sin embargo, ese anhelo de justicia y libertad de un puñado de bravos castellanos puede que no pereciera en el campo de batalla y aún perviva quizá un tanto aletargado en el carácter adusto de todo un pueblo, en una particular visión del mundo cifrada en una lengua hablada en la actualidad por más de quinientos millones de personas.

De todo eso trata Castellano, quizá la novela más personal y comprometida de Lorenzo Silva, tan ambiciosa y lograda como de difícil clasificación genérica. Una obra preñada de memorables escenas históricas y agudas reflexiones sobre el presente entretejidas con notable pulso narrativo. Un viaje a las profundidades del alma castellana, sin escatimar ni obviar sus claroscuros, porque en el arrojo y la valentía del espíritu de la meseta también anida la crueldad y la avaricia de los conquistadores, un viaje para traer a la superficie de nuestro presente los nobles ideales comuneros, y que es además un descubrimiento, por parte del narrador, de la inesperada filiación de unos antepasados, cuyo legado no le será ajeno a ningún lector. La herencia compartida por todos aquellos que habitan, como diría Carlos Fuentes, el ancho y vasto territorio de la Mancha.

 

 

UNA NOVELA HÍBRIDA

El ritmo, la tensión y el pulso narrativo son propios de una trepidante novela histórica, y la obra se lee como tal. Sin embargo, Lorenzo Silva rechaza a conciencia las licencias propias del género que abren la puerta a la imaginación literaria, con la invención de conflictos, personajes y escenas, además de permitir pequeños anacronismos e inexactitudes. «Desde el principio de este proyecto tuve claro que iba a renunciar a esa comodidad», confiesa el autor en la nota final.

Pero a la vez que aparca la ficción en su reconstrucción histórica, el narrador, que se parece mucho al autor de carne y hueso aunque jamás lo confirme, sí que se permite, en cambio, enriquecer el relato con experiencias personales de todo tipo al filo de la autobiografía o las memorias. Y a su vez también abre la narración sin complejos a la reflexión crítica y al tono discursivo propio del ensayo.

Entre esos tres enfoques complementarios que no se estorban, sino todo lo contrario, discurre esta novela sin ficción. Una mixtura o hibridación de géneros que le permite al popular creador de la serie de Bevilacqua y Chamorro ir un paso más allá de cada uno de ellos para salir airoso del difícil desafío autoimpuesto. A saber: «recoger y sintetizar con la mayor integridad posible unos hechos que revelan el carácter de un pueblo —el castellano— y fueron determinantes en la constitución de otro —el español—».

 

 

LA REIVINDICACIÓN DE UN LEGADO

El debate historiográfico aún perdura, y para algunos historiadores la revolución de los comuneros se reduce a una revuelta antifiscal o un mero movimiento antiseñorial. Una visión que parece un tanto injusta con aquellos castellanos que se alzaron en armas contra el despotismo absolutista y dieron su vida por un orgulloso ideal de libertad y justicia. Este espíritu en buena medida moderno de los comuneros es la herencia o el legado que reivindicaban el primer liberalismo español que ponía la nación por encima del rey desde la primera Constitución de Cádiz. Y en ese mismo espíritu comunero reparó siglos después el presidente de la república Manuel Azaña, quien se inspiró en él cuando le tocó ser artífice de una nueva constitución.

En esa línea de reivindicación de los nobles ideales comuneros se inscribe Castellano, pero el recorrido que plantea Lorenzo Silva en esta obra es mucho más vasto y no se reduce solo al ideario de aquellos pioneros que lucharon por la dignidad y la justicia, sino que traza una larga cadena de filiaciones que llega hasta Unamuno, Menéndez y Pelayo, Antonio Machado, Miguel Delibes, Sánchez Ferlosio… Un completo retrato del alma de un pueblo que, pese a todo, no se rinde, y cuyo anhelo pervive en la lengua y en los sueños de Alonso Quijano.

 

 

EXTRACTOS DEL LIBRO

«Fue aquella mañana y así, conduciendo en soledad bajo la niebla y mientras veía a duras penas la autovía, cuando atisbé con claridad lo que hasta entonces había permanecido oculto a mis ojos. Aquella era la historia de los míos, mi propia historia, y era inconcebible que hubiera tardado tanto tiempo en comprenderlo. […] Fue aquella mañana cuando nació este libro, la necesidad de reconstruir y narrar el itinerario…»

«Por eso, lector, dejando de lado otros asuntos, te invito ahora a retroceder cinco siglos, a los días que vieron nacer, del rechazo de Castilla hacia un monarca que les hizo sentir que sólo la quería para servirse de ella y de sus gentes, la gallarda y desdichada revolución comunera.»

«Lo que Castilla por sí ha ganado, no puede acabar contribuyendo al lucro extranjero.»

«Padilla, en nombre de sus compañeros, le expone a la reina por qué se encuentran allí. Le cuenta que un Gobierno odioso y contrario a los intereses del reino ha llevado a los castellanos, después de padecer abusos sin cuento, a formar una junta en Ávila para ponerles coto y dar a Castilla un Gobierno que la defienda y le devuelva su dignidad. En su nombre acuden a verla, también con la misión de liberarla.»

«La crueldad y la avaricia de Pizarro, exentas de cualquier disimulo, son el reverso más siniestro del arrojo castellano, pero a pesar de todo sus hazañas y las de sus hombres provocan el pasmo y la admiración de quienes las narran.»

«Y es que el Juan de Padilla que regresa a Valladolid ya tiene su nombre publicado en la lista de traidores que Carlos V ha dado en Worms el 27 de diciembre de 1520.»

«Durante las primeras semanas de 1521, tanto Padilla como Acuña se lanzan con sus tropas a hacer correrías por la región.»

«En previsión de más ataques que puedan afectar a la moral de sus tropas, Padilla reclama refuerzos. Une a la fuerza de asedio el resto de soldados veteranos, infantería y caballería, y con los cañones logran abrir en la muralla varios portillos por los que los comuneros entran el 25 de febrero en la ciudad [Torrelobatón]. Lo que sigue es un exhaustivo saqueo, que esta vez Padilla no impide: sirve de desahogo a sus hombres y como represalia al señor a quien pertenece la plaza.»

«La fama de Padilla como caudillo militar se agiganta ante los suyos con esa victoria, la primera que puede atribuirse como general frente a una fuerza apreciable y una plaza ardua de expugnar. La euforia se apodera de los revolucionarios, que sienten que han logrado revertir el fiasco de Tordesillas.»

«—No miréis en vuestros agüeros salvo a Dios —replica Padilla—, a quien tengo ofrecida la vida por el bien común de estos reinos. Ya no es tiempo de ir atrás, el Señor haga de mí lo que fuere a su servicio.»

«Es Padilla el primero señalado, en la lista del emperador y para que la cuchilla del verdugo le rebane el cuello, pero Juan Bravo pide ir antes para no ver morir a su capitán, voluntad que le es concedida. Al matarife no se lo pone fácil el de Segovia, que aunque se ha postulado sigue sin avenirse a la muerte que quieren darle.»

«Contemplados a esa luz, el sacrificio y la derrota de Castilla, la revuelta aplastada de Padilla y compañía, la suma de los afanes de tantos […] no se antojan del todo estériles.»

«Querían superar sus desequilibrios, reparar sus injusticias y proyectarlo hacia el futuro, en lugar de dejar que fuera rehén de los ensueños de un rey absoluto emperrado en emular a Julio César y a Carlomagno en una Europa que no podía estar menos predispuesta a consentirle el capricho.»

«Castilla no estará abatida mientras alguien abra las páginas del Quijote y encuentre en ellas razones para vivir como quiso Alonso Quijano: sin contemporanizar con malévolos encantadores, sin renunciar a la libertad ni a la luz dolorosa del ideal, sin dejar de amar lo que debe amarse ni de exponerse al más noble de los descalabros.»

«Ahora que llego a la meta de mi viaje, me da la sensación de que este libro ha sido mi juego de espejos para leer y entender, al fin, el mensaje oculto de mis ancestros castellanos.»

*Contenido original proporcionado por la editorial Ediciones Destino

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