GRM Brainfuck de Sibylle Berg

Publicación: 15 octubre 2020
Editorial: AdN Alianza
Páginas: 528
ISBN: 978-8413620534
Traductor: Núria Molines Galarza

Biografía del autor

Sibylle Berg nació en Weimar y se crio en Constanza (Rumanía) con una familia de acogida; tiene nacionalidad suiza. Antes de estudiar en Alemania fue buzo militar. Hoy es una de las autoras y dramaturgas más célebres del ámbito germanoparlante. Vive como ciudadana suiza en Zúrich, su obra consta de más de 25 piezas teatrales y 15 novelas; la han traducido a unos 34 idiomas. Por «GRM Brainfuck» le concedieron el Premio Suizo del Libro 2019. En 2020 se alzó con el Gran Premio Suizo de la Literatura por toda su obra, el mayor reconocimiento que se puede otorgar en Suiza en el ámbito de las letras.

Sinopsis

PREMIO SUIZO DEL LIBRO 2019 GRAN PREMIO SUIZO DE LITERATURA 2020

Occidente ha dejado atrás su momento álgido; crece el paro juvenil, casi se ha culminado la privatización del Estado y la dictadura de la vigilancia se extiende por todas partes. Por el bien de la población. Estamos en Inglaterra o en cualquier otro país del mundo que también esté dividido; la mayoría es cada vez más pobre porque el capital crece por segundos. Cuatro jóvenes de entornos normales, véase, pobres, se han hartado de la realidad de un Estado fallido, de la beneficencia, de la falta de oportunidades, del sintechismo y del miedo a la policía, de la inhumanidad, los drones y una sociedad cada vez más despiadada. Buscan un lugar mejor para vivir que parece desvanecerse incluso antes de que se instalen en él. Esta novela es un viaje por lo absurdo de nuestros tiempos al ritmo de grime, la música de una generación cabreada. Esto no es una distopía. Es nuestra época. Pasen y vean el mundo de «GRM».

Nota de prensa

«Donde antaño había ideales sociales, ahora ya no queda nada»

ENTREVISTA DE UTE WELTY PARA DEUTSCHLANDRADIO KULTUR

GRM Brainfuck, de Sibylle Berg, es una funesta ventana al futuro. Sin embargo, la autora no quiere que su nueva novela se entienda como un aviso, ya que el final del mundo, según Berg, todavía nos queda un poco lejos.

La nueva novela de Sibylle Berg, GRM Brainfuck es una oscura distopía que retrata las posibles consecuencias del neo- liberalismo y la digitalización, aunque Berg tampoco cree que nuestro mundo vaya forzosamente hacia un orwelliano estado de vigilancia total. En la charla que mantuvo con Ute Welty en Deutschlandfunk Kultur dijo, a propósito de este nuevo libro y de la investigación que llevó a cabo para él, que para nada piensa que el fin del mundo esté cerca: «Vivo en nuestro presente, que creo que también tiene muchas cosas buenas, y estoy lejos de pensar que el fin del mundo esté a la vuelta de la esquina». Esa situación provoca ese «desasosiego que todos sentimos», decía la autora.

En GRM no ataca el neoliberalismo, solo lo describe, dice Berg. «Donde antaño había ideales sociales, ahora ya no queda nada», se quejaba la escritora. Para poner ejemplos de los peligros de la digitalización, Berg mira hacia China y aprovecha la entrevista para criticar las cámaras biométricas y los sistemas de «puntuación social». Sin embargo, tampoco quiere que entendamos su libro como una advertencia: «No sé qué acciones de envergadura se pueden llevar a cabo contra este desarrollo de los acontecimientos», nos decía la autora. «No me sentía ni con tono de alerta ni tampoco quejumbroso, sino más bien con ánimo de retratar y observar lo que le pasaba a la gente. ¿Cómo se vive cuando la época lo formula todo de manera más precisa?».

El debut de Sibylle Berg, en su momento, no encontraba editorial, más tarde Ein paar Leute suchen das Glück und lachen sich tot [Un par de personas buscan la felicidad y se mueren de risa] se convirtió en todo un éxito de ventas. Ahora se publica su último libro GRM Brainfuck. El grime es un tipo de rap más duro y más rápido, y es la música preferida de los protagonistas de la novela; la banda sonora de sus vidas y lo que inspiró a Berg para escribir estas más de seiscientas páginas donde describe la miseria británica, primero en la pequeña ciudad de Rochdale y luego en la capital, en Londres.

Es un lugar muy ejemplar. No elegí Inglaterra porque tuviera que ser allí a toda costa —aunque basta con fijarse en lo que está pasando con el Brexit—, sino porque, según mis investigaciones, es el país donde todos los intereses que aparecen en el libro se presentan de manera más «ejemplar», véase, la vigilancia, la digitalización, la privatización; véase también, el neoliberalismo. Por eso me pareció que, ya que allí lo tienen tan bien montado, tal vez nos permitiría ver cómo podría estar el mundo dentro de poco tiempo; cómo estaría el resto del mundo occidental.

Vamos, que nada de consuelo, que esto es una funesta ventana al futuro.

Mi intención con este libro ha sido visibilizar muchas cosas que, ahora mismo, se van haciendo cada vez más grandes a nuestro alrededor sin que las entendamos, como la vigilancia o la digitalización, ante la que tantas personas temen que vengan los robots y nos quiten el trabajo. De eso va el asunto. Aunque nada que ver con lo que sucede en la obra de Julio Verne, dentro de cien años, sino de dónde estamos ahora y cómo estaremos, de la mano de la aceleración exponencial, dentro de nada o donde podríamos estar, porque soy Dios, pero solo un poco, igual va y pasa todo al revés.

¿Quiere que se entienda como un aviso para Alemania?

Es que no es un aviso, porque tampoco sé qué acciones de envergadura se pueden llevar a cabo contra este desarrollo de los acontecimientos Tampoco me parece una obra distópico-funesta, simplemente una descripción, un retrato del tiempo que vivimos. No me tomo la libertad de decir que las cosas van a ir fatal, porque tal vez vayan bien. Puede que todo vaya a ser mejor que el futuro fascista, autocrático y nacionalista que pa- rece que atisbamos en el horizonte.

Principalmente, denuncia el neoliberalismo, su delirio privatizador, que, en su versión y su visión, también coloca en manos privadas la Policía y el Ejército. También le preocupa el comportamiento digital de sus personajes, que siempre están conectados y, prácticamente, dejan casi toda su vida en manos de otros. ¿Es inevitable este desarrollo de los acontecimientos, o el ser humano aún puede controlar la digitalización y la inteligencia artificial?

No denuncio el neoliberalismo, lo describo. Creo que fue Warren Buffet quien dijo que vivimos en una guerra de ricos contra pobres; la frase suena algo lapidaria, pero si nos fijamos bien en lo que ahora mismo nos rodea, nos damos cuenta de que no iba nada desencaminado, porque allá donde antaño había ideales sociales, ideas de un Estado social, ya no queda nada de eso, al menos en la mayoría de los países.

En Suiza, donde vivo, se han recortado las ayudas sociales; se martiriza a las personas que reciben ayudas sociales, se suben las primas de las mutuas. Ya sabe, los debates de siempre. En todos los países están con los mismos temas. Al escribir el libro no me sentía ni con tono de alerta ni tampoco quejumbroso o amenazante, sino más bien con ánimo de retratar y observar lo que le pasaba a la gente. ¿Cómo se vive cuando la época lo formula todo de manera más precisa?

¿Y el tema de la digitalización?

Sí, eso se ha ido un poco de madre. Lo que empezó como un experimento de la libertad con internet, ahora se lo han repartido entre los big players o las grandes empresas, que no hace falta nombrar, ya sabemos cuáles son, y que están interesadas en los datos. Eso oímos siempre, que quieren nuestros datos, pero ¿para qué? Lo que piensa la gente es que únicamente los quieren para poder bombardearnos con publicidad, que tampoco es algo tan terrible, al fin y al cabo, vivimos rodeados de publicidad.

Pero ya estamos viendo en China que la cosa va mucho más allá de meternos la publicidad con calzador; allí se ha extendido la facilitación o revelación de todos los datos personales, con lo que se alcanza una vigilancia total con cámaras biométricas, social scores, es decir, una especie de sistema de puntos que evalúa el comportamiento de la ciudadanía y que hace que, si no te portas bien, no te puedas ir de vacaciones, no te den un crédito o que te bloqueen la tarjeta de crédito.

Más o menos, ese es el escenario que me imaginaba en mi libro, porque significa que lo que les interesa a la mayoría de los Estados o de formas de Estado, en mayor o menor medida, es el control de la ciudadanía. Los ciudadanos se esfuerzan por tener un buen comportamiento: qué más se puede pedir.

¿Cómo gestiona este dilema? Quien la sigue en Twitter sabe que es usted una usuaria muy activa de esa red social.

Desde el libro, desde el año que pasé charlando con científicos, hackers, con el CCC [Chaos Computer Club], con informáticos, yo diría que ahora sé más que un usuario medio. Intento cumplir unos estándares mínimos; por ejemplo, cifrado de correo, nada de WhatsApp, nunca revelo en redes sociales mi localización ni doy datos de familiares o mi número de teléfono. Lo que pongo en práctica es una protección un poco para pobres.

Quien se asoma al libro acaba con miedo y temores, pero ahora, teniéndola delante, lo que se ve es a una Sibylle Berg bastante relajada. ¿Es resignación o serenidad?

No, por qué iba a serlo. Una cosa es literatura y la otra soy yo. A ver, tampoco es que aquí esté como en mi casa para poner- me como una energúmena. Vivo en nuestro presente, que creo que también tiene muchas cosas buenas, y estoy lejos de pensar que el fin del mundo esté a la vuelta de la esquina.

En cada época, hay mucha gente que lo piensa. Yo, lo único que creo es que muchas cosas han cambiado y que todo es relativamente abrumador porque sucede a una velocidad pasmosa. También es diferente de la última revolución mecánica de principios de siglo, que fue a un ritmo más pausado. Eso es lo que nos genera ese desasosiego que todos sentimos, o al menos es algo que, junto con otras cosas, contribuye a ello.

Esto no es una distopía: es nuestra época

Occidente ha dejado atrás su momento álgido; crece el paro juvenil, casi se ha culminado la privatización del Estado y la dictadura de la vigilancia se extiende por todas partes. Por el bien de la población. Estamos en Inglaterra o en cualquier otro país del mundo que también esté dividido; la mayoría es cada vez más pobre porque el capital crece por segundos.

Cuatro jóvenes de entornos normales, véase, pobres, se han hartado de la realidad de un Estado fallido, de la beneficencia, de la falta de oportunidades, del sintechismo y del miedo a la policía, de la inhumanidad, los drones y una sociedad cada vez más despiadada. Buscan un lugar mejor para vivir que parece desvanecerse incluso antes de que se instalen en él. Esta novela es un viaje por lo absurdo de nuestros tiempos al ritmo de grime, la música de una generación cabreada.

Esto no es una distopía. Es nuestra época. Pasen y vean el mundo de GRM.

*Contenido original proporcionado por la editorial Alianza Editorial

Críticas

«Una crítica a la civilización con mucha mala baba. Sombrío, maravillosamente contado». BUCHKULTUR

«Un libro que es como un artefacto explosivo. Brutal y tierno al mismo tiempo». DIE ZEIT

«Este libro es una indemnización por todos los bodrios de la literatura contemporánea». FRANKFURTER ALLGEMEINE ZEITUNG

«Michel Houllebecq es un adorable muchachito del coro al lado de Sibylle Berg, una escritora superdotada y que está de vuelta y media de todo». TAGES-ANZEIGER

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