Raíces rubias

Raíces rubias
de Bernardine Evaristo

Un mundo en el que los esclavos son los amos y los amos los esclavos.

De la ganadora del Booker por Niña, mujer, otras, una brillante sátira sobre la esclavitud.

Bienvenidos a un mundo al revés. Un buen día, Doris está jugando al escondite con sus hermanas en el prado de detrás de su casa, en Inglaterra. De repente, alguien se abalanza sobre ella, le pone un saco en la cabeza, y Doris termina en la bodega de un barco de esclavos que navega hacia el Nuevo Mundo.

En esta fantástica e imaginativa vuelta de tuerca a la trata transatlántica de esclavos -en la que los blancos son esclavizados por los negros-, Bernardine Evaristo nos invita a reflexionar con una sátira tan asequible y fácil de leer como inteligente y perspicaz. Raíces rubias nos acerca hasta la incomodidad a los grilletes, los lamentos y demás barbaries del esclavismo, planteando preguntas muy oportunas sobre la sociedad de hoy.

Bernardine Evaristo, anglonigeriana, es autora de ocho libros y muchas otras obras producidas y publicadas que abarcan todos los géneros: novela, poesía, ficción en verso, relato corto, ensayo, crítica literaria, teatro y radionovela. Su obra se fundamenta en su interés por la diáspora africana. Bernardine es activista de largo recorrido por la inclusión en las artes, y ha emprendido varios proyectos para luchar contra la falta de representación de las personas de color. En 1982, cofundó la primera compañía de teatro de mujeres negras de Gran Bretaña, el Theater of Black Women; en 2007 puso en marcha un programa de mentorías para poetas de color, y en 2012 creó, junto con la Universidad de Brunel, el Premio Internacional de Brunel de Poesía Africana. Es profesora de Escritura Creativa en la Universidad de Brunel en Londres. Con «Niña, mujer, otras», su octava novela, lo que la convierte en la primera mujer negra en ganar este galardón, que compartió con Margaret Atwood. En octubre de 2021, aparecerá su primer libro ensayístico, «Manifiesto: por qué no hay que rendirse», que AdN publicará en los próximos meses. También disponible de Bernardine Evaristo en AdN: «Niña, mujer, otras«.

Entrevista y traducción de Corneeltje van Bleijswijk Weiss*

 

¿Qué le impulsó a escribir una novela sobre la esclavitud en Gran Bretaña?

Quise escribir sobre el comercio transatlántico de esclavos examinando la participación británica en él. En su momento, Gran Bretaña fue el mayor traficante de esclavos del mundo y la economía británica, especialmente las ciudades portuarias ligadas a Londres, como Liverpool y Bristol, fundaron su gran desarrollo urbano sobre los beneficios obtenidos de este comercio esclavista. No obstante, no es esta una historia que se haya aceptado del todo en Gran Bretaña. Los medios de comunicación no han explorado este tema de la misma forma en que ha sido tratado, por ejemplo, en Estados Unidos.

Allí se han publicado multitud de libros históricos, literatura de ficción y no ficción, poesía, gran cantidad de películas, programas de radio, documentales de televisión y obras de teatro. En cambio, la implicación británica en la historia de la esclavitud no ha suscitado el mismo interés. Así que quise escribir sobre la materia porque me pareció importante, pero desde una perspectiva diferente. Como escritora me considero una voz marginal que ha surgido de la experimentación y me gusta presentar enfoques distintos. Quise hallar una manera de escribir sobre la esclavitud de tal forma que los lectores pudiesen volver a observar este momento histórico desde una perspectiva nueva.

Fue entonces cuando se me ocurrió la idea de darle la vuelta a la historia creando este mundo invertido en el que los africanos esclavizan a los europeos. Uno de mis objetivos como escritora es precisamente rescatar aquellas historias silenciadas que no forman parte de la narrativa y cultura mainstream de Gran Bretaña, pero que son importantes y cruciales.

 

Buana, el principal personaje masculino de Raíces rubias, parece una excusa perfecta para desvelar los entresijos despiadados del comercio de esclavos.

Realmente fue así. Pero, al mismo tiempo, no puedo dejar de pensar que en nuestro mundo actual también existe la esclavitud: los esclavos asalariados. La ropa que compramos cada día se elabora en fábricas en las que trabajan niños de dos o tres años en terribles condiciones. Aunque me haya documentado para la novela sobre el comercio de esclavos, y haya leído y hable de vez en cuando sobre este aspecto más contemporáneo de la esclavitud, no hago nada en contra de ello.

El comercio transatlántico de esclavos fue probablemente el peor de su clase, pero si hoy nos pusiéramos en aquella situación, ¿qué haríamos cada uno de nosotros? Algunos estaríamos implicados directamente en la trata esclavista o trabajaríamos en las plantaciones, mientras que otros, por razones económicas, serían los propietarios, y los demás, a sabiendas, recogerían los beneficios optando por no hacer nada en contra. En el comercio esclavista siempre existieron y siguen existiendo diferentes grados de implicación.

 

En la novela, Doris, la protagonista blanca, dice de su propietario negro que «lucha contra el abolicionismo a tiempo completo y hace públicas de buena gana —sin cobrar por ello— sus diatribas proesclavistas en La Llama». ¿Cómo acogieron sus lectores negros de que se les des- cribiese como esclavistas racistas?

La cuestión es que solo llegas a conocer una reacción limitada a tu trabajo. Un hombre, que, de hecho, ni había leído el libro, asistió a uno de mis eventos y me acusó de dar a los blancos nuestra historia de sufrimiento y le contesté que no era eso lo que estaba haciendo. Utilizo la inversión como un recurso para revelar lo que realmente pasó. El hombre salió enfurecido porque no quería escuchar mis argumentos. Pero, aparte de este incidente, no he tenido otras reacciones negativas a mi libro. Pensé que algunos me dirían que este es un tema muy sensible, muy cercano a nuestros corazones y ¿cómo te atreves a transformarlo en una comedia? Pero me sirvo de la sátira como recurso literario, y la razón de ser de la sátira es visibilizar injusticias a través del humor. No se limita a ser graciosa por el mero hecho de serlo, sino que se trata de un humor que pretende desvelar y criticar aquello que crees que está mal.

No me llegan los comentarios negativos que quizás haya, así que asumo que el público negro lo ha aceptado. Aunque no tenga un lector ideal para mis libros, porque esto me limitaría como escritora, sé que algunos aspectos del humor en Raíces rubias son muy relevantes para el público negro y, concretamente, para las mujeres negras, que captan matices que a veces se le escaparían a un lector blanco.

El lenguaje de Raíces rubias mezcla imágenes provocadoras que invitan a la reflexión y pasajes líricos con coloquialismos actuales. ¿Cómo reaccionó el público joven ante la novela? ¿Pudo constatar diferencias generacionales en la respuesta de sus lectores?

La novela ganó en el 2009 el Orange Prize Youth Panel Award, elegido por lectores jóvenes. Raíces rubias fue seleccionada entre todos los libros que se presentaron aquel año, lo que parece sugerir que sintoniza con un público joven. Me gustaría pensar que mi escritura es fresca, irreverente y muy inmediata, y me imagino que por eso los jóvenes se sienten más identificados.

Los comentarios de Doris sobre sus esclavistas ambossanos, así como sobre su propia situación, rebosan de un humor agudo, observador y transgresor. ¿Cree que el humor, y concretamente la sátira, se puede considerar como una contestación al racismo?

Sí, creo que son una respuesta muy válida. De hecho, creo que el humor es un acto de protesta contra casi todo lo establecido. Es un instrumento muy poderoso que puede desenmascarar ciertos actos de poder. Esto no significa que mediante el humor se trivialicen, sino que se debe considerar como algo que libera, que sana… Aunque se tarde décadas, uno debería ser capaz de reírse de todo, incluso de los hechos más horrendos que le hayan pasado.

De alguna manera, esto está plasmado en sus personajes. Doris, al mismo tiempo que sufre como esclava, es un personaje muy fuerte que resiste valientemente al sistema.

En ningún caso quise crear una víctima, algo de lo que me temo soy culpable en todos mis libros. No importa a qué situación se enfrenten mis personajes, siempre muestran fortaleza ante la adversidad. He mencionado que con Raíces rubias no quise escribir una historia convencional. No me interesan las víctimas que Doris, por ser esclava, podría representar. Pero al sobrepo- nerse a este estatus, su personaje cobra interés.

 

*Contenido original proporcionado por la editorial AdNovelas

* Extraída de: Van Bleijswijk, Corneeltje (2013). “Beyond the Colour Line”: Representation and Transposition in Bernardine Evaristo’s Blonde Roots [Memoria de investigación, Universitat de les Illes Balears]

Críticas

«Bernardine Evaristo es una de esas escritoras a las que debería leer todo el mundo, en todas partes». Elif Shafak

«Un libro fenomenal, ingenioso e innovador. Pensemos en El cuento de la criada o en Cruces y ceros, y añadamos un toque de Jonathan Swift y Lewis Carroll. Se convertirá, sin duda, en un clásico feminista». Women’s Prize for Fiction

«Evaristo sigue siendo una novelista innegablemente audaz y enérgica, con una visión del mundo que es cualquier cosa menos unidimensional». The Sunday Times

«Bernardine Evaristo es una de las autoras británicas más innovadoras. Siempre se atreve con la diferencia». New Nation

«Una audaz y brillante ficción histórica sobre un mundo al revés. Evaristo nos regala su rabia y su ingenio cocinados a fuego lento a lo largo de toda la novela». The Daily Telegraph

«Una historia que reimagina el pasado y el presente con un humor e inteligencia muy refrescantes, y que resulta, a la vez, tan humana como realista». The Guardian

«Una sátira talentosa cuyos destellos de comedia hacen la tragedia subyacente aún más conmovedora». Scotland on Sunday

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