Últimos días en la vieja Europa

Últimos días en la vieja Europa
de Richard Bassett

Trieste 79, Viena 85, Praga 89. Un viaje apasionante al corazón de una Europa olvidada

En 1979, el autor de este libro emprendió una serie de viajes que lo llevarían a recorrer el corazón de Europa. De Trieste a Praga y de Viena a Varsovia, Bassett cruzaría su camino con el de aristócratas venidos a menos, gánsteres tan encantadores como peligrosos, diplomáticos díscolos y espías glamurosos. Vidas vividas al filo de lo novelesco que le servirían de contrapunto para entender la realidad austera del Telón de Acero.

Primero como músico profesional y luego como corresponsal extranjero, Bassett visitaría mansiones en cuyo eco todavía se adivinaban fiestas e invitados distinguidos, pensiones ruinosas que habían acogido mejores huéspedes, vagones de tren y cafés, donde, muy a menudo, acontecían citas furtivas y se desarrollaba el juego de espías entre el oeste y el este. Todo eso, junto a encuentros y momentos memorables, como el del funeral del rey Nicola de Montenegro en Cetinje, una partida de bridge con el que fuera el último hombre vivo condecorado por el emperador austriaco Francisco José o el último representante del KGB en Praga, poco antes de la disolución de la Unión Soviética.

Música y pintura, arquitectura y paisaje, comida y vino, amistades improbables e historia recorren las páginas de este libro, en una evocación maravillosa que constituye todo un homenaje al viejo continente.

Richard Bassett es un aclamado historiador, biógrafo y autor británico. Estudió Derecho en el Christ’s College de la Universidad de Cambridge y, posteriormente, obtuvo una maestría en Historia del Arte en el Courtauld Institute of Art. Se especializó en Historia de Europa Central, convirtiéndose en un experto en la materia sobre la que terminaría publicando varios libros. Después de graduarse en Cambridge, trabajó como músico profesional en Eslovenia, antes de convertirse en corresponsal para The Times en Viena, Roma y Varsovia desde 1979 hasta el final de la década de los años ochenta. Sus crónicas y noticias, durante esta época, cubrieron el final de la Guerra Fría y dieron advertencias tempranas de la inminente desintegración de Yugoslavia. De su prolífica obra, cabe destacar, más allá del presente libro, Por Dios y por el Káiser y El enigma del almirante Canaris.

Sobre el libro

La nueva novela de Catedral (Grup Enciclopèdia) nos embarca en un viaje al corazón de una Europa olvidada.

«—Qué típico de The Times, un poco de academia y otro poco de música —observó el anciano director del British Council.»

Encuentros.
Durante su viaje, el autor cruza su camino con el de aristócratas venidos a menos, gánsteres tan encantadores como peligrosos, diplomáticos díscolos y espías glamurosos.
Estos encuentros casuales y los personajes pintorescos que los protagonizan le sirven de contrapunto para entender la realidad del Telón de Acero en su totalidad:
la conversación con Zita, la última emperatriz de Austria, el funeral del rey Nicola de Montenegro en Cetiña, una partida de bridge con el que fuera el último hombre vivo condecorado por el emperador austriaco Francisco José o el último representante del KGB en Praga, poco antes de la disolución de la Unión Soviética.

Arquitectura.
«En Liubliana, (Plecnik) tradujo esas formas en una serie de estructuras que hasta el día de hoy siguen prestando una personalidad particular al casco antiguo, y que hacen que se distinga de inmediato respecto a otras antiguas ciudades de los Habsburgo. Su Puente Triple, en el centro de la ciudad, fue una solución ingeniosa para resolver el problema de la preservación de un puente anterior, del siglo xix, y de gran valor. (…) Ese puente, junto con los demás elementos de la obra de Plecnik en Liubliana, ofrecen un contraste llamativo con el viejo tejido austriaco de la ciudad, que parece tan similar al de Graz y otras urbes de la Europa Central.»

Música.
«Sus acordes punteados evocan la Europa Central de un modo casi inalcanzable para cualquier otro instrumento, tal y como el címbalo húngaro parece encarnar la misteriosa personalidad taciturna de las llanuras magiares y sus moradores gitanos.A menudo e olvida que la cítara era un instrumento cortesano antes de la Primera Guerra Mundial y que Carlos, el último emperador austriaco, le encargaba piezas a su compositor residente de cítara. Esas melodías tan evocadoras se siguen tocando en la actualidad.»

Gastronomía.
«Uno de nuestros locales favoritos era un establecimiento modesto de Trnovo, apenas mayor que un bungaló Biedermeier, rodeado de huertos y regentado por un búlgaro. Este era un hombre taciturno, pero famoso por
la calidad de su bodega. Quizá a modo de contrapunto, nos animaba a comer cebollas tiernas crudas, que indefectiblemente servía como Vorspeise, y que se suponía que debían proteger contra las enfermedades de la sangre. Ravnikar me observó mientras probaba, por primera vez y con mucha cautela, aquella exquisitez».

*Contenido original proporcionado por la editorial 

Críticas

«Con estas vívidas memorias, Richard Bassett se une al club de grandes cronistas de Europa, liderados por Zweig, Proust, Lampedusa, Bassani y Leigh Fermor.» The Economist

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