Zozobrar
de Lola Lafon

Publicación: 9 septiembre 2021
Editorial: AdN Alianza
Páginas: 384
ISBN: 978-8413624747
Traductor: María Teresa Gallego Urrutia

Biografía del autor

Novelista y música, procedente de una familia franco-ruso-polaca, Lola Lafon (1974) es autora de cinco novelas; entre otras, «La pequeña comunista que no sonreía nunca», galardonada con numerosos premios literarios, y «Mercy, Mary, Patty». En el ámbito de la música, tiene en su haber dos álbumes: «Grandir à l’envers de rien» y «Une vie de voleuse».

María Teresa Gallego Urrutia (Madrid, 1943) es licenciada en Filología Francesa, traductora de literatura francesa desde el año 1960 y ha enseñado dicha lengua en diferentes centros de enseñanza. En 1974 obtuvo la cátedra de Francés del Instituto Gregorio Marañón de Madrid. Por su trayectoria como traductora ha recibido diversos reconocimientos, como el Premio Nacional de Traducción de Lenguas Románicas por «Diario del ladrón», de Jean Genet, en 1977; el Premio Stendhal por «Impresiones de África», de Raymond Roussel, en 1991; en 2003 recibió la condecoración Ordre des Arts et des Lettres que concede el gobierno francés; en 2008, el Premio Nacional a la Obra de un Traductor; y en 2011, el Premio Mots Passants que otorga el Departamento de Francés de la Universidad Autónoma de Barcelona por «El horizonte», de Patrick Modiano. Desde el curso 2008-2009 da clases de traducción literaria en el Instituto de Traductores de la Universidad Complutense de Madrid. Es socia fundadora de la asociación ACE Traductores y pertenece a su Junta Rectora. Ha traducido obras de Balzac, Maupassant, Jean Genet, Pierre Michon, Patrick Modiano y Amin Maalouf, entre otros.

Sinopsis

De la autora de La pequeña comunista que no sonreía nunca, una novela descarnada y emotiva sobre el abuso, el maltrato, la traición y la vergüenza

Finalista del Premio Goncourt 2020

Premio Landerneau des Lecteurs

Premio de Novela de los estudiantes France Culture – Télérama

1984. A Cléo, de trece años, que lleva con sus padres una existencia modesta en el extrarradio parisino, le proponen un buen día una beca, que concede una misteriosa Fundación, para conseguir su sueño: llegar a ser bailarina de modern jazz. Pero en lo que cae es en una trampa, un comercio sexual, en la que queda atrapada y a la que lleva a otras colegialas.

2019. Aparece en Internet un fichero de fotos, la policía busca testigos entre las que fueron víctimas de la Fundación. Bailarina profesional ya, Cléo se percata de que un pasado que no acaba de pasar ha vuelto a buscarla y de que ya es hora de plantarle cara a su doble carga de víctima y de culpable.

Zozobrar va recorriendo las diversas etapas del destino de Cléo a través de la mirada de quienes la conocieron, mientras su personaje se difracta y se recompone sin parar, a imagen y semejanza de nuestras identidades mutantes y de los misterios que las rigen.

Lola Lafon, al pasar revista a los abusos desde el enfoque de la fractura social y racial, brinda aquí una candente reflexión acerca de los callejones sin salida del perdón al tiempo que rinde homenaje al mundo de los espectáculos populares de variedades, donde las sonrisas se contratan y las pestañas postizas son de rigor: erotismo y sufrimiento del cuerpo, magia del escenario y de los bastidores del dolor.

EXTRACTOS DE LA ENTREVISTA DE FRÉDÉRIQUE ROUSSEL A LOLA LAFON, PARA EL DIARIO LIBÉRATION

Cléo tiene trece años en 1984. ¿Su sueño? Hacerse bailarina. A la salida de la clase de baile en la Casa Municipal de la Cultura, en el extrarradio de París, una mujer refinada le habla de las ventajas de una beca que puede concederle sus deseos y la deslumbra con los atractivos del lujo. No se trata de un cuento de hadas, sino de una añagaza sexual a la que contribuirá la propia adolescente. Tal es el tema central de Zozobrar, una novela de intenciones mucho más amplias y generales, que se adentra en la vida cotidiana de una familia de la clase media, se cuela, entre bastidores, en los espectáculos de variedades de la década de 1990 o en las militancias de por entonces y va siguiendo, testimonios mediante, el itinerario de una mujer callada y preñada de culpabilidad que sigue adelante a toda costa.

¿La idea de Zozobrar se le ocurrió después del #Me- Too o ya estaba pensando en ella antes?

Mi primera novela fue ya la historia de una violación. Creo que esta la he estado escribiendo treinta años. Arranca de un acontecimiento personal que carece de interés; lo mío es la ficción. Me gusta esta frase de Bar- thes: «La escritura es un compromiso entre una liber- tad, una historia y un recuerdo». Me parece fundamental la existencia del #MeToo, pero desde el momento en que institucionaliza un único relato entierra todos los demás. Un tribunal seguro que habría considerado culpable a Cléo con circunstancias atenuantes.

¿Por qué la agresión sexual queda apenas sugerida?

Cuando ocurre, Cléo tiene trece años. Queda en estado de pasmo. No quería poner al lector en un contexto de explotación de un cuerpo adolescente. No quería caer en la pornografía. Hay que estar con Cléo. Y lo importan- te es lo que de esto queda.

¿Se inspiró en algún suceso que tuviera que ver con muchachas víctimas y ganchos a un tiempo?

Me interesa cómo se llega a la participación. Hubo un suceso en Inglaterra al que la cadena ARTE dedicó una serie que estaba muy bien, La infamia (Three girls). Una muchacha llora durante una entrevista no por lo que le hicieron, sino por el rencor que se guarda a sí misma por haber arrastrado a otras. Reflexioné sobre el hecho de no conseguir perdonarse. Era complicado expresarlo al escribir. En última instancia partí de una frase de mi edi- tor: «Esta historia tiene que ser una espina clavada». Al retratar a las personas que conocieron a Cléo no debía olvidarse nunca lo que había ocurrido. Pensé continuamente en esa sensación de algo pegado al pie. Se puede seguir andando, pero se nota en cuanto lo apoyas. Era un desafío narrativo esa forma en que Cléo existe entre líneas en la vida de los demás. Y ella está atrapada en los trece años para toda la eternidad.

¿Le gusta que vayan a más las miradas, el coro?

Lo colectivo tiene sentido para mí. No creo que exista una historia individual. No tiene sentido en términos de violencia sexual, no se trata de tu historia, mi historia, su historia, es una historia que se repite porque es sistémi- ca, tiene sus raíces en una forma de funcionamiento del mundo. La depredación sexual no aparece porque sí.

El texto se vive desde dentro y como a distancia.

Lo aprendí con el baile: estar al tiempo dentro por com- pleto, en el centro de uno mismo, y simultáneamente proyectarse del todo hacia fuera. Incluso cuando se tie- ne la impresión de estar haciendo de más, no basta. Así que hago siempre dos diarios al escribir. Uno que se su- pone que es un guion y otro más, un replanteamiento de lo que estoy haciendo.

 

*Contenido original proporcionado por la editorial AdNovelas

Críticas

«Una novela hermosa e intensa».

Le Figaro

 

«Una investigación entre los bastidores del espectáculo. O un relato sobre el perdón. De hecho, un bellísimo retrato de mujer, ni más ni menos».

La Voix du Nord

 

«Zozobrar es una de las novelas de peso de la última rentrée literaria».

Le Parisien

 

«Espléndidamente construida y admirablemente escrita».

La Croix

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