EL LIBRO MÁS INFLUYENTE SOBRE LA CULTURA JAPONESA DE LOS SAMURÁIS Y SUS 7 PRINCIPIOS MORALES
Alienta publica ‘BUSHIDO: EL CÓDIGO DEL SAMURÁI’, el libro de uno de los estudiosos más importantes del Japón tradicional, INAZO NITOBE

Rectitud, valentía, benevolencia, civilidad, sinceridad, honor y lealtad son las virtudes que deben reunir los samuráis. Juntos, estos valores conforman un sistema de creencias que solo se encuentra en la filosofía japonesa. Inazō Nitobe, uno de los estudiosos más importantes del Japón tradicional y moderno, explora cada una de estas virtudes y explica en que se parecen y en que difieren de sus equivalentes occidentales, y cuál es la filosofía que hay detrás del código ético de los samuráis.

Bushido es una guía esencial para comprender la cultura japonesa, pero también para aprender los grandes principios que nos ensena el «camino del guerrero», cuyos valores universales y profundamente éticos pueden encaminar nuestra vida.

Inazō Nitobe (1862-1933) fue un educador, político y escritor japonés. Nacido en Iwate, hijo de un samurái del clan Morioka, se formó en la Escuela de Agricultura de Sapporo y en la Universidad Imperial de Tokio, que abandono para estudiar política y relaciones internacionales en Estados Unidos. Tras regresar a Japon en 1891, desempeño cargos importantes como profesor de la Escuela de Agricultura de Sapporo, profesor de la Universidad Imperial de Tokio y primer presidente de la Universidad Cristiana para Mujeres de Tokio. Una de sus contribuciones más notables fue la educación basada en el personalismo, que puso en práctica cuando fue presidente de la Primera Escuela Superior de Tokio. También desempeño cargos importantes como hombre de Estado. Fue administrador colonial en Taiwán, subsecretario general de la Sociedad de las Naciones y más tarde presidente del Consejo Japonés del Instituto de Relaciones del Pacifico. Asimismo, Nitobe fue elegido miembro de la Cámara de los Pares. Goza de fama mundial por haber escrito Bushido. El código del samurái (1900).

ALGUNOS FRAGMENTOS DEL LIBRO FUENTES DEL BUSHIDO

«El budismo, que proporciona un sentimiento de serena confianza en el destino, una tranquila sumisión a lo inevitable, un estoico aplomo ante el peligro o la adversidad, ese desprecio por la vida y cordialidad con la muerte. […] Emplea el método de la contemplación, y su fin, hasta donde yo sé, es estar convencido de que hay un principio que rige todos los fenómenos y, a ser posible, del propio absoluto; y, en consecuencia, para ponerse en armonía con ese absoluto.»

«El sintoísmo ofreció en abundancia lo que el budismo no podía dar. La lealtad al soberano, la devoción a la memoria de los antepasados y la piedad filial como no las enseña ningún otro credo eran inculcadas por las doctrinas del sintoísmo, que conferían cierta pasividad al carácter más bien arrogante del samurái. La idea del «pecado original» no tiene cabida en la teología sintoísta. En cambio, sí cree en la bondad innata y en la pureza divina del alma humana, y la venera como el aditum desde el que se proclaman los oráculos divinos.»

«En cuanto a las doctrinas estrictamente éticas, las enseñanzas de Confucio fueron la fuente más prolífica del bushido. Su explicación de los cinco tipos de relaciones morales: entre señor y servidor (gobernante y gobernado), padre e hijo, marido y mujer, hermano mayor y hermano pequeño, y amigo y amigo, solo confirmaba lo que la intuición del pueblo ya había comprendido antes de que los escritos de Confucio se introdujeran desde China. El carácter tranquilo, benévolo y experimentado de sus preceptos éticos y políticos se adaptaba especialmente bien a los samuráis, que constituían la clase gobernante. Su tono aristocrático y conservador encajaba con las necesidades de estos gobernantes guerreros.»

«Los textos de Confucio y Mencio constituían los principales manuales de los jóvenes, y eran la máxima autoridad en las discusiones entre ancianos. Sin embargo, a aquellos que solo conocieran las obras clásicas de estos dos sabios, no se les tendría en gran estima. Un refrán popular se burla de aquellos que tienen un conocimiento solo intelectual de Confucio, como un hombre siempre estudioso, pero que ignora las Analectas. Un samurái típico llama “beodo que huele a libro” a un sabio de la literatura. Otro compara aprender con la legumbre maloliente, que debe hervirse una y otra vez antes de poder consumirse.70 Un hombre que ha leído poco huele un poco a pedante, y uno que ha leído demasiado, todavía huele más; ambos son igual de desagradables. El autor quería decir con esto que el conocimiento no se convierte realmente en conocimiento hasta que lo asimila la mente de quien aprende y se manifiesta en su carácter.»

«El bushido no daba mucha importancia al saber como tal, que no debía buscarse como un fin en sí mismo, sino como un medio para alcanzar la sabiduría. En consecuencia, quienes se limitaban a este fin, se consideraban como prácticas máquinas, que podían producir poemas y máximas sin orden ni concierto.»

HONOR

«El sentido del honor, de modo que implique una vívida conciencia de la valía y la dignidad personales, no podía faltar como característica del samurái, nacido y criado para valorar los deberes y privilegios de su profesión. […] El buen nombre, la reputación, “la parte inmortal de uno mismo, siendo lo que resta bestial”, asumido como algo normal, cualquier vulneración de su integridad se sentía como algo vergonzoso, y el sentimiento de vergüenza (Ren-chi-shin) era uno de los que primero se apreciaba en la educación juvenil.»

«En efecto, el sentimiento de vergüenza me parece el primer indicador de la conciencia moral de la especie. El primer y peor castigo que sufrió la humanidad como consecuencia de probar “el fruto del árbol prohibido” fue, a mi entender, no el dolor del parto ni las espinas y cardos, sino el despertar del sentimiento de vergüenza. Pocos incidentes de la historia superan en dramatismo la escena de la primera madre manejando, con senos turgentes y dedos temblorosos, su burda aguja con las pocas hojas de higuera que su decaído marido arrancó para ella.»
«El temor a la deshonra era tal que, si bien nuestra literatura carece de la elocuencia que Shakespeare concede a las palabras de Norfolk, colgaba como la espada de Damocles sobre la cabeza de cada samurái, y a menudo adoptaba un carácter malsano. En nombre del honor, se perpetraban actos injustificables en el código del bushido. Al más leve insulto, por no decir imaginario, el bravucón irascible se ofendía, recurría al uso de la espada, y se suscitaban muchos conflictos innecesarios, perdiéndose muchas vidas inocentes.»

«El exceso malsano al que tendía el sensible código de honor se contrarrestaba en buena medida por predicar la magnanimidad y la paciencia. Ofenderse a la más mínima provocación se ridiculizaba como “tener mal carácter”. El refrán popular decía: “Soportar lo que uno piensa que no puede soportar, es realmente soportar”. El gran Iyéyasu dejó algunas máximas para la posteridad, entre ellas la siguiente: “La vida de un hombre es como recorrer un largo camino con una pesada carga sobre los hombros. Sin prisa… Sin reproches, pero siempre atento a los propios defectos… La paciencia es la base de los días largos”.»

EL DEBER DE LA LEALTAD

«El individualismo de Occidente, que reconoce intereses separados para padres e hijos, marido y mujer, necesariamente pone de relieve de manera inequívoca las obligaciones entre unos y otros; pero el bushido sostiene que el interés de la familia y de los miembros de la misma se mantenga intacto; uno e indisociable. Este interés está vinculado al afecto; natural, instintivo, irresistible. Por consiguiente, si morimos por alguien que amamos con un amor instintivo (un tipo de amor que los animales también poseen), ¿qué es eso? “Porque si amamos a los que nos aman, ¿qué recompensa obtenemos? ¿Acaso no hacen lo mismo los publicanos?”.»

«Dado que el bushido, como Aristóteles y algunos sociólogos modernos, concebían el Estado como preexistente al individuo, ya que este último nació del anterior como parte integrante del mismo; debe vivir y morir por él o por el titular de su autoridad legítima. Los lectores de Critón recordarán el argumento con el que Sócrates presenta las leyes de la ciudad mientras le ruega que escape. Entre otras cosas, les hace decir (a las leyes o al Estado): “Dado que fuiste engendrado, criado y educado por nosotros, ¿acaso te atreverías una vez a decir que no eres nuestro descendiente y nuestro siervo, tú y ante tus padres?”. Son palabras que a nosotros no nos impresionan demasiado; pero lo mismo ha sido durante mucho tiempo pronunciado por el bushido, con esta modificación, que las leyes y el Estado entre nosotros las representaba un ser personal. La lealtad es una consecuencia ética de esta teoría política.»

«Como la vida se consideraba como el medio que permitía servir a su señor, y su ideal se basaba en el honor, toda la educación y el entrenamiento de un samurái se llevaban a cabo en consonancia.»

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