Almas honestas

Almas honestas
de Grazia Deledda

Tras la muerte de su abuela, la pequeña Anna, de trece años, queda al cuidado de sus tíos. Así, pasará una infancia despreocupada, rodeada de sus numerosos primos en el hogar de la familia Velèna. Sin embargo, la llegada de la adolescencia romperá este delicado equilibrio para siempre. La inocencia de las relaciones de la infancia se hará añicos en un complejo juego de amores no correspondidos: el del primo Sebastiano por Anna, el de Anna por Gonario Rosa, un amigo de la familia, y el de Gonario por Caterina, hermana de Sebastiano y también prima de Anna. Con esta novela, cuyo escenario es una Cerdeña vibrante y evocadora, la entonces joven de veinticuatro años Grazia Deledda lanzó su carrera literaria y al mismo tiempo nos regaló una historia con sabor inmortal. Grazia Deledda recibió el Premio Nobel de Literatura en 1926 por «sus escritos de inspiración idealista que retratan con claridad plástica la vida en su isla natal y tratan con profundidad y simpatía los problemas humanos en general», según el Comité del Premio Nobel.

Grazia Deledda fue una novelista y poeta italiana que ganó el Premio Nobel de Literatura en 1926. Fue la segunda mujer en recibir este galardón, después de la sueca Selma Lagerlöf.

Sobre el libro

Primera traducción íntegra de una de las mejores novelas de la ganadora del Premio Nobel de Literatura.

Tras la muerte de su abuela, la pequeña Anna, de trece años, queda al cuidado de sus tíos. Así, pasará una infancia despreocupada, rodeada de sus numerosos primos en el hogar de la familia Velèna.

Sin embargo, la llegada de la adolescencia romperá este delicado equilibrio para siempre. La inocencia de las relaciones de la infancia se hará añicos en un complejo juego de amores no correspondidos: el del primo Sebastiano por Anna, el de Anna por Gonario Rosa, un amigo de la familia, y el de Gonario por Caterina, hermana de Sebastiano y también prima de Anna. Con esta novela, cuyo escenario es una Cerdeña vibrante y evocadora, la entonces joven de veinticuatro años Grazia Deledda lanzó su carrera literaria y al mismo tiempo nos regaló una historia con sabor inmortal. Grazia Deledda recibió el Premio Nobel de Literatura en 1926 por «sus escritos de inspiración idealista que retratan con claridad plástica la vida en su isla natal y tratan con profundidad y simpatía los problemas humanos en general», según el Comité del Premio Nobel.

 

Los Velèna, sin embargo, que se habían convertido en burgueses de manera paulatina, vestían como elegantes caballeros y la civilización estaba más que presente en su hogar. Estaba muy alejada de la vida, los hábitos tradicionales y los prejuicios del pueblo y no era una verdadera familia señorial: no se consentía el lujo inútil de un salón de estar, aunque todas las habitaciones estaban estilosamente amuebladas pero las señoritas, incluso siendo sencillas amas de casa, seguían la moda y se relacionaban con la sociedad señorial de la ciudad. Paolo Velèna, el cabeza de familia, como todo buen terrateniente sardo era también agricultor, pero sobre todo era comerciante e industrial. Por el contrario, su hermano Giacinto había estudiado. Tras licenciarse en Medicina y ser destinado como médico, se casó con una joven noble que no era muy rica. De este matrimonio nació otro: entre don Andrea Malvas y una hermana de los Velèna, muchacha frágil y nerviosa que, tras recibir la noticia de la muerte de su marido, murió dando a luz prematuramente a una niña. Annicca, la pobre niña nacida antes de tiempo, se quedó con la anciana doña Anna, su abuela, una mujer implacable y entristecida que vivía en un luto eterno.

Tras la muerte del hijo y de la nuera, la vieja casa de los Malvas permaneció cerrada al sol y a la alegría. Las paredes no volvieron a blanquearse nunca y el humo cubrió con un velo oscuro las paredes, los muebles y los cristales. En aquella casa silenciosa y ajena, casi fúnebre, Annicca vivió su infancia y creció como una florecilla apagada, una de esas flores amarillas, pálidas, que brotan en los puntos áridos y agrestes.

Un día, doña Anna cayó enferma y, pese a las curas afectuosas de Giacinto, murió. Entonces, Paolo Velèna, tras recibir la noticia, se dirigió al pueblecito y decidió llevarse consigo a la niña. Giacinto tenía muchos hijos y no podía hacerse cargo también de Annicca. Doña Anna dejaba un escaso patrimonio, cargado de hipotecas e infortunios. Tras una semana de acuerdos y contrariedades, Paolo arregló las cosas de la mejor manera posible y se marchó con Annicca. La pequeña tenía entonces trece años. Aún no comprendía la gravedad de la desgracia que le había acontecido ni su anormal situación en el mundo. De hecho, cuando se le pasó el gran dolor por el fallecimiento de doña Anna, que para ella había sido toda su familia, se alegró ante la idea de vivir en una ciudad, en una hermosa casa llena de gente. A medida que Annicca crece, este precioso esquilibrio entre los miembros de la familia se va resquebrajando y ella comienza un viaje a través de las emociones, mientras va dejando atrás su niñez; desde sentimientos tormentosos y decepcionantes hasta juegos de amores no correspondidos. Todo ello entre detalles cotidianos como cocinar y coser, asistir a la iglesia o viajar al continente bajo la calidez del sol de mayo, los pastos que se regocijan con las flores y verdes espigas que se ondulan bajo una caricia invisible del viento de la maravillosa Cerdeña

*Contenido original proporcionado por la editorial 

Críticas

«¡Qué plumas y qué voces tan fuertes las de Grazia Deledda y Selma Lagerlöf! En ellas hay algo que se puede aplicar también a nuestros mujiks.» Maksim Gorki

«Hoy todavía podemos leer con interés a Grazia Deledda.» D. H. Lawrence

«Si Italo Svevo es el padre de la literatura italiana del siglo XX, Grazia Deledda es la madre.» Dacia Maraini

«Grazia Deledda fue una de las principales autoras italianas del verismo, junto a Elsa Morante.» La Repubblica

«Grazia Deledda empezó escribiendo en sardo y luego pasó al italiano, un italiano muy colorido, muy pictórico, muy imaginativo. En su italiano se percibe la trama del sardo, incluso las construcciones sintácticas incluyen calcos del sardo. Esto, hoy en día, es motivo de alabanza, pero, en el caso de Deledda, en aquella época se consideraba un defecto, se decía que escribía mal. Releyendo sus libros me doy cuenta de qué injusticia tan clamorosa se cometió, y es que el lenguaje de Deledda es único en su género precisamente porque no es estándar.» Michela Murgia

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