El banquete anual de la Cofradía de Sepultureros
de Mathias Enard

Publicación: 22 octubre 2020
Editorial: Literatura Random House
Páginas: 480
ISBN: 978-8439737773
Traductor: Robert Juan-Cantavella

Biografía del autor

Mathias Enard nació en 1972 en Niort, Francia. Tras cursar estudios de árabe y persa y pasar largas estancias en Oriente Próximo, se estableció en Barcelona en el año 2000, donde participó activamente en varias revistas culturales, entre ellas la desaparecida Lateral. Miembro del consejo de redacción de la revista Inculte en París, en 2005 fue elegido escritor residente en la prestigiosa Villa Médicis de Roma.Ha ejercido de profesor de árabe en la Universidad Autónoma de Barcelona.

Enard es autor de las novelas La perfección del Tiro (Reverso, 2004), Remontando el Orinoco (La Otra Orilla, 2006), El manual del perfecto terrorista (La Otra Orilla, 2007), Zona (La Otra Orilla, 2008), Habladles de batallas, de reyes y elefantes (Literatura Random House, 2011), El alcohol y la nostalgia (Literatura Random House, 2012) y Calle de los Ladrones (Literatura Random House, 2013).

Ha sido galardonado con diversos premios, entre los cuales cabe destacar el Premio de la Francofonía 2004, el Prix Décembre, el Prix du Livre Inter, el Premio Goncourt de los Estudiantes en 2010 y el Premio Goncourt 2015 por Brújula, su última novela.

Sinopsis:

La nueva y esperada novela de Mathias Enard. El autor, ganador del Premio Goncourt 2015, vuelve a suelo francés para hablarnos de nuestra relación con la muerte y la naturaleza.

«En su ensoñación, comprendía la inmensa telaraña de las almas, el ovillo de lana de los seres entremezclados en el tiempo…» David Mazón debe trabajar en su tesis doctoral sobre la vida en el campo hoy día, con ese fin ha dejado París para instalarse durante un año en un remoto pueblo rodeado de marismas en la costa oeste de Francia, cerca de Niort. Mientras supera las incomodidades del mundo rural, David establece contacto con los pintorescos lugareños que frecuentan el café-colmado para entrevistarles. Los encabeza Martial, el alcalde enterrador, y el anfitrión del tradicional banquete de los miembros de la Cofradía de los Sepultureros. En este festín pantagruélico donde vinos y manjares van de la mano de leyendas, canciones y disputas sobre el futuro del oficio funerario, la Muerte les ofrece curiosa-mente tres días de tregua. El resto del año, cuando la Parca se apodera de alguien, la Rueda de la Vida lanza su alma de nuevo al mundo, a un tiempo futuro o pasado, como animal o como ser humano, para que la Rueda continúe girando.

En esta esplendorosa y poliforme novela, que combina en la misma medida grandes dosis de humor y la ya conocida erudición del autor, Mathias Enard exhuma el pasado turbulento y los tesoros de su Francia natal recorriendo el último milenio de su historia, pero sin perder de vista los miedos con-temporáneos y con la esperanza de un mañana en el que el ser humano esté en armonía con el planeta.

ARGUMENTOUN ANTROPÓLOGO
LLEGA AL PUEBLO

David Mazon, antropólogo recién licenciado, está trabajando en su tesis doctoral sobre los desafíos de la ruralidad y el significado de vivir en el campo hoy en día. Quiere escribir «la auténtica monografía rural que tanta falta hace en la etnología contemporánea». Tras conseguir una beca del Consejo Departamental de Deux-Sevres, el jo-ven investigador deja París y se traslada a La Pierre-Saint Christophe, donde estudiará durante un año a sus habitantes y su forma de vida.Instalado en el Pensamiento Salvaje, pues así bautiza a la casa que alquila en la parte trasera de una granja, David tiene previsto llevar a cabo un trabajo de campo que implica entrevistar a todos los vecinos. Pero antes de hacerlo, deberá saber qué preguntas son las adecuadas para obtener la información que necesita y, para ello, qué mejor que dejarse caer por el Café-pesca, el único bar del pueblo, y confraternizar con los parroquianos.Aunque al principio es recibido con cierta reticencia, David pronto se integrará en el pueblo e irá descubriendo el presente y el pasado de ese lugar. A lo largo de ese año –muy poco productivo en lo académico, pero verdaderamente interesante en todo lo demás–, a medida que vaya conociendo a sus vecinos, David irá reformulando esas preguntas que a su llegada estaban cargadas de prejuicios, recibirá más de un tirón de orejas de su director de tesis y asistirá asombrado a un cambio en su percepción de las cosas importantes que estaba lejos de imaginar.Llena de guiños cómplices con el lector –desde los nombres con que bautiza a sus gatos, Nigel y Barley, en homenaje al antropólogo inglés, a las referencias a Rousseau y a Levi-Strauss–, El banquete de la Cofradía de Sepultureros cuenta con una gran dosis de humor y una enorme erudición en la aventura del joven etnógrafo y los habitantes de La Pierre-Saint Christophe.

EL BANQUETE: ¡LARGA VIDA A LA MUERTE!
«Nadie puede escapar: le pase lo que le pase al alma, material sutil, el cuerpo siempre acaba en manos de los enterradores.» Martial Mojagua, el alcalde del pueblo, es también el enterrador. Y como presidente de la delegación del Oeste, este año es el encargado de organizar el tradicional banquete de la Cofradía de Sepultureros.

Todos los años, con la llegada de la primavera los trabajadores del gremio funerario se reúnen durante tres días para celebrar su oficio. Sepultureros, marmolistas, cavadores, guardianes de cementerio, cocheros de carrozas fúnebres, maquilladoras de cadáveres… hasta noventa y nueve comensales llegados de toda Europa –con unos nombres tan disparatados como ellos mismos: Polláud, Secaverga, Cojonarca, Grangargajo, Verruguián…– brindan en honor a esa muerte que les da de comer y reflexionan sobre el presente y el futuro de esta labor imprescindible.Esos tres días la muerte da una tregua. Como regalo a sus trabajadores, la Parca descansa y no se lleva a nadie para que puedan estar tranquilos durante el pantagruélico banquete: una sucesión de manjares preparadas por los mejores cocineros de la región, lechones asados, aves en gelatina, carnes y pescados en abundancia, quesos de noventa y nueve clases, pasteles y confites… y todo ello, regado por los mejores vinos de la tierra, elegidos cuidadosamente por el organizador.La noche se desarrolla siguiendo un estudiado guion que se repite año tras año; hay momentos para el debate y momentos para los discursos, para que se introduzcan nuevas propuestas (¿deberían aceptar mujeres en su gremio? ¿Deberían dejar de usar formol para conservar los cadáveres para no dañar el medioambiente?) o para que se recuerde el origen de su Cofradía.

Cuando la larga noche está tocando a su fin, an-tes de servir el desayuno –sopa de cebolla gratinada y ostras para la resaca– deben celebrar el Ritual. Cada uno de los miembros de la Cofradía de Sepultureros –creada por Saladino después de la toma de Jerusalén para que cristianos, judíos y musulmanes fueran enterrados por igual, y confirmada después por Ricardo Corazón de León tras la batalla de Jaffa, donde enterraron sin distinción a caballeros y sarracenos–, pronuncia uno de los nombres de la muerte: Morir, fenecer, sucumbir, fallecer, expirar… así hasta noventa y nueve formas diferentes de aludir al final de la vida. El nombre número cien es el verdadero, el que nadie ha pronunciado jamás.

LA RUEDA DE LA VIDA
Cuando alguien muere, se enfrenta a la Clara Luz y su alma va directa al Bardo, «mundo entre los mundos», un lugar donde espera su turno para ser reasignada. Este proceso de búsqueda de un nuevo cuerpo lo hace La Rueda, que elige cuidadosamente un nuevo destinatario para cada alma.Así, a medida que avanza la historia sabremos cuál de los antiguos habitantes de La Pierre-Saint Christophe es ahora el pequeño jabalí que corre por el bosque buscando jabalinas con las que pasar un buen rato; o conoceremos la historia de los villanos –asesinos, malhechores, verdugos– que ahora viven en los diminutos cuerpecillos de los gusanos que el protagonista encuentra en su bañera.Con un humor negro que provoca la sonrisa del lector durante toda la novela, Enard describe la sucesión de cuerpos que han habitado (o que habitarán) los habitantes de La Pierre-Saint Christophe: quien siglos atrás fuera un notario burgués puede acabar siendo un perro tras haber pasado por el cuerpo de uno de los vecinos del pueblo; o quizá La Rueda destine a otro de los vecinos a retroceder en el tiempo hasta convertirse en la chinche que picó a Napoleón en la posada La Boule d’Or, en Niort, cuando el Emperador planeaba huir de Francia…

RELACIÓN DEL HOMBRE CON LA NATURALEZA
Además de la relación del hombre con la muerte, la novela también habla de su relación con la vida. Detrás de la historia del etnógrafo y los habitantes de La Pierre- Saint Christophe, más allá de los sepultureros y su banquete, la novela presenta una profunda reflexión sobre la forma, no siempre acertada, en que el ser humano se relaciona con la naturaleza y cómo la huella que deja en el planeta es irreparable.Aspectos como los intereses económicos detrás de los modelos que han transformado la agricultura y la ganadería en actividades con escasos márgenes, poco rentables y con mucha incidencia en el medioambiente, la necesidad de convertir las pequeñas explotaciones en denominaciones controladas de agricultura biológica como única forma de supervivencia, o la desigualdad entre hombres y mujeres en el campo, que tradicionalmente no las ha reconocido ni como trabajadoras ni como propietarias cuando han trabajado las tierras igual que sus maridos, están presentes entre las múltiples capas de lectura de esta novela.

LOS PERSONAJES
EL ANTROPÓLOGO INOCENTE

David Mazon se tiene a sí mismo por un investigador brillante, sueña con los ojos abiertos con que será el próximo Premio Nobel, alguien a quien nombrarán doctor honoris causa en Oxford y Harvard y que asombrará a la Academia con sus brillantes descubrimientos sobre la vida rural. Pero la realidad, la vida diaria en su nueva casa, lo muestra como alguien un poco desastre: simpático y con buena voluntad, pero algo torpón, ingenuo y no muy trabajador, que pasa los días jugando al Tetris y buscando cosas absurdas en internet mientras su tesis doctoral lo espera aparcada.

LOS HABITANTES DE LA PIERRE-SAINT CHRISTOPHE
En su aventura rural, David Mazon está acompañado por un elenco de personajes que, supuestamente, deben servirle de fuente de información para su investigación. En el diario que escribe durante ese año registrará todo lo aprendido de su relación con ellos: la forma de vida en el pueblo, las costumbres perpetuadas, algunas rencillas familia-res antiguas, heredadas, que nadie recuerda como empezaron o el carácter cómico y disparatado de cada uno de los vecinos.

MATHILDE Y GARY
Son los dueños de la granja donde David ha alquilado su casa. Gary es agricultor y cazador. Charlar con él es aprender la evolución de la agricultura francesa, pues conoce bien los procesos de mecanización llevados a cabo a principio de siglo, el paso a la agricultura intensiva y la crisis de sobreproducción de los años ochenta. Gary es el principal valedor de David cuando éste llega al pueblo; su fama de hombre serio y honrado hace que los vecinos se fíen cuando les pide que respondan a las preguntas del antropólogo.Mathilde gestiona la explotación familiar. Aprendió todo lo relacionado con la contabilidad y a manejar un ordenador por sí misma, para gestionar todo lo relacionado con facturación, administración, trámites bancarios, etc. Mathilde también se ocupaba de la parroquia y era la ayudante del padre Largeau, hasta que falleció. Fue ella quien lo encontró muerto en la sacristía.Mathilde y Gary tienen dos hijos que estudian en Burdeos y que no tienen ninguna intención de continuar el negocio familiar, lo que supondrá el fin de la actividad en la granja cuando el matrimonio se jubile.

MARTIAL MOJAGUA
Alcalde de La Pierre-Saint Christophe, de larga tradición familiar en el gremio funerario –hijo y nieto de enterradores–, dirige la empresa de pompas fúnebres local. Es un hombre muy arraigado en los valores patrios que mira con desconfianza todo lo que viene de fuera y que al principio no se siente muy cómodo con que David Mazon haya llegado al pueblo «para estudiarlos», aunque pronto olvida sus prejuicios y ayuda al antropólogo a relacionarse con los vecinos.

THOMAS
Apodado el gordo Thomas por su sobrepeso considerable, es el dueño del café-pesca, el centro neurálgico del pueblo y de la zona, pues es el único bar que se ha mantenido. De familia de campesinos y taberneros, el gordo Thomas está detrás del mostrador del bar-colmado donde se venden artículos de primera necesidad (leche, conservas…), tabaco, el periódico… También se venden aparejos y licencias de pesca, se juega a la belote, se sellan boletos de lotería, es la sede de las distintas asociaciones del pueblo (la de caza, la del club de fútbol, la de petanca…) y es el lugar donde los parroquianos se encuentran cada tarde. Thomas no sólo los conoce, sino que es íntimo amigo de todos ellos, pues han crecido juntos y han sido compañeros de correrías infantiles. Es el mejor lugar para que el protagonista obtenga información sobre los habitantes del pueblo, pues todos pasan por ahí antes o después.

LUCIE
Lucie, que hasta hace poco vivía fuera de La Pierre-Saint Christophe, ha regresado al pueblo de su familia tras separarse de su pareja. Allí cuida de su abuelo nonagenario y de su primo Arnaud sin relacionarse demasiado con el resto del pueblo. Ecologista militante, activista comprometida, participa muy activamente en las protestas contra una forma de vida poco sostenible y llena de injusticias. Lucie cultiva frutas y hortalizas bio que vende en los mercados de Coulonges y Niort.

MAX
Maximilien Rouvre es artista plástico. Ronda la cincuentena y vive en una granja algo apartada del pueblo desde hace diez años, cuando decidió dejar París e instalarse en el campo tras una crisis motivada por la mala marcha de su carrera. Allí pretende reconectar con su espíritu creativo. Trabaja en un proyecto que mantiene en secreto, una exposición monumental de fotografía que ha titulado La escala de Bristol: despojos de autobiografía y que David intuye como algo monstruoso tras visitar su casa y ver sus lienzos, donde retrata fantasías sexuales perversas y perturbadoras.

OTROS HABITANTES DEL PUEBLO
En La Pierre-Saint Christophe viven otros personajes como Arnaud (llamado cariñosamente Nonó), un joven al que todos tienen por retrasado y que es capaz de enumerar las efemérides de una fecha cualquiera con sólo decirle el día, además de tener la capacidad de ver los distintos cuerpos que ha habitado un alma que ha pasado por La Rueda; Patarin el charcutero, hijo de charcutero y nieto de matarife; los poco avispados gendarmes, muy aficionados a los lingotazos de Calvados del Café-pesca, o James y Kate, la pareja de jubilados británicos que vive en la urbanización a las afueras.

Contenido original proporcionado por la editorial Literatura Random House

Reseñas:
«Mathias Enard es un escritor inmensamente ambicioso [. . .] Por fortuna, a la ambición de Enard se une un talento igualmente extraordinario. Su elegante escritura [. . .] es de una precisión admirable y de una inteligencia clara, sin concesiones.»
Alberto Manguel, Babelia, El País

«Estilo depurado y sintético, casi tan esquemático como uno de los bocetos surgidos de la sabia mano del incansable Miguel Ángel.»
Vis Molina, El Cultural

«El nuevo heredero de Balzac»
Le Nouvel Observateur

«El magnetismo de la fascinante prosa de Enard en su máximo apogeo.»
La Croix (sobre Brújula)

«Posee el aliento de las grandes novelas que abordan sin miedo los grandes temas.»
Rafael Narbona, El Cultural (sobre Brújula)

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