El niño que salió del barrio
de Haze

Publicación: 15 septiembre 2021
Editorial: EspasaEsPoesía
Páginas: 112
ISBN: 978-8467063134

Biografía del autor

El Fenómeno Haze (Sergio López Sanz) comenzó en 2003, desde su primera maqueta, aquel Crónicas del barrio (2004), que disparó su trayectoria hasta ponerle banda sonora a películas como 7 Vírgenes o Yo soy la Juani. Al rap flamenco llegó desde el barrio, desde las violentas calles del extrarradio. Y también conoció las drogas, el delito y sufrió una breve temporada en la cárcel. Tras varios discos y una carrera ascendente, Haze finaliza su contrato con una discográfica en 2010. La crisis económica se agudiza en España. Decide hacer la prueba de acceso a la universidad para mayores de 25 e ingresa en la Universidad de Sevilla, donde se gradúa con Sobresaliente en Filología Hispánica (2011-2015). También es Máster en Estudios Americanos por la Universidad de Sevilla, distinguido con el premio al mejor expediente académico de la mencionada institución en 2019. En la actualidad ejerce como profesor de enseñanza secundaria de lengua y literatura. Además es presidente de Honor en Sevilla de la Fundación Lo Que de Verdad Importa. Su acción solidaria no se reduce a este cargo simbólico: Haze imparte conferencias sobre motivación y valores, así como ofrece su testimonio como ejemplo de superación para los jóvenes que han nacido en barrios marginales, sin privilegio alguno.

Sinopsis

Se trata de una autobiografía ficcionalizada que, a partir de poemas y canciones, narra los  acontecimientos clave de su vida. Una de las frases más destacadas de su obra musical ha sido «El niño con suerte puede salir del barrio, pero el barrio permanecerá por siempre en el niño». De aquí surge el título, que señala tanto el origen como la identidad, su orgullo de pertenecer, aunque dada la falta de recursos y los problemas de convivencia habituales, resulta una victoria salir de allí superando la marginalidad, como dejar atrás un calabozo.

Haze es un cronista que rima la dolorosa realidad desde el barrio de Los Pajaritos (Sevilla): ¿su secreto? Certeras rimas, dolor, rap y flamenco. Una voz inconfundible.

Nota de prensa

Las drogas te controlan. Palabra. Cuando estás enganchado, siempre hay alguien que te dice: «No eres el mismo», y tiene razón. Las drogas anidaron serpientes en mi corazón. Provocaron que quisiera ser malo. Pronto empecé a pensar, hablar y actuar como un delincuente. Los imité, lo que me llevó al talego. La vida en la cárcel la conocía de oídas. Allí había personas buenas de corazón, como yo, que llevaban años presos por haber cometido errores de juventud. De aquella experiencia y de las muchas conversaciones que he tenido con presos nacieron dos de mis canciones más populares: «Libertad» y «En esta celda».

La necesidad es agujero profundo en el alma. Si lo piensas, uno juega y se divierte en la infancia, explora y se conoce en la adolescencia, pelea y se promociona en la juventud. Pero cuando eres pobre, en la infancia empiezas a sufrir que hay quienes tienen y quienes no; a lo largo de la adolescencia, comienzas a obsesionarte con conseguir lo que deseas y no puedes comprar; y durante la juventud, llenas ese vacío con la satisfacción del trabajo bien hecho y el amor que proporcionan la amistad y la familia. Por eso, ante la necesidad, los pobres somos Lazarillo, luchamos por medrar, nos caemos y nos levantamos, las veces que sea menester, porque estamos solos en el mundo.

La esperanza fue el camino que me llevó a ti. Yo era miedo. Ojos enterrados en las cuencas orilladas de púrpura. Era depresión. Persianas cerradas al mundo. Escondido a la vista de todos. Acaso una sombra de mi yo. Era incertidumbre. Pelele suplicante; un despojo de hombre que busca respuesta en el rezo. Ayer.

Ahora vuelvo a ser yo. Las costuras de mis cicatrices sanaron cuando me sacaste del purgatorio. Cuando te miro fuerte el amor se desborda. Estoy en la cima, tan alto que nadie me ve. Asombrado, soy un hombre nuevo. Gracias a ti. Hoy.

*Contenido original proporcionado por la editorial Espasa Es Poesía

EN ESTA CELDA

Vivo en una cárcel sin muros
(se llama ignorancia).
Perdí la inocencia
en la infancia
y gané respeto.
Aprendé en la calle es duro,
probé las sustancias,
sentí la violencia
y el ansia por ganá dinero.
¡Frío!,
bandera negra pirata
en mi alma,
¡He sío!,
carne de cañón,
sentí el caló del cañón
pero el caló del cariño
en mi piel
yo nunca lo he sentío,
aquí las sirenas anuncian
otro barco hundío.
Perdío,
¿de quién me fío?
Lucifer las carga
pero no es el que dispara el
arma.
La blanca me calma,
¡pierdo el sentío!
Estando ciego no pienso…
¡cállate, puta conciencia!,
¡sé lo que he perdío!
¿Quién tiene la culpa?,
¿quién conoce los límites?
Un narco en un barrio es un
héroe,
yo sólo lo imité.
Me refugio en la escritura.
El tiempo es mi vigía,
una carta más
en esta celda fría.
Y en esta celda,
estoy muriendo por verte,
dibujo en las paredes
un corazón con tu nombre.
Y en esta carta,
pido que vengas a verme,
porque me siento mu solo,
y el tiempo aquí se detiene.

XII. JUNTOS

Te quiero y punto.
Nos miramos,
me di cuenta
en el primer segundo.
No sentía espacio,
no existía tiempo,
no existía el mundo.
Te sentí despacio,
te sentí lento,
te sentí profundo.
Si me lo permites,
yo puedo escribirte
palabras de amó
en romance.
Ya sé que viniste,
sé que llegaste
a tiempo
para quedarte.
¿Qué hiciste?
Como una bandida
en mi corazón coronaste.
Conquistaste cada región
de mi cuerpo, colonizaste.
Vivía
en un callejón sin salía,
oscuro,
sin lumbre.
Vivía
en una eterna agonía
en aras
de la incertidumbre.
Antes yo no sonreía
y ahora sonrío
cada segundo.
Ahora,
amada mía,
soy feliz,
estamos juntos.

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