La finca es una novela de suspense con una oscura trama en la que están involucrados hasta los mismísimos poderes del Estado. De la mano de la periodista Claudia Abril, somos testigos de los avatares de la vida de una familia aristocrática que se ve arrastrada por el orgullo y el honor: la familia Munizaga. El título hace referencia al lugar donde transcurre la mayor parte de la acción, la finca de Amalur, ubicada en Extremadura.

La escritora, Aurora García, es la autora de La Favorita. La historia de amor entre Alfonso XII y Elena Sanz, novela con la que fue finalista al premio Hislibris. Que la autora es, además, periodista, es algo indudable que se percibe en cada detalle de la obra, empezando por la vida de la protagonista. Independientemente del nivel de conocimiento que podamos tener sobre el periodismo antes de leer La finca, con Claudia Abril nos zambullimos de lleno en este mundo y vemos detalles de esta profesión que, a menos que seamos periodistas profesionales, seguramente desconozcamos. Además de aprender, por ejemplo, lo que en jerga periodística se llama “dar color” a un reportaje (que no es otra cosa que ambientarlo adecuadamente con testimonios personales), en uno de los capítulos acudimos a un gabinete, momento que Claudia (haciendo de portavoz de la autora) aprovecha para hacer un par de aclaraciones sobre por qué a veces se publican noticias con esas faltas de ortografía que tanto nos irritan a los frikis lingüistas.

La historia nos la narra la protagonista en primera persona, una técnica con la que conseguimos identificarnos con esta y sentirnos más sumergidos en la historia. En cuanto a su composición, La finca empieza a mitad de la trama, con una muerte misteriosa que crea ya un ambiente de suspense desde la primera página, y seguidamente retrocede al principio para ir avanzando de forma lineal. No obstante, algunos capítulos rompen con esta narración lineal y nos meten en una trama secundaria protagonizada por otros personajes, cuya relación con el argumento principal no se nos revela hasta el final del libro. Así pues, nos vemos inmersos en una lectura de lo más animada que consigue enganchar y hace que no quieras despegar los ojos de sus páginas hasta saber cuál es el sentido de toda la historia. La narración se va desarrollando de forma dinámica con un argumento en el que todas las acciones ocurren por algo y son, al mismo tiempo, resultado y consecuencia de otra acción; apenas hay cabida para las casualidades o descripciones superfluas.

A pesar de que en La finca se ve retratado a la perfección el funcionamiento del sistema político y el papel de los medios de comunicación, especialmente en España, un rasgo curioso es que en esta novela, los políticos no tienen nombre, no son personas concretas, sino que sus personalidades nacen de la mezcla entre la experiencia y la imaginación de la autora. Por otra parte, la obra nos sumerge de lleno en la actualidad de nuestro país al estar impregnada de menciones a sucesos que han venido ocupando las páginas de los periódicos y los informativos en los últimos tiempos: la cuestión catalana, el auge de las ideologías antimonárquicas entre los partidos de izquierda, las proposiciones de ley para abolir los toros y la caza en las fincas, el debate sobre los “okupas” o incluso eventos concretos como el terremoto de Lorca.

A lo largo de la novela, también podemos percibir la experiencia de Aurora García a la hora de cubrir sucesos de la vida de la Familia Real o sus vivencias en los viajes al extranjero. Hay capítulos en los que asistimos a encuentros con el Jefe de Estado. Si tenemos en cuenta que Aurora García trabajó como corresponsal en la Casa del Rey, nos puede surgir la duda de si estos momentos reflejan encuentros reales entre la periodista y la Familia Real o si son fruto de su imaginación (o una mezcla de ambos, tal vez).

Con respecto a los personajes, además de la protagonista, los otros dos sujetos que más me han llamado la atención son sin duda Mod e Íñigo, dos hermanastros con personalidades complejas, seres enigmáticos y fascinantes que ejercen sobre el lector la misma atracción que ejercen sobre Claudia. En cuanto a esta última, vemos cómo su forma de ser evoluciona y pasa de un perfil más observador y modesto al principio de la obra a transformarse en una mujer más decidida y dispuesta a hacer cualquier cosa con tal de conseguir lo que se propone. En resumen, podríamos concluir que en La finca tenemos un reflejo de la complejidad de la psicología humana personificada en cada uno de sus personajes. Nos parece que la autora huye de los estereotipos de personajes buenos y malos. A ello contribuye claramente el papel que se le reserva a la moralidad de los sujetos. De hecho, uno termina de leer la novela y se queda con la impresión de haber asistido a un encuentro entre diversas personalidades cuyos rasgos se mueven dentro del espectro entre la moralidad y la amoralidad.

Además del suspense, La finca nos ofrece también una visión aventurera de la profesión del periodista, donde la monotonía o la rutina brillan por su ausencia. Vemos a una protagonista movida por la curiosidad que no se deja intimidar por los obstáculos y no duda en embarcarse en tramas peligrosas si con ello puede conseguir destapar la verdad. Sea cual sea tu profesión, casi que te entran ganas de ser periodista también y poder participar del tipo de aventuras que vive Claudia. Y si a todo esto le sumamos unos toques de romanticismo y de humor, el resultado es una historia que, a pesar de sus complejidades, se nos revela de lo más verosímil a la par que disfrutable.

Por Lilibet
@armoredlilibet

Título: La finca: Una familia con poder. El amor a una tierra. Una periodista en busca de la verdad
Autor:  Aurora García Mateache
Editorial: LA ESFERA DE LOS LIBROS
Publicado: 8 de julio de 2020
Páginas: 432
ISBN: 978-8491648352

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