Las niñas que soñaban con ser vistas
de Pablo Rivero

Publicación: 6 mayo 2021
Editorial: SUMA
Páginas: 392
ISBN: 978-8491295556

Biografía del autor

Licenciado en comunicación audiovisual, Pablo Rivero es conocido por interpretar a Toni Alcántara en la serie de TVE Cuéntame cómo pasó, trabajo que combina con personajes en películas como De tu ventana a la mía de Paula Ortiz, Proyecto tiempo de Isabel Coixet, No me pidas que te bese porque te besaré de Albert Espinosa o La noche del hermano de Santiago García de Leániz. En teatro ha participado en montajes como La caída de los dioses, dirigido por Tomaz Pandur, Los hijos se han dormido, dirigido por Daniel Veronese, El sirviente, dirigido por Mireia Gabilondo, las tres en el Teatro Español, o Fausto, también de Tomaz Pandur, para el CDN, entre otras. Debutó como novelista con No volveré a tener miedo, un domestic thriller que tuvo una gran acogida entre los lectores y la crítica. Penitencia, su segunda novela, nos adentra en el mundo de la interpretación y la industria que lo rodea, que conoce muy bien, para dar profundidad a una envolvente trama de puro género. Las niñas que soñaban con ser vistas es su tercera novela y vuelve a sumergirnos en una perturbadora historia repleta de intriga.

Sinopsis

«Pablo Rivero es el descubrimiento del año. Con su oscuro y enérgico estilo va acorralando al lector página tras página para noquearlo en el último capítulo».
CÉSAR PÉREZ GELLIDA

El inconfundible estilo de Pablo Rivero vuelve a sumergirnos en una perturbadora historia llena de intriga.

Laura García Hernández, una niña de catorce años, ha desaparecido. La última vez que se la vio fue entrando en un conocido centro comercial, cuando acudía a una misteriosa cita. A los pocos días aparece descuartizada en el aparcamiento de la planta baja. El cuerpo presenta mordeduras de animal, pero su hermano Jaime insiste en que fueron causadas por un ser humano. Todo se complica cuando Pablo, un publicista que trabaja en la agencia más prestigiosa del país, sospecha que el asesinato puede estar relacionado con la muerte de algunas famosas influencers.

Pablo Rivero vuelve con su historia más terrorífica. Las niñas que soñaban con ser vistas nos adentra en el mundo de la publicidad y los peligros de la sobreexposición en las redes sociales cuando se unen la perversión moral y las ganas de ser visto. Con una trama bien estructurada, inquietante y escabrosa, te seducirá por sus personajes enigmáticos, sus giros sorprendentes y su impactante final.

Nota de prensa

El actor y escritor Pablo Rivero vuelve con su historia más terrorífica, que afianza su imparable carrera literaria y reconfirma su portentosa imaginación y su pulso firme a la hora de llevar al lector por laberintos emocionales con el sabor del mejor thriller. Las niñas que soñaban con ser vistas nos adentra en el mundo de la publicidad y los peligros de la sobreexposición en las redes sociales.

Como ya sucediera en sus anteriores novelas, Pablo Rivero maneja con total acierto y precisión el thriller psicológico, graduando la tensión con pulso bien templado, envolviendo al lector en los acontecimientos, implicándole con el protagonista, haciéndole vivir en primera persona los sorprendentes giros de una trama enmarañada y asfixiante que no da tregua.

Hay también en Las niñas que soñaban con ser vistas,al más puro estilo de la novela negra clásica, buenas dosis de crítica social, un análisis a ratos demoledor de actitudes, circunstancias y amoralidades que, por cotidianas y/o extendidas, se pasan por alto e incluso se dan por buenas. La novela plantea muchos interrogantes, no solo por el misterio de la trama, si no por lo que cada uno podría hacer para evitar tragedias tan plausibles como las que Pablo Rivero narra y denuncia.

No en vano, la historia está inspirada en la investigación y obsesión por determinados hechos reales sucedidos, en su mayoría, en los años 90, cuando abundaban teorías de todo tipo sobre la presunta implicación de altas esferas en juegos de perversión y poder. Este turbio panorama, que Pablo Rivero enrarece aún más al combinarlo con snuff movies y canibalismo, se traslada a 2014, un momento en que las redes sociales tienen ya una fuerte presencia en la sociedad. El resultado es una obra de enorme crudeza, escabrosa, violenta, perversa, espantosamente real, donde un asesino en serie escoge sus víctimas entre las niñas que sueñan con convertirse en las influencers con mayor número de seguidores.

«A todos nos gusta gustar. Al fin y al cabo es lo que buscamos todos, ¿no? Ser especiales».

BILBAO: Pablo lo tiene todo preparado para despedirse de la prestigiosa agencia de publicidad en la que trabaja y regresar a Montpellier, el lugar donde estudió y conoció a la que hoy es su mujer, Lisi, embarazada del primer hijo de la pareja. Cuando acude por última vez a su todavía lugar de trabajo es convocado a lo que se conoce como «la Cima», el último piso del edificio, donde se encuentra el despacho del fundador y dueño de la empresa, el señor Urdanegui. Éste en persona le hace una oferta irresistible, le cautiva, despliega ante sus ojos un futuro prometedor, todo lo que lleva tiempo ambicionando, con la condición de que permanezca en la ciudad.

MADRID: Laura García Hernández, una niña de catorce años, convence a su hermano mayor, Jaime, para que la lleve a un conocido centro comercial porque ha quedado con su mejor amiga. Pero, en realidad, su cita es con alguien a quien no conoce, que ha contactado con ella a través de las redes sociales, cita de la que no regresa. Poco después, su cadáver aparece descuartizado en el aparcamiento del centro comercial. Su hermano empieza una auténtica cruzada en las mismas redes que atraparon a Laura para que la verdad salga a la luz y el culpable sea identificado y capturado.

Algo inquieta a Pablo desde que conoce la noticia de esta desaparición, se siente vinculado al dolor de Jaime, la historia le enfrenta a sus fantasmas familiares, a la tragedia que vivió en el pasado y que nunca ha compartido con Lisi. Para agravar esta sensación, la celebración del trigésimo aniversario de su empresa (acto al que debe acudir a modo de ceremonia de iniciación) tiene lugar en un palacio de principios del siglo xx, propiedad de la familia Urdanegui, ubicado en Gordexola, a veinte minutos de Bilbao. El palacio, además, se encuentra muy cerca de donde aún vive el padre de Pablo, la casa familiar a la que él no quiere regresar, el hogar donde sucedió todo aquello que querría olvidar.

La atmósfera ominosa y opresiva que percibe en el acto de bienvenida, las miradas suspicaces que le dedican la mayoría de los invitados, la vigilancia amable y atenta pero firme a la que le somete Elvira (la eficiente secretaria personal de Urdanegui), el conocimiento de un suceso ocurrido en el palacio cuando su jefe era niño, su propio pasado acechando, los mensajes y declaraciones de Jaime tras el asesinato de su hermana, crímenes anteriores que vincula al de Laura, todo se conjuga para que Pablo empiece a tener terribles y recurrentes pesadillas, vívidas y muy reales, algunas de las cuales tornan en premonitorias.

Los escenarios, una vez más en la obra de Pablo Rivero, son fundamentales, definitorios y definitivos, el modo en que los utiliza y hace ser parte activa de la trama, la manera en que influyen en los personajes logra momentos de enorme intensidad. Así, aparecen elementos muy representativos de Bilbao como la Torre Iberdrola («el rascacielos más alto del norte de España»), la espectacular escultura Mama de Louise Bourgeois en la parte trasera del Guggenheim («todo un icono a nivel mundial»), así como elementos culturales y tradicionales que marcan una novedad, un nuevo hito en la trayectoria del autor al integrarlos con maestría en la oscuridad de la trama.

Aunque todas sus novelas pueden ser leídas de manera independiente, Pablo Rivero recupera en Las niñas que soñaban con ser vistas personajes de sus anteriores títulos (No volveré a tener miedo y Penitencia), expandiendo un universo literario donde sus criaturas conviven e interactúan.

LOS PERSONAJES

EL SEÑOR URDANEGUI:«Sus ojos eran tan transparentes que asustaban; a ello contribuían también sus enormes y gruesas cejas negras, que acababan de forma puntiaguda en la parte superior. Su pelo, mayormente blanco, estaba peinado hacia atrás. Tenía un aspecto enigmático y seductor».

PABLO:«Si había algo que le caracterizaba, aparte de su cabezonería —entendiendo por esto su tenacidad y empeño para conseguir lo que se propusiera—, era, sin duda, su carácter asustadizo».

LAURA:«Estaba muy delgada, pero tenía la cara redonda característica de una niña de su edad. El pelo oscuro, casi negro y unos ojos verdosos enmarcados por unas enormes y curvas cejas negras que le daban un aire felino a la mirada. Echó un primer vistazo para comprobar que estaba todo: llevaba puesto el pantalón vaquero azul clarito desgastado y una camiseta de rayas horizontales tal y como habían quedado. Se quitó las dos zapatillas lanzándolas por la habitación y se puso lo único que le faltaba para cumplir todo lo pactado: las Converse blancas bajas sin calcetines. ¡Ahora sí que sí! Sacó su móvil a toda velocidad y se hizo un selfie que le envió junto con el texto: «En menos de diez minutos estoy ahí». Pulsó a enviar y sintió un hormigueo en el estómago; por fin iba a dar el gran paso. Una sola instantánea que haría realidad aquello que esperaba ansiosa y por lo que tanto se esforzaba cada día».

ELVIRA:«Elvira era la secretaria del señor Urdanegui y el alma de la agencia. Representaba la parte humana del negocio, la que aportaba la calidez necesaria a la empresa. Todo el equipo sabía que «su lugar» estaba en el último piso o, como lo llamaban ellos, «la Cima», junto a Urdanegui, el dueño y fundador. Sin embargo, era muy frecuente cruzarse con ella en la otra planta de la agencia, en la que trabajaba Pablo junto a la mayoría de la plantilla, ya fuera conversando con algún compañero, repartiendo bollos de mantequilla o revisando que no faltara nada en las zonas comunes y el catering. Debía de tener setenta años, quizá unos pocos más, pero estaba como una rosa. Era muy delgada y ágil, se la veía llena de energía y vitalidad. Siempre que se la encontraba le saludaba de la misma manera: gritando su nombre en diminutivo. Pablo se irritaría con cualquier otra persona que le hiciera eso delante de todo el mundo, pero era imposible alterarse con Elvira. Era la abuela que todo el mundo querría tener».

LISI:«Su nombre venía de Elizabeth, como Elizabeth Taylor. Le encantaba la actriz de los ojos violetas, como a su madre, nacida en San Diego, California, pero no fue ese el motivo por el que se lo pusieron, sino porque su abuela materna también se llamaba así. Su padre nació en Montferrier, un municipio en el distrito de Montpellier, principalmente residencial, en mitad del campo, apartado del pequeño bullicio de la ciudad. Ahí es donde se crio Lisi y adonde ahora pensaba volver con Pablo para criar al bebé cuando naciera. Se conocieron en el primer año de universidad, pero no hicieron la misma carrera. Ella estudió Ingeniería Informática en otro edificio; y es que, detrás de su aspecto de cultureta sofisticada, se escondía una mentalidad pragmática y habilidosa para los números y una gran destreza para manejarse en todo lo referente al mundo informático: no había dato o curiosidad que se le escapara, era capaz de encontrar una aguja en un pajar en un abrir y cerrar de ojos».

JAIME:«Jaime tenía dieciocho recién cumplidos, pero siempre había sido «el viejuno» de la familia: observador y dicharachero de pequeño, y responsable y cuidadoso de adolescente, demasiado incluso. Siempre obedecía a sus padres; le habían dejado al mando y no pensaba correr ningún riesgo, conocía bien a Laura y sabía que era capaz de liarla en menos de lo que canta un gallo. Ni por asomo se le habría ocurrido acceder a dejarla salir esa tarde de octubre si no fuera porque Pati, la compañera de clase que le traía loco desde el curso pasado, por fin parecía haber puesto el ojo en él y le había escrito un «Qué haces?» con lo que ambos sabían lo que implicaba esa pregunta».

 

 

FRAGMENTOS DE LA OBRA

 

«Todo cobra una nueva dimensión cuando se juntan la perversión moral y el ansia de ser visto»

«No eran más que niñas que soñaban con ser vistas. Jamás se imaginarían que ellas mismas acabarían siendo el producto anunciado»

«Durante la cena, la noticia de la desaparición de la niña volvió a convertirse en la protagonista. No existía mucha más información que la que habían dado a mediodía, pero esta vez el retrato robot de Laura, vestida con la ropa que llevaba puesta cuando desapareció, casi le hizo atragantarse con la cucharada de sopa que estaba tomando. Una sola imagen le trasladó de golpe al peor día de su vida. Pablo fijó la mirada en el televisor, pero ya había dejado de verlo, su mente volvía a estar en aquel momento de pesadilla. De pronto, la sangre empezó a cubrir la pantalla entera y a salpicar todo alrededor, como cuando ocurrió todo».

«—Laura es muy especial. No lo digo porque sea su hermano, pero es que es realmente lista, muy espabilada. Demasiado, de hecho. Es muy impaciente y casi siempre quiere ir demasiado deprisa. Yo hago por frenarla, sobre todo por el miedo que me meten mis padres con lo que les pasa a las chicas que van solas y demás, no quiero que le ocurra nada. —El chico se quedó en silencio un momento—. Le gusta mucho todo lo relacionado con los famosos, las cantantes, las modelos… Está obsesionada con las redes sociales, los blogs y todo lo que tiene que ver con eso».

*Contenido original proporcionado por Comunicación Suma de letras

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