Territorio negro
de Manu Marlasca y Luis Rendueles

Publicación: 31 marzo 2021
Editorial: Planeta
Páginas: 336
ISBN: 978-8408240655

Biografía del autor

Manuel Marlasca (Madrid, 1967) es un periodista de larga trayectoria profesional. Desde 2012 trabaja en los informativos de La Sexta y colabora en el programa Más vale tarde de dicha cadena. Ha colaborado con Interviú, Espejo Público y Onda Cero, entre otros. Junto con Luis Rendueles presenta «Territorio negro» en el programa Julia en la Onda de Onda Cero y ha escrito los libros Así son, así matan, Mujeres letales y Una historia del 11M que no va a gustar a nadie.

Luis Rendueles (Gijón, 1967) ha trabajado para el diario El Sol, TVE y Antena 3. Fue reportero y subdirector de la revista Interviú y ahora forma parte de El periódico de Catalunya. Junto con Manuel Marlasca presenta «Territorio negro» en el programa Julia en la Onda de Onda Cero y ha escrito los libros Así son, así matan, Mujeres letales y Una historia del 11M que no va a gustar a nadie.

Sinopsis

Por las páginas de este libro desfilan los autores de trece crímenes perfectos cometidos en España en los últimos veinte años: su obra, su mente y su sangriento legado se analizan sin amarillismos.

Los distintos tipos de asesinos son un buen indicador de los problemas de cada sociedad y reflejan nuevas realidades criminales: asesinos capaces de matar y cruzar Europa en muy poco tiempo; jóvenes criminales que cuentan su asesinato en directo por WhatsApp; mujeres que traman su delito sin mancharse las manos; homicidas que se apoyan en la tecnología para salir impunes.

Territorio negro también rinde homenaje al compromiso y la profesionalidad de los encargados de cazar a los criminales, que cuentan hoy con herramientas nunca vistas.

Los crímenes más famosos y sorprendentes del siglo XXI. Porque la historia de un país también puede contarse por sus tragedias.

Nota de prensa

Los crímenes españoles más famosos y sorprendentes del siglo XXI

Los distintos tipos de asesinos son un buen indicador de los problemas de cada sociedad y reflejan nuevas realidades criminales: jóvenes criminales que cuentan su asesinato en directo por WhatsApp; mujeres que traman su delito sin mancharse las manos; homicidas que se apoyan en la tecnología para salir impunes.

«Hemos pretendido en todo momento guardar un absoluto respeto a las víctimas, un principio que siempre ha guiado nuestros pasos profesionales, así como a quienes se encargan de sacar de las calles a aquellos que tanto daño han hecho. En estas páginas verán a policías, guardias civiles y mossos haciendo su trabajo, muchas veces poco comprendido o desconocido para el público.»

¿Quién puede matar a un niño? Esa pregunta clásica cuya mera formulación parece antinatural, y que debería carecer de respuesta, tiene, sin embargo, una que, no por antinatural, es menos real. A veces, los niños mueren a manos de sus propios padres o de las parejas (no siempre hombres) de estos. Territorio negro recoge cuatro de estos casos. El de César Juanatey, un niño de 9 años, asesinado por su propia madre, una psicópata de manual. Esta fue condenada a veinte años; hoy, lo hubiera sido a prisión permanente revisable. El de los niños Ruth y José de seis y dos años, asesinados por su padre, José Bretón, para hacer daño a la madre. El de Gabriel Cruz, al que toda España conoció por el apodo familiar de el Pescaíto, asesinado por la pareja de su padre. El de Sara Feraru, de cuatro años, asesinada por el amante de su madre.

Violencia contra la mujer Por supuesto, y desgraciadamente, la violencia contra la mujer tiene una amplia representación en esta obra. Está el caso clásico de la mujer asesinada por su pareja tras anunciarle su intención de romper con él, como les ocurrió a Sonia Iglesias o a la ucraniana Marina Okarynska. Está el caso de la adolescente (Vanessa Ferrer, quince años), víctima de un amigo algo mayor, un drogadicto y delincuente de veintiún años, un “malote rural con pretensiones de hampón”, asiduo de los servicios de salud mental, incontrolado y violento. O el de la turista norteamericana asaltada en el Camino de Santiago por un tipo marginal convertido en depredador.

Un iluso en manos de una depredadora Cuando es la mujer la que quiere eliminar al hombre, los métodos utilizados suelen ser distintos. Tradicionalmente, se han asociado los crímenes cometidos por mujeres a procedimientos menos relacionados con la fuerza bruta, como el veneno, todo un clásico del crimen femenino. Otra posibilidad es recurrir a terceros. El libro recoge un caso de este tipo, el de una atractiva mujer de veintisiete años, acostumbrada a manipular a los hombres apoyándose en ese atractivo. “Ni las mujeres fatales de la era dorada del cine negro de Hollywood llegaban a tanto”, dicen los autores a propósito de su comportamiento.

El crimen no siempre paga Como el libro de Marlasca y Rendueles trata casos de la vida real, en ellos no siempre se da un final feliz. En alguna ocasión excepcional el criminal no paga, a pesar de que los investigadores (muy reivindicados también en esta obra) hayan hecho un trabajo riguroso. En el de Sonia Iglesias, por ejemplo, el absoluto convencimiento de la policía sobre la identidad del asesino no pudo respaldarse con las pruebas necesarias. Ni apareció el cadáver de la víctima (el presunto culpable nunca dijo dónde estaba) ni, por tanto, pudo castigarse el crimen.

Historias policiales Recopilación de trece true crimes, Territorio negro tiene los ingredientes de los buenos relatos policiales. El lector acompaña a los investigadores en sus pesquisas, conociendo sus métodos y técnicas de trabajo. La investigación de los crímenes del siglo XXI es muy diferente de la de décadas anteriores sobre todo por el uso de nuevas tecnologías. Hoy, la policía puede introducir micrófonos en casas o coches, localizar a sospechosos por el rastro de sus teléfonos móviles, analizar muestras de ADN. De todo ello hay ejemplos en el libro. Uno llamativo a propósito del ADN es el del hombre que, para probar que había hecho el amor con su pareja (lo que indicaría una buena relación con ella frente a los indicios de culpabilidad que le apuntaban), dejó su esperma en un preservativo. Pero la policía, además de la sospechosa casualidad de que apareciera un preservativo en la basura un par de días después del crimen, contó con una prueba más definitiva: el único resto de ADN encontrado allí era del sospechoso, sin la menor huella genética de la víctima ni de otra mujer, algo imposible si se había mantenido una relación sexual.

Psicópatas y asesinos banales Hay muy pocos asesinos natos, dicen los autores. Pero la personalidad de los asesinos es tan variada como sus móviles. Hay auténticos psicópatas y otros que esconden una personalidad vulgar, cuando no banal (la terrible banalidad del mal). Un personaje así es José Bretón, apodado el Cebollo en su adolescencia por sus compañeros de instituto, y cuya intrascendencia asoma en sus escritos, algunos de los cuales se recogen en el libro. Banal y estúpido es el cómplice de María Jesús Montero Cantó, sometido a una seductora hasta ser capaz de asesinar por ella.

*Contenido original proporcionado por Comunicación Editorial Planeta

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