Huéspedes
de Julio Botella

Publicación: 7 abril 2021
Editorial: De Conatus
Páginas: 192
ISBN: 978-8417375560

Biografía del autor

Julio Botella (Madrid, 1964) es Licenciado en Historia del Arte por la Universidad Complutense de Madrid y especializado en Arte Contemporáneo por el Sotheby ́s Institute de Londres. Entre 1989 y 1997 desarrolla sus primeros trabajos como creador de arte conceptual y como escritor, quedando finalista del premio Joven y Brillante de novela en 1997. Entonces abandona la cultura para trabajar en el sector turístico hasta que en 2019 vuelve a nacer y regresa a las artes plásticas y escritas.

Sinopsis

El libro de Huéspedes está formado por ocho historias cruzadas en las que los personajes transitan por épocas que van desde los años setenta hasta nuestros días. Un animal o un vegetal puede ser huésped de un parásito. Esta es la idea que subyace aquí. Cada personaje es huésped de una emoción destructiva que viene determinada por vivencias oscuras de algún antepasado. Estos huéspedes son de alguna manera victimarios de sus descendientes y víctimas de sus progenitores. En el primer relato, un padre es consciente de la herencia de celos y frustración que está transmitiendo a su hija y se propone cortar esa cadena de transmisión. En los otros relatos, lo veremos de pequeño, sufriendo acoso en el colegio por su torpeza social que es causa de la frustración del padre. También veremos el enfrentamiento a su propia muerte de un padre médico. Una abuela que abduce a su nieta con una nana obsesiva que revela un abuso paterno. Un hombre joven que no es capaz de construir una vida digna por la vivencia de un verano en casa de sus abuelos. Una mujer que un autobús norteamericano sirve de espejo a un hombre español por su necesidad de contentar a los demás. Algunos relatos, aunque están redondos en su construcción, terminan en otros. La naturaleza, vegetal y animal, actúa como una realidad paralela que marca un orden natural que ellos no siguen. Huéspedes es un libro escrito desde la necesidad de redención. Obliga al lector a enfrentarse al hecho de la herencia psicológica y lo mantiene en vilo uniendo acontecimientos, aguardando con impaciencia el final de cada acontecimiento.

Nota de prensa

EL DEBUT LITERARIO DE JULIO BOTELLA
Descubrir a un nuevo narrador tiene que ver con encontrar un punto de vista nuevo sobre el mundo que vivimos.

Huéspedes es un libro de historias cruzadas que indaga en la herencia psicológica.

Si pensamos en cómo hemos llegado hasta aquí, hasta la vida que llevamos, en seguida nos vienen a la cabeza las decisiones que hemos ido tomando. ¿Dan cuenta, de verdad, de nuestro estado de ánimo actual o nos falta algún dato para entender nuestras reacciones a lo largo de la vida?

El narrador del primer relato de Huéspedes vislumbra la posibilidad de estar transmitiendo su frustración a alguna de sus hijas y eso le lleva a pensar en lo que le ha sido transmitido a él. Y ahí empiezan las historias que componen el libro, historias de personajes que se mueven impulsados por una especie de parásitos psicológicos que se transmiten de generación en generación.

La hondura psicológica de las historias y de los personajes se basa en la idea de la transmisión de emociones pasivas en las familias.

Cada personaje es huésped de una emoción destructiva que viene determinada por vivencias oscuras de algún antepasado. Estos huéspedes son de alguna manera victimarios de sus descendientes y víctimas de sus progenitores.

Un padre es consciente de la herencia de celos y frustración que está transmitiendo a su hija y se propone cortar esa cadena de transmisión. Un niño sufre acoso en el colegio por su torpeza social que está causada por la frustración del padre. El enfrentamiento a su propia muerte de un famoso médico lleva al narrador hijo a un aumento de su consciencia. La abuela que abduce a su nieta con una nana obsesiva es inconsciente de un posible abuso en su infancia, pero está transmitiendo la necesidad enfermiza de ser el centro de atención. Un verano de infancia en el pueblo lleva al narrador a la imposibilidad de crear una vida digna por un abuso que termina silenciado.

Algunos relatos, aunque están redondos en su construcción, terminan en otros. La naturaleza, vegetal y animal, actúa como una realidad paralela que marca un orden natural que los personajes no siguen.

Julio Botella descubre un campo psicológico de investigación literaria. Su estilo es minimalista, siempre a la búsqueda de imágenes contundentes que obliguen al lector a participar del descubrimiento que esconde el relato. Y su campo de batalla, la vida cotidiana, el día a día.

Los escenarios están centrados en la ciudad de Madrid: desde un restaurante chino cerca de Gran Vía, a un mercado del centro. Casas a las afueras de la ciudad, barrios de chabolas, urbanizaciones, pisos en barrios, hospitales o centros de ancianos. El verano en el pueblo castellano o la estancia en Cincinnati en los Estados Unidos sirven de contraste para resaltar la realidad cotidiana madrileña.

El abuso sexual o el acoso escolar son dos temas que están en el fondo del libro y que están tratados con maestría, con toda la sutileza que exigen los silencios que provocan y la personalidad de las víctimas.

Si buscáramos alguna similitud con otros autores de relatos, podríamos pensar en Ignacio Aldecoa, pero es el debut de un escritor nuevo que ha buscado su voz narrativa desde la necesidad.

CITAS

Ejemplos de descripción

Invisibles como el espíritu del viento vuelan las águilas sobre nuestras cabezas. Yo las veo a veces, posadas en el poste de Elm de madrugada o perdiéndose bosque adentro, al atardecer. Hay una que planea temprano monte abajo, cruza la carretera, vuela raso sobre nuestros tejados y bate alas remontando hacia el otro lado del río, desde donde llega el traqueteo de la planta de la River Sands, un sonido que cambia con el viento, pero que siempre está ahí. Si tienes suerte y alguien te invita a cenar al Country Club, entre el tintineo de cubiertos y copas, por el ventanal puedes ver, más allá del hoyo siete, el resplandor de los focos iluminando el turno de noche. Algunos vecinos, ancianos o padres primerizos, se siguen quejando del ruido, pero en el laberinto administrativo del condado de Hamilton los trámites discurren sin prisa.

Ejemplo de planteamiento de relato

Lo mejor de la infancia del médico es que ya pasó, como tantas. No hablaba de ello ni con su mujer, a la que con dos pinceladas había acomodado en una vaga imagen del pasado para consumo de sobremesa, ni con nadie. Allí quedaba el lastre de un mundo sometido a la despótica autoridad del Dios padre, o del padre a secas. Lo importante era que había impulsado su vocación médica, dejando la otra, la espiritual, por el camino.

El joven Oller había encontrado en la medicina un punto de fuga a partir del cual construirse un paisaje de salvación del prójimo, ya que no espiritual, al menos orgánico. Eso sí, concedió a la vida y a la sociedad una familia hacia la que, con todo su pesar, evitó la sobreexposición emocional, agradeciendo que el tiempo pasara y que el nido fuera quedando vacío.

Los Hsung empezaron un auténtico vía crucis llevando en el metro vasitos con
muestras calientes de orina a la clínica, haciendo cola desde bien temprano junto a muchedumbres poco aseadas, abriéndose paso a codazos hasta supervisoras atareadas, mendigando volantes y autorizaciones, esperando como reos en corredores abarrotados para dejarse hacer las mil y una perrerías a las que tuvo que someterse el chico, hasta que por fin obtuvieron los resultados y vuelta a empezar de aquí para allá peregrinando de consulta en consulta, siguiendo las flechas pintadas en el suelo de los pasillos hacia dependencias cada vez más lejanas para alcanzar las tripas mismas del hospital, donde todo era silencio, claridad y el aire tenía un regusto a antiséptico.

Descripción de personaje infantil acosado

Por lo demás, tenía sus cosas, quién no. A veces era un poco rabiosete y se frustraba
con las injusticias cuando no podía explicarse bien, algo comprensible, ¿no?, nada fuera de lo normal. Se comía los capuchones de los bolis y las costras de las heridas, si las alcanzaba. Chupaba el sabroso hierro de los radiadores y si pillaba un clavo, un tornillo o un muelle gordo de fresquito gusto a metal, también, a la boca. Adrián se ponía pilas de petaca en la lengua para notar el cosquilleo de la corriente eléctrica, hablaba siempre con miedo a equivocarse y tenía unos ojos que, más que tristes, miraban afuera con miedo. Adrián dejaba siempre su lectura boca arriba en la mesilla de noche antes de dormir, y siempre, siempre, tuvo algún tic. Ah, y para poder dormirse, de pequeño tenía que mecerse en la cama boca abajo dándose de cabezazos contra la pared. Muy raro. Su mejor, su único amigo, era Balú, su perro. No, Balú era al único a quien quería de verdad. Desde que hizo la primera comunión era el único por el que pedía cuando rezaba, no muy convencido, eso sí. Pero por si acaso.

Distintos puntos de vista simultáneos en la narración

La niña sigue la historia con los ojos como platos. A Leidy se le ha removido el fondo y por ahí han asomado los dibujos de la casa pobre y de Toby y Dama.

Justo antes de la primera comunión, robaron en la iglesia y al cura lo descalabraron. Al poblado llegó la pestañí con su escandalera de luces y sirenas y se armó la marimorena. Los rodearon sacándoles de sus casas y lo registraron todo. Con tanta bulla hasta las gaviotas del vertedero andaban revolucionadas. Al final, trincaron a unos calós y al padre de la niña, y al amanecer se los llevaron en el furgón.

Esa vaina peliculera de la señora le da tal empute, que Leidy agradece estar donde la piscina, aparte. Junto a los perros distingue ahora la silueta infantil de la camioneta, con unas líneas de verdín que fueron las ruedas.

*Contenido original proporcionado por la editorial DE CONATUS

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