Narkiss de Jean Lorrain

Publicación: Diciembre de 2020
Editorial: Amistades Particulares
Páginas: 86
ISBN: 978-84-121065-7-2
Ilustrador: Joaquim Sicart Bertran

Biografía del autor

Jean Lorrain (1855-1906) fue un prolífico e influyente escritor francés –cuyo verdadero nombre era Paul Duval–, muy reconocido por su poesía y prosa decadentista. Fue un habitual de la vida bohemia parisina de finales del siglo XIX y nunca temió el escándalo. Defensor del dandismo y provocador nato, jamás ocultó su homosexualidad (se paseaba ostensiblemente con sus amantes, a los que buscaba entre los luchadores de feria), algo que no le impidió ser miembro de la Academia Goncourt. Su desmedida y duradera pasión por el éter –que junto con la morfina y el opio circulaba profusamente por los círculos literarios decadentistas finiseculares–, unida a las secuelas de la sífilis, terminó con su vida a la temprana edad de cincuenta años.

Sinopsis

En 1892 el escritor decadentista francés Jean Lorrain publicó un hermoso y trágico cuento en el que trasladaba el mito de Narciso al Egipto faraónico, dando así vida a Narkiss. Ese cuento, cargado de sutil homoerotismo, fue publicado inicialmente en tres entregas del periódico Le Journal y posteriormente incluido en uno de sus libros de relatos. Pero tras la muerte del escritor, sus amigo cumplieron uno de sus deseos: publicar Narkiss en una edición de lujo, de solo 300 ejemplares, muy bella y sofisticada, que resultó ser un auténtico objeto art nouveau. Ahora, Amistades Particulares, en homenaje a aquella edición de hace 112 años, publica Narkiss en una preciosa edición en color y papel de alta calidad, ilustrada por Joaquim Sicart Bertran, joven ilustrador que ha reinterpretado, sin desmerecerlos, los dibujos originales de la edición de 1908.

 «Narkiss, príncipe de Egipto, hijo y descendiente de innumerables faraones, era de una belleza sobrehumana; la sangre de Isis permanecía en él como en todos los de su raza después de muchos siglos, pero, siendo el último descendiente de una línea fastuosa, la divinidad de la gran antepasada había florecido en él con un esplendor tal que dicen que su madre adoró su cuna, y que los crímenes habían rodeado enseguida su nacimiento».

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