Las ballenas cantan jazz

Las ballenas cantan jazz: La ciencia desde el asombro y la belleza de lo desconocido
de Mario Viciosa

Las ballenas cantan jazz. Y el cosmos es un oscuro café. Y todos los plátanos son el mismo. El planeta Tierra es un lugar extraño y fascinante que se puede explicar a través de titulares como estos. En 1977 la humanidad lanzó su primera tarjeta de presentación al universo a través de las sondas Voyager. Desde entonces, un disco viaja por el espacio interestelar con sonidos e imágenes de nuestro mundo dirigidos a una supuesta civilización extraterrestre. Sin embargo, aquel mensaje en una botella es difícil de descifrar, entre otras cosas porque no deja entrever algo que sí hacen las narraciones: las pasiones, los sentimientos, los miedos… En definitiva, las emociones.

Las ballenas cantan jazz es una explicación de nuestra singular existencia a Alice, una entidad hipotética y extraterrestre, escrita por Bob, otro hipotético portavoz humano, dispuesto a compartir el extrañamiento de un mundo que, aunque nos es habitual, no deja de ser formidablemente asombroso.

MARIO VICIOSA es periodista, realizador audiovisual y profesor. Ha desarrollado su carrera como redactor y creador en medios como El Mundo, El Independiente, TVE, Canal Norte, Onda Cero, La Sexta y Newtral. Se ha especializado en periodismo científico y en contenidos formativos y de divulgación. Ha recibido el Premio de Periodismo Científico Concha García Campoy de la Academia de Televisión, el Premio Boehringer Ingelheim al Periodismo en Medicina y el Premio Rey de España de Periodismo de la Agencia EFE, entre otros. Durante la crisis del coronavirus ha sido una de las caras habituales de la televisión en el seguimiento de datos, la caza de bulos y el desarrollo de las vacunas.

EXTRACTOS DE LA OBRA

Carta 0. Hola, mundo «Querido ser humano:

Es posible que te sientas un tanto extraterrestre leyendo una carta que no remite quien custodia tu dinero o tu voto, penúltimos reductos epistolares. Comprendo la extrañeza de este ritual antiguo que rezuma tácitamente un compromiso de respuesta. Por fortuna para ti, no la espero. Esta carta no es más que la primera de muchas que, en realidad, tienen por destinatario a un ser de otro planeta, con el fin de explicar la fascinación que desprende el nuestro. También es un acto aclaratorio para alienígenas, pues si son capaces de leer estas misivas, muy probablemente hayan tenido noticias de la Tierra. En un sentido literal. Y es mi obligación como periodista aclarar algunos titulares más cargados de poesía que de ciencia. Algunos de ellos, de mi propia cosecha. Tenemos el privilegio de poder sostener con contundencia que aquí “las ballenas cantan jazz”; que “hay gatos imaginarios que están vivos y muertos a la vez”; que “el tiempo se fabrica mejor junto al mar”, o que “todos los plátanos son el mismo”, mientras que “el planeta se está quedando sin arena y sin brillo”.

Te presento un pliego de descargo en forma de correspondencia, no un manual de instrucciones de la Tierra y la humanidad. […] »

«Estas cartas no son una historia de todos esos ladrillos del saber y el pensamiento científico, aunque alguno aparecerá. Esta correspondencia con los otros es un pequeño acto de voyerismo entre hallazgos cotidianos que permiten explicar qué hacemos aquí, moldeando un planeta entero a través de un conjunto aparentemente ordenado de conocimientos obtenidos por la observación y el razonamiento, de los que se deducen principios y leyes generales. Y, claro está, una oportunidad para poner banda sonora a la propia experiencia de la vida. Después de todo, nuestro mejor intento histórico para mandar un esquema-resumen de la humanidad ha sido en un disco. A aquel le faltaron, eso sí, las bajas pasiones que nos hacen verdaderamente humanos y nos llevan a escribir con rabia una carta que, como le pasó a Galileo, en el fondo se resume en dos palabras: “te lo dije”.»

*Contenido original proporcionado por la editorial Ariel

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