El Peregrino. Los años perdidos de Jesús
de Thor Jurodovich Kostich

Publicación: 19 de noviembre de 2019
Editorial: Ediciones Luciérnaga
Páginas: 224
ISBN: 978-8412050660

Biografía del autor

Thor Jurodovich Kostich, fotógrafo y escritor especializado en antropología de las religiones. Colaborador en diversos medios de comunicación, conferenciante y guía cultural. Lleva más de tres décadas recorriendo el planeta en busca de las huellas del misticismo y la espiritualidad.

Nota de prensa:

Por fin descubriremos los episodios que hasta ahora permanecieron ocultos de uno de los grandes mitos e iconos que transciende a todas las religiones.

La vida de Jesucristo ha marcado durante más de 2000 años el devenir de los acontecimientos mundiales. No obstante, muchos capítulos de su vida son un enigma, en especial los que van desde los 13 hasta los 30 años.

¿Dónde estuvo? ¿Qué hizo? ¿Viajó Jesucristo a la India, Tíbet y Nepal adquiriendo conocimientos sagrados? ¿Recorrió el sur de Inglaterra? ¿Visitó Japón? Tras los años de predicación en tierra Santa, ¿murió en la cruz o años después en la India? ¿Por qué hay una tumba de Jesucristo en Japón? ¿Tuvo un hermano gemelo?

Parece que la respuesta a estas y otras preguntas se halla en un compendio de antiguos textos que permanecen ocultos en los ancestrales monasterios budistas de la India y el Tíbet.

«Es inaudito no querer conocer en profundidad al ser humano que se esconde tras Jesús. El hombre que, durante más de dos mil años, ha marcado el devenir de los acontecimientos mundiales. Porque su huella ha marcado y marca el paso del tiempo, las festividades más importantes, las normas y leyes, pero sobre todo nuestra moralidad y nuestro sentido del bien y el mal. Pero ¿quién fue realmente Jesús?»

DEL PRÓLOGO DEL AUTOR

«Existen dos Jesucristo. El Mesías de la fe, la mística y legendaria creación, un ser capaz de realizar milagros, de caminar sobre las aguas y de resucitar para demostrar que era el hijo de Dios, y el Jesús histórico, del que casi nada sabemos. Esa es la figura que nos interesa, el que debemos descubrir, conocer quién era, dónde pasó la mayor parte de su vida, qué aprendió durante su niñez, adolescencia y madurez. Por ello, las siguientes páginas se sumergen en un rompecabezas repleto de incógnitas y de enigmas sin resolver que guardan la llave de un mensaje trascendental.

Desde el mismo instante en que aparece su madre María en la escena, embarazada milagrosamente por el Espíritu Santo, las piezas no encajan.

¿Quién fue el padre? ¿Fue José, un carpintero de Nazareth, un hombre de avanzada edad que se desposó con una adolescente en un matrimonio concertado y que podría haber repudiado a María al quedarse encinta antes de la ceremonia, pero a la que perdonó evitando así que fuera lapidada por adúltera, tal y como establecían las leyes judías?

O, como escribió el filósofo griego Celso dos siglos después de la crucifixión, el padre de Jesús podría haber sido un soldado romano llamado Pantero, un relato que pasó a formar parte del texto judío Toledot Yeshu, o también, como escribió el escritor Robert Graves, el padre del Mesías podría haber sido Herodes Antipater, por lo que Jesús sería nieto del rey Herodes el Grande. (…)

Desde antes del nacimiento de Jesucristo la leyenda lo cubre todo con un manto de incertidumbre donde nada es lo que parece, incluso su muerte en la cruz y su posterior resurrección están plagadas de incongruencias y sorpresas, ¿realmente murió?, ¿dónde fue enterrado? (…) Acompañadme para conocer la verdad.»

EL 25 DE DICIEMBRE DEL AÑO 1 DE NUESTRA ERA

Jesucristo no vino al mundo en una fría madrugada invernal y la aldea de Belén tampoco tiene visos de ser el pueblo que realmente lo vio nacer. La elección del día, lugar y año es solo una de las piezas de la más importante conspiración de la historia de la humanidad, la creación de la vida conocida de Jesucristo que oculta su otra vida.

Ningún teólogo, historiador, arqueólogo o erudito, laico o cristiano, puede confirmar la fecha exacta en la que Jesucristo vino al mundo. Se barajan días, meses y años diferentes. En la Biblia no aparece ninguna fecha que indique un momento tan importante y emblemático. Solo en dos de los cuatro evangelios canónicos se habla del nacimiento de Jesús: en el de Lucas y en el de Mateo. (…) Es inadmisible el relato de Lucas:

Había pastores en la misma región, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño. LUCAS 2, 8

(…) Lucas yerra premeditadamente, ya que su deseo era el de otorgarle veracidad histórica al texto, y su intención dispensar visos proféticos al nacimiento al elegir Belén para que María diera a luz, actuando más como un novelista que como un historiador.

Por su parte, el Evangelio de Mateo habla de la matanza de los inocentes, de la estrella de Belén y de los Reyes Magos, pero en ningún momento hace alusión a los pastores ni a un censo del que habla Lucas.

EL DE ARIMATEA

En Gran Bretaña, desde hace siglos, existen como mínimo cuatro tradiciones que hablan sobre el viaje que Jesús realizó junto a su tío abuelo, José de Arimatea, el guardián del Santo Grial en estas tierras. Para desvelar qué hay de cierto en las historias que relacionan a Jesús con las islas británicas hay que saber quién era José de Arimatea, porque su aparición es fundamental para comprender una de las etapas más importantes en la vida de Jesús: su adolescencia y su camino hacia la madurez.

Su protagonismo en las escrituras sagradas es muy importante, pero está sesgado. La historia bíblica lo ha relegado a un segundo plano, a un difuso recuerdo, muchos ni siquiera conocen su existencia, otros dudan de ella. En el Nuevo Testamento los datos sobre José de Arimatea y su relación con Cristo están cubiertos con un velo de oscuridad y secretismo. Los diferentes escritores que han dado forma a la Biblia han omitido parte de su relación con Jesús con la intención de ocultar detalles que, de ser confirmados por la Iglesia católica, transformarían la figura del hijo de Dios.

DOCE AÑOS SIN NOTICIAS

La vida de Jesucristo no solo tiene dieciocho años ocultos, los que van de los doce a los treinta, también su niñez permanece en la sombra. Las referencias bíblicas solo aportan dos datos: su nacimiento y su aparición en el templo a los doce años. Si sumamos todo ello, descubrimos que son treinta años sin tener datos oficiales sobre la vida del personaje más relevante de los últimos dos mil años.

La aparición en el templo se debió a uno de los momentos más importantes en los primeros años de la vida de Jesús, algo que indicaba a todas luces que estaba preparándose para el primitivo ritual, génesis del actual Bar Mitzvah, el tránsito de la niñez a la madurez. (…) En los evangelios leemos que Jesús fue examinado por los sacerdotes y los maestros del templo justamente a la edad de doce años. Así aparece en el Evangelio de Lucas:

Los padres de Jesús subían todos los años a Jerusalén para la fiesta de la Pascua. Cuando cumplió doce años, fueron allá según era la costumbre. LUCAS 2, 41-42

Que Jesús vuelva a aparecer en los evangelios tras doce años de oscurantismo demuestra la gran importancia que revistió esta ceremonia en su vida, al convertirse en el único evento registrado sobre su niñez después de su nacimiento. El detalle más importante de este episodio es que Jesús niño muestra su disconformidad con algunas tradiciones y ceremonias que se realizan en el templo.

¿JESÚS, EL ASESINO?

El apócrifo evangelio de la infancia según Tomás el Israelita, escrito entre finales del siglo I y mediados del siglo II d.C., revela parte del proceso de aprendizaje de Jesús. Es uno de los textos apócrifos más extraños que se han descubierto. Cuenta la infancia de Jesús y solo comparte un episodio con lo descrito en la Biblia, la discusión con los rabinos del templo cuando Jesús contaba doce años.

El contenido presenta a un niño capaz de odiar, de ser colérico y hasta de matar. Justifica los asesinatos que comete como consecuencia del proceso de descubrimiento de sus poderes:

Y el hijo de Anás el escriba se encontraba allí, y, con una rama de sauce, dispersaba las aguas que Jesús había reunido. Y Jesús, viendo lo que ocurría, se encolerizó, y le dijo: «Insensato, injusto e impío, ¿qué mal te han hecho estas fosas y estas aguas? He aquí que ahora te secarás como un árbol, y no tendrás ni raíz, ni hojas, ni fruto». E inmediatamente aquel niño se secó por entero.

Otra vez, Jesús atravesaba la aldea, y un niño que corría, chocó en su espalda. Y Jesús, irritado, exclamó: «No continuarás tu camino». Y, acto seguido, el niño cayó muerto.

El evangelio continúa describiendo con claridad lo acontecido:

Y los padres del niño muerto fueron a encontrar a José, y se le quejaron, diciendo: «Con semejante hijo no puedes habitar con nosotros en la aldea, donde debes enseñarle a bendecir, y no a maldecir, porque mata a nuestros hijos».

Los padres y los vecinos se enfrentaron a José; Jesús, con solo ocho años, había cometido dos asesinatos. Así que a su padre no le quedó otra salida que reprenderlo, sin imaginar que esto traería nefastas consecuencias para todo el vecindario:

Y José tomó a su hijo aparte, y lo reprendió, diciendo: «¿Por qué obras así? Estas gentes sufren, y nos odian, y nos persiguen». Y Jesús respondió: «Sé que las palabras que pronuncias no son tuyas. Sin embargo, me callaré a causa de ti. Pero ellos sufrirán su castigo». Y, sin demora, los que lo acusaban quedaron ciegos.

JESUCRISTO VERSUS ALEJANDRO MAGNO

Jesucristo y Alejandro, dos seres divinos, se enfrentaron en una épica lucha espiritual en la que la manipulación y la conspiración fueron las protagonistas.

Todo empezó con el obispo Osio de Córdoba, que aleccionó a Constantino contra los paganos. Osio había visitado Alejandría, donde descubrió la veneración a la tumba de Alejandro. Se sobrecogió al ver como los ciudadanos, tanto paganos como cristianos, habían transformado el lugar del eterno reposo de Alejandro en un santuario.

Al obispo le fue fácil convencer a Constantino de la conveniencia de luchar con ahínco contra el paganismo, ya que no solo la tumba de Alejandro era venerada, en otros lugares como el Serapeo los paganos seguían fervorosamente antiguos cultos en los que los dioses egipcios estaban unidos a las deidades griegas.

Constantino seguía siendo pagano, aún era sumo sacerdote del Sol Invicto, pero la conveniencia de tener a los cristianos a su favor lo llevó a permitir la quema de algunos textos y templos que atentaban contra la nueva fe.

En Roma, el templo de la diosa Minerva se convirtió en la basílica del mismo nombre, en Britania y la Galia se edificaron iglesias en lugares donde los celtas veneraban a sus dioses, en Oriente Medio Jesucristo adquirió los rasgos de dioses solares como Mitra y Helios.

Pero transformar la veneración de las tumbas no era posible, ya que para los paganos eran lugares especialmente sagrados, umbrales al otro mundo.

El cuerpo del rey macedonio permanecía desde hacía más de seis siglos momificado, ataviado con su armadura en un sarcófago traslúcido de alabastro. Nadie dudaba de ello, no era un mito, su cuerpo permanecía allí y durante siglos se le habían rendido honores. No había desaparecido tras su muerte como ocurrió tras la resurrección de Jesucristo.

Fue entonces cuando Osio y Constantino se dieron cuenta de que el cristianismo no poseía ningún lugar tan importante y con una dimensión tan divina y cercana al creyente. Por ello, aprovechando el Concilio de Nicea, el emperador se reunió con Macario, el obispo de Jerusalén, y con Osio, que presidía el concilio. No era la primera vez que Constantino tramaba un acuerdo secreto, un pacto para transformar las creencias del imperio, y decidieron que Macario debía encontrar la tumba de Jesucristo para competir contra Alejandro.

«¡ESTOS LIBROS DICEN QUE VUESTRO JESÚS ESTUVO AQUÍ!»

¿Existen documentos que confirmen que Jesucristo atravesó la cordillera del Hindukush y que pasó varios años en la India, Nepal y Tíbet? La respuesta vuelve a parecer obvia: no.

Pero, como hemos visto, la vida conocida de Jesucristo es una amalgama de mentiras, tergiversaciones, manipulaciones, errores y conspiraciones que han querido ocultar la parte más importante de su vida, la que le dio la formación como hombre para transformarlo en el hijo de Dios.

Son varios los testimonios que confirman que existen textos milenarios que documentan con detalle su viaje a Oriente, manuscritos de los que la Santa Sede posee copias que mantiene ocultas, manipulando así la verdad para salvaguardar sus estamentos.

El Archivo Secreto Vaticano esconde, entre miles de libros y manuscritos sepultados entre dos mil años de historia, sesenta y tres legajos escritos en arcaicas lenguas orientales que esperan ver la luz para transformar la historia. (…) La Santa Sede se ha

mofado en muchas ocasiones de los investigadores que subrayan que esta inmensa biblioteca guarda algunos de los secretos más importantes de la humanidad. Se defienden de este tipo de acusaciones expresando que todo es más privado que secreto, e incluso que la palabra en latín secretum no significa secreto sino privado o personal. La realidad es que ocultan todo tipo de pruebas sobre conspiraciones y manipulaciones. El secretismo lleva siglos instalado en el Vaticano.

NO MURIÓ

Si analizamos todos los acontecimientos se abre ante nosotros una interesante hipótesis que tiene visos de realidad. Jesús programó junto algunos de sus discípulos, entre ellos María Magdalena, Judas Iscariote, José de Arimatea y Tomás, su crucifixión para resucitar a los tres días. Sabía que, si entraba en el templo y volcaba las mesas, el sanedrín, con Caifás al frente, lo apresaría, sabía que sería llevado ante el prefecto romano Poncio Pilatos y que este se vería forzado a decretar su muerte, para no enfrentarse a los sacerdotes judíos que deseaban eliminarlo. De hecho, Caifás ya había expresado claramente sus deseos al acusarlo de ser un rebelde, el supuesto hijo de Dios que osaba proclamarse rey. Jesús sabía que Caifás amenazaría al prefecto romano y que lo culparía de ser desleal al César. Y eso era muy peligroso para sus intereses, Pilatos estaba entre la espada y la pared.

Así que finalmente tomó la decisión de crucificar a Jesús. Pero ¿pudo Jesucristo sobrevivir?

Tres etapas en el proceso de su martirio están intrínsecamente unidas. Jesús era un hombre de unos treinta años y en buena forma física que había recorrido miles de kilómetros trabajando como caravanero. Probablemente poseería un cuerpo atlético con una buena capacidad aeróbica, ya que desde su regreso de Palestina no había dejado de caminar y trabajar junto a sus discípulos. Pero el secreto de su supervivencia a la crucifixión residió en los años que había pasado en la India y el Tíbet. Se había convertido en un experto yogui (…) El yoga le permitió no solo superar el dolor sino también ralentizar la pérdida de sangre y la deshidratación. Además, las diversas sustancias con las que lo anestesiaron lo ayudaron a fingir su muerte:

Y corrió uno, y empapando una esponja en vinagre, y poniéndola en una caña, le dio a beber, diciendo: «Dejad, veamos si viene Elías a bajarle». Mas Jesús, dando una gran voz, murió. MARCOS 15, 36-37

EL SECRETO DE LEONARDO DA VINCI

Muchos son los enigmas, códigos y secretos que se desvelan al analizar las obras de Leonardo da Vinci.

La última cena, pintada por el maestro entre 1495 y 1498 es, tal vez, la que más secretos parece guardar. (…) Pero existen otras dos obras que podrían albergar la clave sobre la herética creencia de la existencia de ese hermano gemelo. Dos cuadros que reciben el mismo nombre: La virgen de las rocas; uno de ellos está en el Louvre y el otro en la National Gallery. Los dos muestran la misma escena, con algunas diferencias, que desvelan un profundo conocimiento por parte de Leonardo da Vinci de las enseñanzas gnósticas y las tradiciones apócrifas, que solo pudo mostrar codificándolas.

El primer cuadro lo pintó entre 1483 y 1486, y parece confirmar la existencia del hermano gemelo de Jesucristo. (…) El artista toscano era un provocador y escogió un tema de los evangelios apócrifos no reconocido por el Vaticano. En el pasaje escogido de estos evangelios prohibidos, Juan Bautista queda huérfano y se va a vivir a una cueva, donde es encontrado por la Virgen María y el niño Jesús mientras huyen de la matanza de los inocentes hacia Egipto.

Leonardo dejó una serie de símbolos y códigos en su obra que molestaron a la confraternidad mariana de Milán. No entendían por qué el niño que estaba en el regazo de la Virgen era Juan y no el propio Jesús. Un juego de miradas y de manos extraño también rodeaba de misterio el cuadro. Además, la ausencia de halos de santidad sobre las cabezas de los protagonistas enfureció sobre manera a los líderes de la orden junto con el tamaño de san Juan Bautista, su situación al lado de María y la posición del niño Jesús, que llevaban a la confusión, pues nadie sabía quién era quién. Por todo ello, la pintura se rechazó y nunca llegó a instalarse en el tríptico al que estaba destinada.

Da Vinci tardó más de veinte años en producir una segunda tabla, pero no sería su hábil mano la que la pintaría, sino uno de sus discípulos, Ambrogio de Predis, que bajo la dirección de Da Vinci pintó la nueva obra entre 1495 y 1508. Esta segunda versión es la que está expuesta en la National Gallery y es muy diferente de la primera. En ella se destaca la identidad de los dos niños, se añade un aura sobre la cabeza de Jesús y una cruz entre las manos de san Juan Bautista, el símbolo que lo definía. También desaparece la mano del arcángel que apuntaba a san Juan Bautista. Esta obra fue la que finalmente ocupó el centro de la capilla de la iglesia de San Francisco el Grande en Milán.

Leonardo no quiso pintar la segunda versión, no estaba de acuerdo con las imposiciones de la cofradía. Para él su primera obra era la única que contenía la verdad.

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