Eloísa Martínez, autora de No valgo para vender y Mujeres de hojalata: «Es mucho más difícil inventar que escribir lo que sientes y piensas».

Eloísa Martínez SantosTiene ya una larga trayectoria literaria a sus espaldas, e incluso muchos relatos premiados. Hemos charlado con la escritora madrileña Eloísa Martínez acerca de dos libros tan dispares como No valgo para vender, una obra de temática empresarial, y Mujeres de hojalata, una novela de ficción, quizá los dos libros que mejor representan su trayectoria y sus dos pasiones predilectas, la de enseñar y la de contar historias.

 

¿Qué hay de cierto en aquello de que se escribe como se es?

Pues supongo que, de alguna manera, así es. Se escribe como se siente, como se ve la vida. Queremos transmitir aquello en lo que creemos, lo que forma nuestra cosmovisión.

 

Has escrito dos libros de temáticas muy distintas, ¿en cuál te sientes más a gusto?

Además de muchos relatos, de los cuales cuarenta y tres fueron premiados, he escrito cuatro libros: Mi hijo (cómo vivimos el terrible accidente de moto de mi hijo mayor), Güika, mi amiga invisible, un cuento para niños de 9 años en adelante que gustó tanto a nietos como abuelos y que me permitió impartir talleres lúdico-educativos en colegios. No valgo para vender, el más conocido y ligado a mi devenir empresarial y, por último, Mujeres de hojalata. Cinco años de trabajo entre investigación, revisiones, y vuelta a empezar dos veces. Todos los hechos que se mencionan son rigurosamente históricos. Y ahora, después de esta aclaración, respondo brevemente a tu pregunta: más a gusto me siento escribiendo novela, reconozco que es mucho más difícil inventar, crear, que escribir lo que sientes y piensas.

 

Mujeres de hojalata habla del descubrimiento que hace la protagonista de la vida de sus antepasadas, a las que consideraba unas perdedoras. ¿Consideras que hace falta mucha más literatura que ponga en valor a tantas mujeres de hojalata como aún tenemos por descubrir?

Hace falta más literatura que nos hable del presente, de la amenaza que supone para toda la sociedad la insolidaridad de cara a la pandemia. De la gravedad que presiento en la agresividad de los jóvenes (quiero pensar que algo tiene que ver el año de encierro), el asesinato del enfermero Samuel, en La Coruña, me parece terrible en sí y aún más en cómo se produjo. Creo que es un asesinato cobarde, vil y que dice muy poco de las personas que grababan mientras un joven moría a causa de las patadas y golpes recibidos. Creo que las mujeres de hojalata saben muy bien lo que tienen que hacer y cada día están mejor preparadas para ocupar el papel que les corresponde. Hemos perdido el miedo y hemos ganado en estudios y ganas de figurar, creemos que nos lo merecemos.

 

¿Dirías que la figura de la mujer está empezando a ocupar el lugar que le corresponde en la literatura?

La mujeres, como indica Irene Vallejo en El infinito en un junco, están presentes en literatura desde aquellas primeras narradoras que contaban cuentos mientras cosían. En una sociedad como la griega, destacaron mujeres como Safo y Aspasia, recuerda la presencia de Santa Teresa en nuestro Siglo de Oro. Mujeres académicas como Pardo Bazán y Ana María Matute. Es cierto que muchas escritoras tuvieron que usar seudónimo para ser tenidas en cuenta, como las hermanas Brontë o, hace poco, J. K. Rowling. Este tema, Eva, da para una entrevista. Resumiendo, la mujer dejó su huella desde que se tienen noticias, y ahora vive una época dorada de reconocimientos y premios. Espero que mis Mujeres de hojalata formen un eslabón más en la escritura realizada por mujeres.

 

La de comercial es una profesión muy particular, pero ¿qué hace falta para saber vender?

Saber trabajar, y ¿qué hace falta para saber trabajar?, hacerlo cada día con entusiasmo, sin excusas, con ganas de aprender, ponerse en la piel del cliente y de verdad sentirse orgulloso de su tarea.

¿Se puede seguir aprendiendo a cualquier edad?

Por supuesto, quizá de forma más lenta, más selectiva, pero estoy convencida de ello.

¿Qué géneros te gusta leer?

Biografías, historia, ensayo, novela.

Por Eva Fraile, de La Reina Lectora
@reinalectora

Mujeres de hojalata
de Eloísa Martínez Santos

Al ser nombrada heredera de su tía Alicia, Carmen regresa a España. El asunto es puro trámite para una mujer en la cima de su profesión en Estados Unidos. Cerrar la última puerta de su pasado, es decir, vender el piso familiar, y regresar a Boston es cuanto le interesa. Pero todos sus planes se vienen abajo al enfrentarse a un sobre repleto de folios escritos por Alicia.La última voluntad de la tía es darle a conocer la verdadera historia de las mujeres de la familia, a las que Carmen, despectivamente, llamaba «mujeres de hojalata», y a las que consideraba perdedoras, sin ambición ni carácter. Mujeres que, según Carmen, ejercían de víctimas y cuya existencia se resumía en resignación y llanto.Instalada en esa casa en la que vivió durante su infancia y que ahora quiere vender, la transformación de Carmen comienza al descubrir que su pasado familiar esconde muertes, fracasos y celos, pero también amores prohibidos y otros maravillosos, e incluso actos de valentía por parte de esas «mujeres de hojalata»

No valgo para vender
de Eloísa Martínez Santos

Eloísa Martínez Santos llegó al mundo de las ventas por casualidad. El trabajo de agente comercial era el único que le permitía la flexibilidad horaria suficiente para poder atender sus obligaciones familiares. Así empezó su aventura y, al igual que casi todos los vendedores primerizos, durante los primeros tiempos sintió el aguijonazo de la vergüenza, de la indignidad de la profesión, de que, simplemente, eso no era para ella. Sin embargo, pronto descubrió su vocación tarea a tarea, enseñanza tras enseñanza. En 1985 creó su propia empresa de ventas; en la actualidad, los dos empleados de entonces ¡se han convertido en cuarenta! Teniendo siempre presentes sus comienzos, esta empresaria de éxito nos proporciona un manual para ayudar, tanto a los que comienzan en este oficio y dudan como a los más veteranos, a creer en sus capacidades de venta. Si nos lo proponemos, todos valemos para vender. La venta es un arte, un aprendizaje continuo y, según se avanza, más se reconoce el mérito del camino andado. El mayor obstáculo de los vendedores es su propio desconocimiento, su falta de entusiasmo y, sobre todo, la desvalorización injustificada y latente de su propia profesión. Dedicarse a vender, cualquiera que sea la forma de venta elegida, representa enfrentarse a una disciplina apasionante y digna que nos permitirá conocernos a nosotros mismos tanto como a los demás.

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