Entrevista a Paqui Bernal autora de «La mirada vaciada». Por Ana Moya.

Paqui Bernal es una escritora nacida en Andalucía. Publicó su segunda novela, La mirada vaciada (Nova Casa Editorial) en abril de 2021. También es autora de varios cuentos y numerosos artículos de prensa. Licenciada en Filología, estudió el Máster en Creación Literaria en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona.

Conocí a Paqui Bernal en el curso 2018-2019 de la Escuela de Escritura del Ateneu Barcelonès. Las dos estábamos acabando una novela y compartíamos las tardes de los lunes analizándolas en clase y charlando sobre gustos comunes en el descanso. Al acabar aquel curso, seducida por el proceso creativo, Paqui se matriculó en el Máster de Creación Literaria de la Universidad Pompeu Fabra y nuestros caminos se alejaron brevemente hasta que volví a saber de ella en 2021, cuando me dio la buena noticia de la publicación de su segunda novela, La mirada vaciada, con Nova Casa Editorial. Hoy tengo la suerte de poder entrevistarla y conocer más sobre ella como autora y sobre una novela que, en la opinión de sus lectores, tiene el poder de atraparnos.

Paqui, tengo la oportunidad de someterte a un interrogatorio sobre La mirada vaciada y tu proceso de creación literaria. ¿Te atreves?

¡Qué remedio, Ana! Pórtate bien, ¿eh?

Empezaremos por el principio, ¿por qué titulas la novela La mirada vaciada? ¿Quién o qué tiene el poder de vaciarnos la mirada?

Pues aquí me pones en un compromiso, porque el título es una de las claves de la novela. Vaciada podría estar nuestra mirada cuando nos enamoramos -como le pasa a algún personaje- o cuando nuestro amante nos abandona… Supongo que puede haber muchos motivos y maneras de vaciarse la mirada, y los que leyeron tu reseña en este blog el 10 de junio pudieron hacerse una idea. Pero, en caso contrario, lo tendrán que descubrir leyendo la historia.

Hay autores que afirman que escribimos sobre las cosas que no entendemos o nos dan miedo, que iniciamos un proyecto narrativo concreto porque hay algo que debemos comprender, algo a lo que dar un nombre. ¿Qué es lo que no entendías cuando empezaste a escribir esta novela?

No es que no lo entendiese, pero supongo que una de mis fijaciones es llegar a comprender algún día por qué hay personas en las que confiamos y cuya actuación nos sorprende al cabo de años de conocerlas, no para bien, claro. La incoherencia en el comportamiento de nuestros amigos o de nuestra familia es algo que, por muy humano que sea, no deja de asombrarme.

La mirada vaciada destaca por la precisión, es una historia en la que no sobra ni falta nada, por eso podemos pensar que los tres nombres de los protagonistas tienen un sentido concreto. ¿Nos ayudas a desvelarlo?

Muchas gracias por ese halago, Ana. La verdad es que hasta cierto punto la coincidencia entre el significado de los nombres y la evolución de los personajes fue bastante casual. Pero os descubriré la etimología de dos de ellos: Pablo significa “niño”, “pequeño”, y Sameentha es una abreviatura de Samanmitha, que en sanscrito quiere decir “deleitable”. Esta Sam lo tiene todo, hasta el nombre, ¡jajaj!

Tengo mucha curiosidad por conocer cómo empezaste a entrar en la historia que querías contar: ¿a través de un personaje, de un escenario, de una imagen?

A parte de la idea central, que ya estaba en mi cabeza, empecé escribiendo varias escenas en las que la acción daba un giro importante. Opino que cuando existe tensión, eso también motiva al escritor, por más que ya sepa o adivine lo que va a ocurrir. Y, en general -en relatos anteriores también-, me es más fácil arrancar así (con una escena) que construyendo un único personaje o describiendo cualquier paisaje, por ejemplo.

También me gustaría saber si tuviste que documentarte mucho para escribir la historia, sobre todo en referencia a las cuestiones interculturales que es un interés que compartimos, y también qué libros o películas hay detrás de la novela. ¿Qué referentes has tenido a la hora de escribirla?

Los referentes de la novela me sirvieron principalmente para diseñar la estructura. Está contada a tres voces que se alternan, como “La hojarasca”, de Gabriel García Márquez, o “Hablar solos”, de Andrés Neuman. Para el contenido, no encontré casi ninguna novela que se pareciese a lo que yo quería escribir, por no decir ninguna.

Y sí, me tuve que documentar una barbaridad. En buena parte porque la pareja protagonista, Pablo y Sameentha viajan a la India -un país donde el hinduismo tiene un gran peso- y yo apenas conocía cuatro dioses y unos cuantos templos hindús. Así que eché mano de Wikipedia y de otras fuentes para no meter la pata, claro. Fueron meses de sumergirse en el trasfondo de esa religión y de ese país tan impresionante. Aunque, obviamente, ésta no es una novela religiosa en absoluto.

Una de las cosas que más me fascinan de esta novela son sus tres narradores protagonistas. No solo se trata de tres voces diferenciadas y coherentes muy bien construidas que nos regalan tres versiones de los acontecimientos, sino que dependiendo del personaje que narra cada uno de los capítulos, sientes que transitas de un género a otro: desde la novela romántica hasta la erótica, pasando por la de suspense. ¿Era esa tu intención desde el inicio? ¿O tenías una predilección por uno de estos tres géneros?

Si te soy sincera, aunque hoy en día está de moda la literatura de género, no tengo muy claro que haya que adjudicar ciertos relatos a un género u otro. Y no, no pretendía dar a la novela un cariz romántico ni erótico. Yo diría que esta impresión de transición de un género a otro surgió como una consecuencia natural de la personalidad y los actos de cada protagonista. De hecho, bien mirado, la novela también se podría calificar de urbana, o de formación. A mí misma me es muy difícil definirla.

Los tres protagonistas de la novela son complejos y están llenos de claroscuros. Pero el de la madre de Pablo, Emma, es un personaje que me seduce especialmente. ¿Qué papel juega en la novela? ¿Crees que los amigos y familiares tenemos una responsabilidad cuando somos testigos de cierto tipo de relación en nuestro entorno?

De nuevo te voy a contestar a medias, Ana. Lo siento, pero “espoilear”, como dicen los latinoamericanos, es desgraciar la lectura.

Sí que pienso que todos nosotros, si somos testigos de conductas abusivas de cualquier tipo -el “bullying”, el machismo, etc.- deberíamos buscar la manera de intervenir. Al fin y al cabo, somos actores en una sociedad que forjamos cada uno de los ciudadanos.

Y ahora me gustaría lanzarte algunas preguntas más personales y que después de hacértelas sigamos siendo amigas. Cuenta Rosa Montero en una entrevista reciente que a lo largo de los años les ha preguntado a más de cuatrocientos autores qué elegirían si solo pudieran leer o escribir. Paqui, si pudieras elegir únicamente una actividad, qué serías: ¿lectora o escritora?

Por supuesto que seguiremos siendo amigas, Ana.

Entre escribir y leer, no tengo muchas dudas, porque sé que a mi edad ya no voy a hacer una carrera al uso como escritora. Y, por otra parte, leer es para mí una necesidad tan básica como comer o dormir. Pero, bueno, siempre podría escribir cositas sin publicarlas, cuentos, poemas, artículos de prensa, más que nada para la posteridad, ¿no, Ana? Jajajj.

Se acumulan las preguntas: ¿Cómo suele ser tu proceso de escritura? ¿Brújula o mapa? ¿Cómo sabes cuándo acabar la obra?

Yo creo que aquí tengo un conflicto serio. Porque la tendencia natural de mi proceso de escritura sería el de una brújula, ir narrando y ver hacia dónde me lleva el texto. Pero los años como profesora de idiomas -con las respectivas programaciones, evaluaciones y toda la burocracia- me empujan a dibujar el mapa de la trama, la dichosa escaleta, porque su ausencia me provoca mucha inseguridad. Pero yo espero que algún día la brújula salga venciendo al mapa. También es verdad que cuanto más escribes, más fácil te es dejarte llevar.

Respecto de tu pregunta sobre cuándo acabar la obra, tú sabes que nunca se acaba, que siempre dudas entre incluir una escena o no, sobre si un personaje se muestra de una forma clara o, por el contrario, demasiado clara. No sé, creo que dejas de podar la novela cuando la editorial te pide una última versión, al menos en mi caso. Y por más que te esmeres, nunca va a llover a gusto de todos, así que…

 

Y dejo para el final la pregunta más cotilla de todas: ¿Hasta qué punto tu biografía produce esta novela?

Más allá de que me interesen especialmente las interacciones humanas, reconozco que es muy tentador pensar que “La mirada vaciada” está relacionada conmigo personalmente, porque -como el personaje de Emma- soy una mujer madura, vivo en pareja y además soy madre. Pero lo cierto es que más bien me han inspirado sucesos que he conocido en claustros de profesores, o como tutora de Bachillerato o durante mis clases con adultos en las Escuelas Oficiales de Idiomas (casos de acoso sexual, adulterios, un poquito de todo). Y por supuesto estoy convencida de que la realidad en nuestros entornos -laborales, por ejemplo- supera con creces casi cualquier texto que se pueda escribir.

 

Paqui, ha sido un placer charlar y aprender contigo, como siempre. ¡Espero poder leerte de nuevo muy pronto! Y a los lectores de esta entrevista que se interesen por La mirada vaciada les vaticino que van a soltar el libro únicamente en casos de necesidad 😉

Muchas gracias a ti, Ana, por ser tan buena “periodista” y una persona tan entusiasta.

Por Ana Moya
@anamoyabcn

Título: La mirada vaciada
Autor:  Paqui Bernal
Editorial: Nova Casa Editorial
Publicado: 1 abril 2021
ISBN: 978-8418013829
Artículo anteriorLeonor Paqué, autora multigénero y activista: «Escribir es una identidad»
Artículo siguienteLa estratagema
Ana Moya (Barcelona, 1974) es miembro del equipo y del claustro de profesorado de la Escuela de Escritura del Ateneu Barcelonès, del Centro de Estudios Africanos e Interculturales de Barcelona y autora de la novela Cafè Zoo (Viena Edicions, Premio Ciudad de Badalona de narrativa en 2012) y del poemario Monstres i rellotges (Ediciones Oblicuas). Con Ediciones de Salinas ha publicado su obra más reciente Immorality Act (marzo 2022).