Entrevista a Altea Cantarero, autora de ‘Ogro’

ALTEA CANTARERO, AUTORA DE «OGRO»: «En cualquier novela negra y de suspense, los secretos son esenciales, son el tejido para la red de la trama».

 

Altea Cantarero es una escritora española que se estrena con una novela negrísima: Ogro. Su trama, muy regional, de recorrido manchego, explora un terrible asesinato en la Cuenca de los años 60. Una obra entretenida, pero a su vez cuidada, que nos descubre a una autora con una calidad literaria muy superior. Y con ideas muy sorprendentes.

 

Altea, desde un inicio siempre has dicho que «lo que importa es la mano que escribe y, sobre todo, el cuento que ansía ser leído» cuando te preguntaban acerca de tu identidad. ¿Puedes hablarnos sobre esto?

Vivimos una época de exaltación suprema de la identidad personal, del individualismo, lo que en realidad se liga –no por casualidad- con un gran narcisismo y una necesidad extrema de la aprobación ajena, de la moda, la tiranía del “me gusta” como se dice a veces… que además suele ser tan volátil, y a menudo gratuita. Esa identidad que es más una ficción cosmética de lo que creemos que nos gustaría ser.

La literatura, incluso la de “gran público”, debiera ser otra cosa, creo. Lo que importa es el libro, la historia… no lo que yo desayuno o si doy a luz a mis hijos en mi casa o en un paracaídas. Por supuesto que somos humanos y la curiosidad nos define: yo también me pregunto cosas por la identidad real de las escritoras que me gustan, de hecho por eso leemos biografías… Pero esto tiene un límite, pienso, que hoy hemos traspasado de un modo inaudito. Así, frente a la exaltación de la imagen y la velocidad de todo, yo insto a adentrase otra vez en la soledad acompañada de un libro abierto, de una historia (escrita por esa mano simbólica, y también real) que quiere que formes parte de ella, que te invita a entrar… y no hay forma más suprema de intimidad que puedas lograr, en realidad, con ese escritor que tanto que te gusta: perderte en sus páginas. Nada hay más íntimo, más poderoso o verdadero.

 

En estos momentos, también, dices firmemente estar comprometida con tu carrera de escritora e, incluso, poder hacer algunas concesiones con tu marca personal. ¡Dame más información!

Sí, bueno [risas], lo de las concesiones es porque, pese a todo lo que acabo de decir sobre la exposición en redes, la exaltación de la identidad… soy consciente de que no podemos mantenernos ajenas a todo ello, en cierta medida. Y todo nace, sí, de ese compromiso con la carrera de escritora (porque mi dedicación profesional ahora es otra): la convicción de que la vida es corta y de que escribir es natural para mí. Orgánico, fluido. Cuando lo hago, siento que estoy desempeñando destino, haciendo exactamente lo que quiero (o debo, incluso) hacer. Esa sensación de cuando ves el mar y sientes que no hay otro lugar del mundo donde tendrías que estar en ese exacto momento (a mí al menos me pasa con el mar), y que hasta no te importaría morir, porque todo está bien.

Hace poco recordaba esa reflexión tan oportuna de Millás en La vida a ratos cuando afirma, sobre sus alumnos del curso de escritura: “En realidad no quieren escribir, quieren haber escrito”. Pues bien: yo sí quiero escribir, no solo haber escrito. Deseo hacerlo, en sí, el proceso. Y creo que ahí hay una diferencia existencial, cosmológica.

 

Y, claro, ¿cuál es ese libro o proyecto con el que estás tan comprometida? Porque, aunque no podamos saber, de momento, quién hay detrás de Altea Cantarero, sí podemos conocer su obra.

Por supuesto que podéis… no solo conocer la obra, sino que, como decíamos antes, leer(me) es una forma entera y perfecta de intimidad entre lector y escritora, entre las personas que se-leen y se-escriben. Ahora mismo mi principal proyecto es la Trilogía del Ogro: Cuentos de Viejas, de la que ha salido a la luz la primera entrega, mi primera novela, de género negro, titulada Ogro. Estoy embebida en la escritura de la segunda parte, Al amor de la lumbre. La saga tripartita está ambientada en la Cuenca de los años 60, con una fuerte presencia femenina… Y hay mucho de mí, de mi historia, de mis raíces y también de mis alas (como en mi propio alias literario), en estas producciones. En gran medida Ogro nació de las historias que mi madre, mi familia en general pero ella sobre todo, me contaban cuando niña “al amor de la lumbre”… una lumbre metafórica, ya que no teníamos chimenea, claro, pero en mi recuerdo la luz, el calor del alma, alumbran tan alto como el fuego más grande. De esa fuerza, de esa noción del misterio, de la cotidianidad, de la inmensa necesidad de cuentos (siempre, siempre estaba yo pidiendo un cuento de vieja, mis preferidos) que nos entretengan y nos hagan llevadera la vida, a través de su narración… nacen estos ogros que se reproducen.

¿Por qué una trilogía, Altea? Aunque yo diría que, más bien, va a ser una serie… ¿Verdad?

Nunca se puede decir “de esta agua no beberé” [risas], pero creo que se quedará en trilogía… porque tengo las ideas bastante atadas, tanto sobre la segunda parte, en escritura, como sobre la tercera, que seguramente dé un salto a los años 90 pero estará conectada con las otras dos de un modo crucial que cerrará un círculo… Sin embargo, ya tengo una idea bullendo para una novela independiente, y de hecho no creo que pueda aguantar las ganas de abordarla antes de concluir la tercera parte de Ogro. Esta producción nueva, con un enclave bien diferente, tendrá también mucho de mí, de donde yo soy feliz y siento esa autenticidad genuina de la que hablaba… pero no quiero adelantar nada, prefiero que la sorpresa, también sobre esa ubicación, sea entera para el lector o la lectora cuando llegue ese momento.

La Trilogía del Ogro: Cuentos de Viejas está concebido en esas tres fases, esas tres historias autónomas pero inextricablemente entrelazadas. Me gustan los símbolos, los órdenes numéricos ocultos, y la forma del tres, la trilogía en sí, posee algo que atrapa. Desde Tolkien a Asimov o Larsson, todos ellos lo sabían. No sabría decir por qué lo pensé en tres partes desde el inicio, pero la idea salió como si brotara sola de la tierra… y ahí está.

Leyendo Ogro me da la sensación de que es una novela que sabe contar y que sabe callar y, para mi sorpresa, esto ya ha sido expresado por algunos lectores. ¿Puede que el ogro sea, realmente, los secretos, Altea?

No puedo decir mucho de quién es el verdadero ogro, claro, sin desvelar elementos esenciales de la trama… Pero sí, esta observación ha sido notada por algún lector avezado, que ha llegado a calificar Ogro como una novela “sobre el silencio, que la atraviesa en todas sus dimensiones. El manejo del silencio para contar un cuento bien, de los que hacen que quieras, no, que necesites llegar al final. Con esos trucos en los que un personaje dice que tiene que contar un secreto y te mete una descripción de cómo el otro personaje desespera por saber esa verdad y tú desesperas porque la cuente. El silencio de los personajes, lo que ocultan, lo que dicen callando, lo que callan diciendo. El silencio por vergüenza, por maldad, por supervivencia. El silencio por cuidado, por respeto, por amor. El silencio como arma, el silencio como escudo. El silencio para el bien, para el mal. Me alegra que esta historia no haya sido silenciada por vete tú a saber qué casualidades de la vida. Y me alegra, más si cabe, que sea el principio de más”.

            En cualquier novela negra y de suspense, los secretos son esenciales, son el tejido para la red de la trama; unos hilos hechos de paradoja, ya que se forman con la ausencia… con ese silencio, precisamente, en lugar de las palabras. El silencio da forma a la vida.

 

Las localizaciones de la obra son todas manchegas, ¿por qué?

Mis raíces (que no mi origen natalicio) son manchegas, de donde me vinieron los primeros cuentos, historias, expresiones… Como antes contaba, esos cuentos de viejas al amor de la lumbre, que mimaron y criaron mi infancia, proceden para mí de esa Mancha tan preñada de leyenda y poco considerada (pese a todo, pese a Almodóvar, ¡pese al propio Quijote!) en el mundo y la cultura contemporáneos. Nos fascinamos con los bollos de canela en los libros de Camilla Läckberg; ¿por qué no con las rosquillas de azúcar que hacían nuestras abuelas? Sin duda, la imagen de los fiordos helados es cautivadora, pero yo recuerdo perder el aliento cuando me imbuía del horizonte manchego, al llevarme mis padres de niña, y darme cuenta de su eternidad, su perfecta redondez… Los campos de trigo y cebada que no se terminaban y daba ganas de acariciar con todo el cuerpo cuando el viento los vencía.

Y, sin duda y sobre todo, Cuenca, la ciudad del cuento y el misterio por antonomasia.

 

Ogro fue seleccionada como mejor ópera prima de autora novel en el Festival de Alicante Noir 2021. ¿Cómo sucedió?

Como suelen pasar las cosas, de causalidad. Se planteó como una especie de concurso abierto anunciado en diversos medios, entre otros los diarios habituales, donde una buena amiga vio la noticia y me la mandó por Whatsapp… Se abrió aquel verano una convocatoria para autores noveles nacidos en la zona que hubieran publicado su primera novela en ese año; “jóvenes”, se decía, aunque por suerte con ese criterio no fueron muy exhaustivos [risas], y ya que, como comenté después, para mí la cuarentena (y no precisamente la del Covid) fue crucial a la hora de decidir terminar Ogro. Se seleccionarían las tres preferidas para formar parte de una mesa redonda en el Festival… Y así llegó aquel primer encuentro público, donde me protegí como pude con la mascarilla y nunca olvidaré cómo, cuando fui a inscribirme al entrar estuve a punto de poner mi nombre real… y, por primera vez, firmé “Altea Cantarero” en un papel. Fue un momento auroral, extraño, una torpeza que me reveló mucho.

 

Además, en la Feria del Libro de Cuenca fuiste récord de ventas en 2021 y 2022. ¿Qué tal la experiencia de asistir como escritora, por primera vez, a una feria de libros?

Para ser honesta, al ser el libro sobre Cuenca, creo que allí jugaba con ventaja frente a otras obras, claro… La primera vez fue en otoño de 2021, jamás lo olvidaré; aunque estas ferias suelen ser en primavera, aquel año se había retrasado por la pandemia. Me invitó Marisa Mestre, de la Asociación Calambur y promotora de la literatura independiente, a quien nunca podré agradecer suficiente, es mi hada madrina de las letras, pura belleza en todo. Yo fui muerta de alegría y horror, un poco todo junto, porque no sabía cómo iba a ser eso de asistir a una feria pública con mi alias, eludir fotos directas, todo ello conjugado con la voluntad decidida de promocionar… Y al final, cómo no, resultó maravilloso (y se repitió en la siguiente edición, esta vez sí en primavera), el contacto humano directo, la acogida personal, tanta gente linda, todo real, no virtual sino poder hablar “en carne y hueso” con lectores, con compañeros escritores admirables… Firmar un libro por primera vez (sí, con ese nombre nuevo, ensayándolo en el tren de camino a esta ciudad de mi alma…). La vida como siempre se impuso, vencedora, y yo me rendí a sus pies.

 

¿Qué opinas de la novela negra escrita por mujeres?

Que puede ser fascinante, de un modo singular, porque se orienta a (y con) una sensibilidad y unas preocupaciones que son más habituales en las mujeres (estoy generalizando, por supuesto, pero el caso es que funciona); por ejemplo a la hora de mezclar la trama policial con el elemento más personal de las posibles protagonistas y secundarios… Para mí, Läckberg (con sus bollos de canela [risas]) es un paradigma en ese sentido, me encanta que su protagonista cuente sus avatares como madre, pareja, hermana, entre cadáver y cadáver; las dos partes son fundamentales, nos atraen de distintas maneras, Eros y Tánatos, el amor y la muerte… Y creo que ese es el secreto de su éxito, claro. Es ofrecer lo mejor de los dos mundos, el elemento “negro”; es mezclar la densidad psicológica y de relaciones en Jane Eyre con la “diversión” policial de Agatha Christie. ¡Me encanta!

 

¿Y de la novela negra manchega escrita por mujeres?

Ahí ya rizamos el rizo [risas]. Tenemos que inaugurar oficialmente el noir manchego, ¡sin duda! Y dignificarlo, y creérnoslo. En serio. Porque, como decía antes, hay en estas zonas cercanas, apenas valoradas, tanto capital cultural y simbólico que recrear, también literariamente, en nuestras atmósferas para crímenes y secretos; tantos cuentos de vieja, trufados de misterios, del rostro más tenebroso del espíritu humano… La primera obra que se me viene a la cabeza, ya a punto de publicarse, creo, es El canto del grajo (finalista del Planeta 2021, ahí es nada), que estoy deseando leer, de la fulgurante Ana Isabel Fernández Escribano, oriunda de El Pedernoso… Este pueblecito, a la sazón, es el lugar de origen de Polonieta Quijano, una de mis niñas protagonistas en Ogro, que desempeña un rol decisivo en la trama junto a sus aguerridas compañeras de internado.

 

¿Cuáles son los siguientes pasos que dará Altea Cantarero en el camino de la escritura?

En estos momentos, como decía, estoy centrada en escribir la segunda parte de la trilogía, una próxima entrega que en algunos aspectos sigue la estela de Ogro (es además continuación natural de la saga) pero, en otros, marca, creo, una diferencia esencial; me parece que está saliendo más vertiginosa, más cruenta también; la muerte campa más por sus respetos, más no puedo decir [risas]… Tampoco quiero aventurar una fecha de finalización porque “da mal fario”, como dicen mis hijos, pero estoy contenta con el ritmo de avance y producción, y sobre todo disfrutando del proceso (¡aunque ese disfrute sea con sangre tantas veces!).

Y, como señalaba también, es posible que entre esta segunda entrega y la tercera haya otro proyecto de novela independiente, al que estoy dando vueltas desde el pasado verano; negra, también, por supuesto (el género me encanta) pero en un ambiente y enclave notoriamente distintos. Habrá que esperar los designios de las musas…

OGRO (Trilogía del Ogro: Cuentos de Viejas nº 1)
de Altea Cantarero

¿Quién es el Ogro del Júcar?

Un crimen sin precedentes en la Cuenca de los años sesenta: una monja aparece brutalmente asesinada en la capilla del colegio femenino donde es profesora, su cadáver profanado en una burla sacrílega de la imagen de la Virgen Dolorosa, patrona de la congregación. Es el 15 de septiembre, fiesta de las Angustias, y el corazón de la madre Purificación aparece atravesado por los siete puñales que representan los siete pecados capitales en el corazón de la imagen.
La ciudad teme que este sea solo el primero de una serie de asesinatos rituales, ante la aparición de nuevas pistas y señuelos: aquel otoño queda marcado por una sucesión inesperada de profanaciones en diversas ermitas y enclaves especiales de la hoz del Júcar. La sombra de un ogro, el “Ogro del Júcar”, como pronto será bautizado por la prensa de la época y la voz popular, se cierne sobre la hermosa y pétrea ciudad de provincias, plácida hasta entonces. Las niñas, alumnas internas del colegio, serán testigos directos de la investigación llevada a cabo por el veterano inspector jefe Cánovas y su mano derecha, el joven subinspector Tuñón, con la ayuda del padre Lobo y la madre Líber, en una historia donde nada es lo que parece, un cuento de terror, de amor y de amistad, de fiera hermandad, cuyo final no dejará a nadie indiferente.
Esta novela, Ogro, es la primera parte de una obra tripartita denominada Trilogía del Ogro: Cuentos de viejas, cuyas próximas dos entregas (la segunda, ya en proyecto, denominada Al amor de la lumbre) transcurrirán igualmente en la ciudad y la provincia de Cuenca, en la misma época y contexto, con los personajes que ya conocemos como protagonistas.

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